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‘Red Rocket’, otra tragicómica patada al sueño americano de Sean Baker

Tras el éxito de ‘The Florida Project’ uno podría esperar que el siguiente paso de Sean Baker fuera una película de mayor presupuesto, pero el director estadounidense no traiciona su espíritu indie en ‘Red Rocket’, un film en el que su sello es perfectamente reconocible desde la primera escena.

Rodada en 35 milímetros, en formato panorámico y al ritmo de ‘Bye Bye Bye’ de *NSYNC, Baker vuelve a ofrecer una representación de la América profunda centrándose en uno de los temas que siempre ha estado presente en su filmografía: el trabajo sexual. Simon Rex es Mikey Saber, un antiguo actor porno que regresa a su pueblo natal en Texas, arruinado y sin ningún sitio donde ir. Allí se reencuentra con gente de su pasado y su presencia alterará sus vidas.

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La película no solo es el retrato de un caradura y, a fin de cuentas, un perdedor, sino también –como todas sus obras- una patada al sueño americano. Sean Baker tiene una habilidad especial para crear personajes que malviven en ambientes sórdidos y hostiles sin renunciar nunca al humor e incluso a la alegría.

Esa dicotomía entre el fracaso y las ganas de vivir es uno de los aspectos más interesantes de su cine, y en ‘Red Rocket’, Baker crea un personaje fascinante que se mueve con fluidez entre ambas cosas. Simon Rex, en el que sin duda es el papel más importante de su carrera, está pletórico, ofreciendo todo un recital interpretativo haciendo de un canalla memorable. También el resto del reparto lleno de caras desconocidas está a la altura, y destacan la potente presencia de Bree Elrod como la expareja de Mikey, y la dulzura y el carisma de Suzanna Son como la adolescente seducida por él.

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La dirección de Baker está marcada por sus buenas decisiones, especialmente en su puesta en escena en la que los paneos y los planos largos ayudan a crear un universo muy personal a la par que dotan a la película de un buscado realismo social. Es cierto que ‘Red Rocket’ se encuentra un escalón por debajo de las superlativas ‘The Florida Project’ y ‘Tangerine’, donde el director se mostraba más preciso a la hora de desarrollar ideas. Aquí hay divagaciones y tiempos muertos, pero no molestan demasiado, en parte gracias a la excelente fotografía de Drew Daniels, que imprime una atmósfera hipnótica de cuento de hadas siniestro transportándonos a un pueblo recóndito de la Texas profunda.

‘Red Rocket’ se engrandece por la visión naturalista y poética de Baker, así como de los mencionados toques de humor. Pese a que la estructura de la historia no sea particularmente novedosa, o incluso llegue a ser previsible, es otra lección de cine social hecho desde un profundo cariño hacia lo que cuenta. De momento el cine de Sean Baker sigue siendo una apuesta segura.

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