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Mia Hansen-Love ofrece un agradable paseo por ‘La isla de Bergman’

Ingmar Bergman, uno de los directores de cine más importantes de todos los tiempos, ha servido y sirve de inspiración para cientos de artistas de cualquier nacionalidad. Su legado permanece intocable y su influencia innegable.

La francesa Mia Hansen-Love, pese a lo que pueda parecer por su título, no rinde un apasionado homenaje al maestro sueco en ‘La isla de Bergman’ -al menos no del todo-, sino que su obra le sirve como excusa para contar la historia de una pareja de directores de cine que van a la isla de Faro, donde Bergman filmó gran parte de sus películas, a encontrar inspiración para sus siguientes proyectos. Con esta premisa, la cineasta divaga sobre la cinefilia, se cuestiona la separación entre autor y obra y, finalmente, ofrece una cinta que es profundamente personal, que lleva indudablemente su sello.

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La película propone un entramado narrativo complejo del que sale casi siempre airosa. Hansen-Love plantea dos líneas argumentales: la ficción y la metaficción, esta segunda introducida hacia la mitad del metraje. Hay un ligero desequilibrio entre ambas partes pero se compensa gracias a los progresivos paralelismos que van surgiendo y a la delicada mirada femenina con la que la directora plasma los conflictos.

De esta manera, pese a la entrega del resto del reparto, destacan particularmente las cuidadas interpretaciones de las mujeres protagonistas. Vicky Krieps, cuyo personaje podría interpretarse como una suerte de alter ego de la propia Hansen-Love, sigue demostrando que es una de las actrices europeas más interesantes de la actualidad. Por otro lado, en la ficción de la ficción, Mia Wasikowska ofrece una de esas actuaciones que desde la mesura iluminan la pantalla con una fuerza radiante.

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‘La isla de Bergman’ por encima de rendir tributo al legado del cineasta, es sobre todo una carta de amor al cine, llena de referencias para cinéfilos. Es un tour por los caminos del proceso creativo, y en definitiva, una celebración del amor. No sin cuestionarse las dificultades de todo lo que esto conlleva.

Como contrapunto a la obra de Bergman, Hansen-Love ha realizado un film luminoso pero no totalmente exento de oscuridad. Las dudas, las inseguridades y la insatisfacción se combinan con la pasión descontrolada y el placer de encontrar la felicidad en lo ya conocido. La película se erige como un imperfecto –no podría ser de otra manera- canto a la vida y al arte. A pesar de no ser siempre todo lo concisa que podría o que en ocasiones escoja caminos alternativos más largos para llegar a un sitio, ‘La isla de Bergman’ funciona gracias a la sutileza y gracia con la que su directora elabora una puesta en escena elegante, prestando atención a pequeños detalles que cuentan grandes cosas.

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