Laura Veirs / Found Light

Si ‘My Echo’ (2020) fue el “divorce album” de Laura Veirs, ‘Found Light’ es lo que viene después. Esta frase está tomada literalmente del texto promocional del nuevo disco de la norteamericana, su duodécimo ya, y que supone -apostilla el mismo texto- un nuevo debut, en su reciente contexto personal de “auto-soberanía e independencia artística”. Lo cual quiere decir que, por primera vez en su carrera, no le produce un disco su ex-pareja. La propia Veirs es de hecho quien lo ha co-producido, junto al músico Shahzad Ismaily.

¿Estamos entonces ante un nuevo comienzo? Pues no y a la vez sí. Quien esté esperando un cambio radical se va a llevar un chasco (o un alivio, según el caso), porque ‘Found Light’ sigue cimentado en ese folk indie, íntimo y de exquisito gusto, que hace la carrera de esta artista tan interesante. Pero a la vez es justo decir que bajo esta nueva colección de canciones palpita algo nuevo, que Veirs no habría logrado con su esquema de trabajo anterior. Quizá sean las letras, que exploran con libertad temas nuevos, como la independencia y el redescubrimiento sexual. O la refrescante producción, sutil y delicada como casi siempre, pero con ideas novedosas, alejada del viejo estudio familiar y pre-producida de hecho de forma bastante DIY por Laura en un Centro para las Artes público. O incluso el enfoque interpretativo: parece un detalle pequeño, pero el hecho de que Laura haya grabado por primera vez en su carrera las voces y la guitarra simultáneamente aporta mucha autenticidad emocional a las interpretaciones.

Todos estos elementos hacen que ‘Found Light’ sea una exquisitez total. Abundan los temas con cierta estructura minimalista, circular, como ‘Signal’, o la extraordinaria ‘Autumn Song’ y sus cuatro acordes en hipnótica repetición, en los que los versos son enunciados con su voz exquisita de sonidos líquidos e imágenes de naturaleza y tiempo: “El verano se acaba / y la luna crece y decrece / y hago una lista de las lunas, y de las formas de ser libre / Y de las formas de dejar ir”. Veirs siempre fue una gran evocadora del paso del calendario como reflejo de las emociones, y leyendo versos como esos me vienen a la cabeza viejas maravillas suyas como ‘July Flame’ o ‘Sun is King’.

Cada detalle está cuidadosamente colocado: los créditos del disco detallan en cada canción si la guitarra que toca Laura es de cuerdas metálicas o de nylon. Parece un simple dato para nerds, pero para ella es importante resaltarlo: lo cierto es que los sonidos de nylon, de guitarra española, no eran tan habituales en discos anteriores de Laura, y aquí dominan y ayudan a esa sutil transformación sonora. El resultado es un sonido global con una pátina más íntima de lo habitual, más cálida (frente al timbre más frío de las cuerdas metálicas), un tono distinto para este “nuevo debut”, y que recubre muy claramente a temas como ‘Sword Song’ o ‘Ring Song’. Esta última, además, introduce más elementos novedosos que marcan crucialmente el álbum: la voz está envuelta en un eco muy peculiar, de aires mágicos, y la ausencia de percusiones junto a la presencia de instrumentos un poco jazzy y con mucho eco (en este caso un piano) crean un rollo dreamy y ambiental muy singular. En ese contexto Veirs canta “llevé mi anillo de casada a la casa de empeños / Me sentí triste y sentí un peso desaparecer” con un fraseo delicioso que la acercan al lado más folk-jazz de Joni Mitchell

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Pero dentro de ese espacio onírico que se extiende por el disco hay también oportunidades para la variedad: una de las canciones más interesantes en ese aspecto es ‘Seaside Haiku’: tiene un sorprendente punto grunge-pop de guitarras distorsionadas y batería, pero a la vez se integra perfectamente en la línea de sonido amortiguado, como salido de un sueño, del resto del álbum, efectos inventivos incluidos. Su melodía algo oriental aborda ese eterno tema que es el difícil equilibrio en las relaciones (como pareja, como progenitora): “Da, pero no des demasiado de ti”, concluye Laura.

La otra es la magnífica ‘Eucalyptus’. Hay otros momentos del álbum en los que el fraseo y timbre de Veirs me recuerda a la precisión de porcelana de Suzanne Vega (‘Naked Hymn’), pero no tanto como en este tema que tiene mucho de “a capella” narrativo al estilo de ‘Tom’s Diner’. En este caso con excitantes beats electrónicos, fuera de los cuales no hay instrumentación folkie, dejando espacio para un tono un poco más rabioso (algo normal cuando cantas cosas sobre tu ex que no habrías cantado cuando era tu productor: “me aplastaste, y a todos los que me rodean y me quieren”).

El disco sigue ofreciendo perla tras perla: ‘Naked Hymn’ contiene un precioso saxofón de Charlotte Greve, el mencionado tono a lo Suzanne Vega (aunque la neoyorkina nunca cantó al redescubrimiento sexual de esta manera: “El coro de Safo dentro de mi boca / Agradecido tras años de sequía”) y detalles de producción atrevidos (las voces en multipista al cantar “Touch has a memory”). ‘Time Will Show You’ abunda en la exploración sensual, con ayuda de bellas imágenes naturales: las naranjas, magnolias, colibríes y jacintos alternan con la brillante franqueza de los versos “te follan y follas / luego, hombres mejores que no habías conocido te hacen la cucharita en Airbnbs”.

Hacia el final queda espacio para menciones a otros aspectos de su vida. Los “rayos de luz de la casa” de ‘T & O’ son sus hijos, en una canción que podría competir perfectamente con las composiciones más bonitas de Sufjan Stevens o de la británica Kathryn Williams. También para una última sorpresa: Justo antes del cierre con sorpresiva guitarra distorsionada y versos que son como retazos impresionistas para “recomponer el puzle de nuestras vidas separadas”, aparece la inesperada ‘Komorebi’. Se trata de un embriagador instrumental de estructura mucho más libre que el resto del disco (similar a las doradas exploraciones de Alabaster de Plume) y que apunta quizá al futuro musical de Veirs. Porque además de haber afirmado tras grabar ‘Found Light’ que ha descubierto que le encanta producir, ha dicho que le estimula mucho componer piezas como esa, música “instrumental que no prescriba mediante las letras cómo el oyente debería sentirse al oírla”. Si mantiene la magia tan especial de este álbum, estaremos encantados de seguirle en ese nuevo viaje.

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Publicado por
Jaime Cristóbal
Tags: laura veirs