Música

Kesha / Gag Order

“No quieres que te cambie como me cambió a mí”. Esta es una de las frases más potentes de ‘Gag Order’, el nuevo disco de Kesha. La contiene ‘Eat the Acid’, uno de los singles de presentación, que no narra un viaje psicodélico, sino un despertar espiritual que experimentó Kesha durante el confinamiento. ‘Eat the Acid’ se apoya en una melodía de sintetizador de aires new age, sobre la que Kesha canta una preciosa melodía, la grabación no contiene base rítmica, y la frase citada se repite como un mantra a lo largo de la canción.

En la misma dirección apuntan varias pistas de ‘Gag Order’. “Nunca sabes que necesitas algo en lo que creer” es el mantra que abre el disco, “no quiero tener miedo nunca más” repite Kesha después en otra de las pistas. Aunque quizá la frase que mejor define ‘Gag Order’ es esta incluida en ‘Only Love Can Save Us Now’: “la tía que un día fui, está muerta, su tumba la han profanado”.

La Kesha de hoy está a años luz de la Kesha de ‘Tik Tok’, ‘We R Who We R’ y demás “bopazos” pop de los dosmiles. Su batalla judicial contra el productor Dr. Luke, a la que aluden nada sutilmente el título del disco (“orden de mordaza”) y la portada, la ha dejado emocionalmente exhausta. En su anterior disco, ‘High Road’, ese cansancio se percibía también en el aspecto creativo. ‘Gag Order’ es otra cosa.

La transformación espiritual de Kesha llega con una transformación musical. Y lo cierto es que sus canciones están en buenas manos: produce Rick Rubin, el Walt Whitman de la producción musical, una persona a la que se atribuyen cientos de citas inspiradoras que a las estrellas del pop les encanta compartir en redes (por ejemplo, a C. Tangana). En ocasiones ‘Gag Order’ se parece a una de esas citas, sobre todo cuando samplea un discurso del líder espiritual Ram Dass, pero las letras de Sebert no endulzan su historia -algo imposible- y tampoco la música lo hace.

No es que ‘Gag Order’ sea un puzzle musical indescifrable, pero, como producto de música pop, no renuncia a resultar ligeramente incómodo o extraño. No es ‘Rainbow

‘. Es revelador que los singles publicados, ‘Eat the Acid’ y la balada al piano ‘Fine Line’, cuya estructura es más abstracta si cabe, prescindan de beat, anteponiendo la atmósfera y la expresión. La música muchas veces apunta a la new age, como los teclados de ‘Something to Believe In’, en la que sí escuchamos una animada base rítmica de tintes folk, o de la menor ‘The Drama’, que parecen extraídos de un videojuego.

Otras veces Kesha entrega canciones que son directamente folk, acústicas: tanto ‘Living in My Head’ y ‘Happy’ anhelan la llegada de una felicidad plena, guiadas por el sonido de la guitarra acústica, pero Kesha o bien no puede dejar de “vivir dentro de su cabeza”, atrapada en la ansiedad, o bien no puede dejar de pensar en todos aquellos “y si” que podrían haber llevado su vida por otro camino.

A la Kesha que conocimos no se la echa de menos cuando las canciones cumplen. ‘Something to Believe In’ y sobre todo ‘Eat the Acid’ representan excelentemente la nueva faceta espiritual de la artista californiana. El disco, al contrario que ‘High Road’, se sostiene dentro de una coherencia estética muy lograda, con las patas puestas en el pop experimental, el folk-pop y la electrónica minimalista, en una extraña mezcla que funciona.

Por otro lado, el componente personal de las letras de ‘Gag Order’ abre un canal en la música de Kesha que antes permanecía cerrado. Son importantes sus reflexiones sobre la ansiedad, el miedo, la necesidad de encontrar un sentido a la vida, la añoranza por aquella persona que un día fue, su incapacidad para estar sola, sus propias contradicciones sobre sentirse fuerte y débil al mismo tiempo… y aunque a veces la influencia de Rubin se percibe en el gusto de ambos por dar pie a esas frases inspiradoras un tanto vacías (por ejemplo en los primeros segundos de ‘Happy’), es evidente que Kesha lo ha dado todo aquí.

A veces la Kesha de antaño se deja asomar para contarnos que se ha convertido en un gato (‘All I Need is You’) y sobre todo para divertir, como sucede en el animado himno ‘Only Love Can Save Us Now’. Se echa en falta que las canciones de la segunda mitad estén mejor definidas, pues la producción de ‘The Drama’ no puede molar más, pero la melodía queda un poco en un segundo plano. Además, ‘Hate Me Harder’ no necesita ser tan gritona por mucho que hable de los haters. Sin embargo, en general podemos hablar de éxito, no solo porque ‘High Road’ decepcionara, sino porque ‘Gag Order’ propone un cambio radical y convence.

Los comentarios de Disqus están cargando....
Share
Publicado por
Jordi Bardají
Tags: kesha