Red Hot Chili Peppers / Unlimited Love

¡Vuelve la normalidad! Y vuelven John Frusciante, Rick Rubin y el sonido más clásico a los Red Hot Chili Peppers. Albricias sean dadas. ‘Unlimited Love’ debería llamarse ‘El regreso’. La historia del disco, por eso, no tiene mucha historia: los cuatro Peppers se juntan en el estudio de Rubin para componer, tocar, grabar y escoger entre más de cincuenta canciones. RHCP son unos currantes del Show Business, nos quieren decir. Pero un poco de holgazanería (y contención) tampoco le hubiera sentado mal al álbum. Diecisiete temas y 73 minutos se antojan excesivos, por más fan que puedas ser de la banda.

Claro que los discos de RHCP con Frusciante siempre tienden a la desmesura: ahí están las dos horazas de ‘Stadium Arcadium’ (2006) para demostrarlo.

No solo la duración es (presuntamente) achacable a Frusciante. Casi todo el álbum parece diseñado para lucir su guitarra, su brillo y personalidad. Y hay que reconocer que, sonar, todo suena muy bien. ‘Black Summer’ es la primera canción y el primer single. Su letra ecologista refiere el “verano negro” de Australia: los incendios que asolaron el país entre 2019 y 2020. Anthony Kiedis canta suave, el resto de la banda muestra su fenomenal destreza… Pero, paradójicamente, el crescendo del estribillo, en vez de agregar fuerza a la canción, la quita.

El segundo tema, ‘Here Ever After’ genera la suficiente energía rítmica y melódica para mantener la atención. En ‘Aquatic Mouth Dance’, el bajo de Flea abre majestuosamente. Tiene un estupendo deje de soul y funk, suaves vientos en el estribillo y un contenido desfase jazzy final; suficiente como para avivar la llama. La balada no-soy-lo-bastante-bueno-para-ti ‘Not the One’ no por más tópica es menos resultona. Lo mismo se puede decir de la zumbona ‘Poster Child’, todo un homenaje a los ídolos pop, por donde circulan tanto Duran Duran como Motörhead o Talking Heads. Una pieza de funky manida pero adictiva… Al menos al principio. Luego se convierte en demasiado repetitiva.

Y es que es a partir de aquí se hace evidente el gran problema del disco. Está lleno de riffs, detalles, giros y requiebros conocidos, reconocidos y reconfortantes. Pero nada sorprende, nada destaca, todo discurre plácido. Demasiado plácido. No hay un gran single, un gran himno, algo que marque la diferencia. Casi hemos de esperar a ‘White Braid & Pillow Chair’, la canción número 12, para reencontrarnos con una pieza lo suficientemente interesante. Con su aire de pop sesentas californiano y un final la mar de trotón, homenajea por enésima vez a, claro, California.

Por eso escuece un poco encontrar a continuación ‘One Way Traffic’, que parece una parodia del «clásico tema de los Peppers». Es demasiado simplona: esos pseudo rapeos, los eo-eo, la maquinaria haciendo lo de siempre… ‘She’s a Lover’ tiene una parte que atrae, pero otra que repele: ¿ese estribillo no recuerda demasiado a Maroon 5? La intro de ‘Veronica’ entra bien (¡ese riff!), pero el resto es demasiado sobado. De ‘Let ‘Em Cry’ se salva el groove de Flea y los vientos sofisticados, tan Burt Bacharach.

Red Hot Chili Peppers están emocionados por la vuelta de Frusciante; Frusciante está emocionado por volver con Red Hot Chili Peppers; los fans están emocionados por volver a ver a la formación clásica en directo; incluso les puede emocionar escucharles en pleno en ‘Unlimited Love’. Pero el anterior ‘The Gateaway’, con todos sus fallos, poseía algo que aquí se echa de menos: encanto. El único encanto de ‘Unlimited Love’ es volver a lo ya familiar. Es un disco agradable, ideal para escuchar de fondo, mientras te dedicas a otras cosas; un destilado de oficio que no tiene nada que sobresalte para mal… Pero tampoco para bien.

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Publicado por
Mireia Pería