Kesha / Rainbow

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Kesha / Rainbow

kesha-rainbowKesha Rose Sebert alcanzó el éxito mundial con ‘Animal’ (2010). Un éxito que, tras la purpurina, el colorido y las sonrisas, luego se supo que estaba cimentado en una presión extrema que derivó en un desorden alimentario. Recuperada de esta enfermedad, Sebert denunció en 2014 a su mentor y productor Dr. Luke por acoso y abusos sexuales durante 10 años de trabajo conjunto. Aunque ese proceso judicial sigue abierto, Kesha sufrió tanto por ver cómo diversos juzgados desestimaban sus demandas, siendo puesta en evidencia por la defensa del demandado en un juicio que ha sido totalmente público, que cayó en una profunda depresión. Tras superarla, Kesha se ha visto atrapada en una situación que la obligaba a continuar ligada contractualmente a su supuesto violador y maltratador. Así las cosas, antes que fenecer en el olvido o algo mucho peor, ella ha encontrado una manera de salir de este laberinto rompiendo sus reglas: en lugar de golpearse con los muros, ha decidido saltarlos para ver qué sucede. Eso, aproximadamente, es ‘Rainbow’.

Su movimiento es apostar por algo tan devaluado y aparentemente prescindible en el pop contemporáneo como la honestidad. Primero consigo misma y luego con sus fans. Estos, si lo esperaban, no van a encontrar ya a la Kesha de ‘Tik Tok’, ‘Your Love Is My Drug’ o ‘We R Who We R’, porque ella ha decidido mostrarse tal y como es tanto física (sana, lejos de viejos hábitos dañinos) como emocional y artísticamente. El pop esforzadamente comercial pero tirando a genérico e impersonal de entonces (no siempre, pero sí en su mayoría) queda atrás en favor de sus verdaderas influencias musicales que hasta ahora habían aparecido solo tímidamente en ‘Warrior‘ (2012): Iggy Pop, Rolling Stones, The Beach Boys, T Rex, James Brown, the Beatles, Sweet y Dolly Parton han sido citados por ella al hablar de estas canciones. Y no en vano.

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No estamos, en todo caso, ante una ruptura total con lo contemporáneo: ‘Learn To Let Go’ y ‘Hymn’ –como en la disonante ’Finding You’ (el corte menos brillante del conjunto) y la divertida ‘Boots’, aunque en ambas se vean intenciones rockeras– son producciones de Ricky Reed (Meghan Trainor, Bomba Estéreo, Maroon 5) que sitúan este disco en 2017. Pero sí son mayoritarios los sonidos tradicionales, desde el rock setentero al country pasando por el soul o las piano ballads, tratados con respeto aunque sin perder vigencia. En este punto, habrá quién recuerde que Lady Gaga hizo un ejercicio similar en ‘Joanne’. Sin embargo, hay que decir que Kesha, contra todo pronóstico, consigue hilar un álbum mucho más coherente, poderoso y convincente que el de Germanotta.

Más allá de un sonido natural y fresco que juega totalmente en su favor y unas interpretaciones rotundas y personales, nada en ‘Rainbow’ chirría durante sus casi 50 minutos y, más bien al contrario, consigue agradar y, no en pocas ocasiones, emocionar. Me refiero, claro, a la ya conocida y excelente ‘Praying’, pero el corte titular –producido e interpretado junto a uno de sus héroes personales, Ben Folds, con unos espectaculares arreglos orquestales obra de Rob Moose (Bon Iver)– no se queda atrás. Como igualmente emocionantes, por excitantes, son los dos temas interpretados junto a Eagles of Death Metal, ‘Let ‘Em Talk’ y ‘Boogie Feet’, que se sitúan junto a la efervescente ‘Woman’ como lo más divertido y bailable del álbum.

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Pero hay más. Porque Kesha también revela una faceta psico-folk-country de lo más interesante, un posible reflejo de ese lado freak que la llevó a acercarse a The Flaming Lips. No me refiero tanto a una ortodoxa ‘Old Flames (Can’t Hold A Candle To You)’ –bonito homenaje doble a Dolly Parton, que ya cantó el tema en 1980 y vuelve a hacerlo aquí, y a su madre Pebe Sebert, co-autora del tema–, que hace migas con el honky tonk poderoso de ‘Hunt You Down’. Sino a cortes como ‘Bastards’, con esos arreglos beatle-escos de su segunda parte, hermanada con el vals cuasi-infantil ‘Godzilla’ y el blue-grass ufológico de ‘Spaceship’. Un cierre estupendo para un disco variado en recursos que, sin embargo, está perfectamente hilvanado, que estoy seguro que puede disfrutarse incluso si todo esos palos que toca te resultan ajenos.

Mención aparte merecen las letras que, fiel al espíritu del álbum, están marcadas por su honestidad. Kesha se mueve en una fina línea entre lo confesional (como en una ‘Praying’ en la que desmenuza con precisión y sin pudor sus sentimientos hacia Dr. Luke; ‘Rainbow’, escrita durante su rehabilitación), la autoayuda (‘Hymn’, ‘Let ‘Em Talk’, ’Learn To Let Go’), el girl-power (‘Woman’) y las experiencias místicas (‘Spaceship’), sin prescindir de un sentido del humor encantador, algo bobo. Admitiendo que, profusión de «motherfuckers» aparte, muchas de sus líneas pueden sonar algo cándidas (pese a haber logrado superar esos problemas, o quizá a causa de ellos, en el fondo Sebert sigue pareciendo una niña a sus 30 años), es estimable que sus palabras sean tan sencillas que puedan servir como ejemplo y referente para un público amplio, ofreciendo un mensaje de confianza y valor para muchos chicos y chicas que sufren en sus vidas. Hasta en eso hay que aplaudir sin reparos a ‘Rainbow’.

Calificación: 7,5/10
Lo mejor: ‘Praying’, ‘Woman’, ‘Spaceship’, ‘Let ‘Em Talk’, ‘Rainbow’
Te gustará si te gustan: Taylor Swift, Katy Perry, los discos confesionales y/o de autoayuda
Escúchalo: Spotify

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