Me pasé el miércoles poniendo verde el Benidorm Fest… y el jueves me fui a casa corriendo tras el Premio Ruido para conseguir ver la segunda semi sin spoilers. No sé qué me das, que me hace volar, que decía una ex presentadora del formato.
Persistieron los mismos errores de la primera semifinal, desembocando en otro tibio millón de espectadores de audiencia media. Tercera opción de la noche: quién te ha visto y quién te ve, Benidorm Fest. Carlos Baute celebrando que el programa era tendencia en Perú o Venezuela, pasando por alto que en esos países era de día, y hasta jueves y no viernes, de hecho. El presentador Marc Calderó indicando que «vamos al turrón» porque «tenemos mucha plancha» en lugar de tenerlo ya todo enfilado cuando se acerca el late-night. El mismo presentador mintiendo abiertamente con lo de «el televoto puede dar la vuelta a la tabla que estáis viendo en estos momentos»… SPOILER: los cuatro clasificados finales fueron los mismos que antes de sumar todo el televoto.
Como prueba de hasta qué punto Operación Triunfo le ha comido la merienda a Benidorm Fest, la portavoz del jurado, Beatriz Luengo, recurrió a imitar a Buika al ser abucheada. «¡Mis amores!», trató de calmar, quizá mordiéndose la lengua para no aludir a sus entrepechos blancos. En OT, cuando enfocan al público, los chavales muestran su peor cara de terror. En Benidorm Fest, cuando enfocan al público, están mirando tranquilamente el móvil.
La gala, eso sí, dejó más titulares sorprendentes que la primera: Marlena se desinflaron en directo. Al público no le gustó tanto Almácor como Quevedo. Al público le gustó más Jorge González que Chanel. El voto demoscópico sigue odiando el catalán. A nadie le gustó Dellacruz. ¿Y qué hay del que parte como ganador, St Pedro? Ahora mismo luce como absoluto favorito en las casas de apuestas, pero no nos dejemos llevar por el hype porque su actuación distó mucho no, muchísimo, de resultar perfecta. No, no fue Chanel. Ni siquiera Blanca Paloma.
‘Dos extraños’ era una de nuestras favoritas para ganar Benidorm Fest. Quede bien o quede mal en Eurovisión, parece pertinente probar un género latino como el bolero en Europa. La melodía es bonita y el videoclip, una cucada. El vídeo de presentación de St Pedro también fue encantador. Citas lejos del edadismo a Agustín Lara, a Perales, una preciosa sonrisa y saber estar… Ya solo por su talento, tan variado como para ir de Valeria Castro a Quevedo, pasando por yavy, es como si Canarias se hubiera propuesto ser la comunidad más sexy de la temporada.
Pero, ay, llegó la actuación, y St Pedro lució más desorientado que despechao sobre el escenario. Desde la primera frase, tuvo problemas para controlar su respiración. Hay palabras que ni siquiera logró terminar, confundiendo emoción con imposibilidad. Se movió sobre las tablas como sin norte, incluso dando la espalda a la cámara. A nadie se le había ocurrido maquillarle o mover un foco para quitarle esos brillos de la cara. Las sombras de las bailarinas parecían improvisadas esa misma tarde. La canción sigue siendo preciosa, él un amor, pero si esto es lo mejor que tenemos para Eurovisión, y puede que de hecho lo sea, el maqueado de la puesta en escena de aquí a mayo ha de ser tamaño Beatriz Pinzón. No es cuestión de cuatro retoques como los dos años anteriores.
Hablando de Blanca Paloma, María Pelae hizo la mejor actuación de la noche al presentar su tema ‘Remitente’. Como ‘EAEA’, la canción apela a las raíces flamencas sobre un escenario de rojo sangre y ciertos elementos surrealistas que solo nos pueden hacer pensar en Federico García Lorca. María Pelae se diferenció con una coreografía más agresiva, unas cruces en las cunetas llenas de significado, e insuflando una fuerza que me había resultado inverosímil para el que ni siquiera era el mejor single de su último disco. Los bailarines muertos estuvieron escalofriantes, y ella estupenda vocalmente. Sin duda, es la artista que más público serio, fiel, que compre entradas y vinilos, puede sacar de todo esto. Que sea un aliciente para que más artistas con todo este talento se presenten a Benidorm Fest y lo demuestren. Es solo que algunos no estamos preparados para los riesgos de que en Europa vuelva a no entenderse, ya no este género, sino ciertos simbolismos.
Dellacruz acudía con una especie de cruce entre canción de Quevedo y canción de Morat. No sonaba mal sobre el papel, parecía una de esas propuestas para acercar el formato al público generalista, pero algo no está funcionando nada bien en ese sentido. Quizá entendemos mejor las actuaciones de St Pedro, Nebulossa o María Pelae en su homenaje a la música del siglo XX. Pero cuando los referentes de los artistas son tan contemporáneos, la pregunta es por qué no llevamos a los originales y vigentes en lugar de a las mímesis desconocidas e inexperimentadas. Si no, y mirando las listas de éxitos, no me explico por qué Almácor no ganó el televoto ni el voto demoscópico.
Había cogido cariño al ‘Amor de verano’ presentado en invierno por Marlena. Me ha terminado gustando ese tono dejado, pasota, casi castizo, de esa cantante que tiene hasta el apellido chulapo, Ana Legazpi. Por desgracia el directo lo controlaron solo por partes. La primera mitad rozó el desastre. Legazpi era incapaz no ya de entonar, sino por momentos de parpadear, y la coreografía y montaje no empujaron al dúo hacia ningún lado bueno. Las cosas mejoraron después de que Ana hiciera una peineta, apareciera un culo de mujer en plano solo para disfrute femenino, y aquello se convirtiera en una reivindicación lésbica. Pero era demasiado tarde. El «repre hetero» de Ruth Lorenzo, que tan bien se lo estaba pasando en esta «maravilla de festival tan diverso», seguro que en este caso tardó un poquito en meterse en situación. Lo mismo fue de los que votó por Jorge González.
Cuando este anunció una actuación que iba a ser un «potaje gitano», todos nos relamimos. Esos bailarines andróginos. Esa referencia a «empoderados» y «empoderadas» que parecía que iba a añadir «empoderades» en cualquier momento. Ese sonido Ricky Martin. Juan Sanguino contando escrupulosamente el número de pezones por plano. Pero todo se fue derrumbando truco a truco, verso a plano, hasta llegar al «break» más insólito que se recuerda en Benidorm. González había osado citar como influencia a Chanel. Después de haber imitado a Helena Paparizou, a Terrero, y un poquito a Andrei WRS en la primera parte de la canción, parecía que llegaba el verdadero Jorjazo. Si media España ha estado a punto de desnucarse tratando de imitar una décima parte de lo que hizo Chanel con ‘Slomo’ en cuatro compases, González se limitó a improvisar durante los suyos unos movimientos de brazo, unas pataletas en el suelo, un grito y una mirada a cámara de interminables segundos en los que parecía que iba a pasar algo, pero cada vez estaba más claro que no. El público abucheó al jurado, en parte internacional y muy veterano, por no votar a Jorge. Yo me pregunto cuánto les pagan por aceptar este empleo. Me resulta muy difícil creer que les compense. Pobre Ángela Carrasco.
Así las cosas, Yoly Saa no se clasificó pero tampoco hizo la peor actuación de la noche. El misterio que desplegó en el escenario pudo conectar con seguidores de iamamiwhoami, London Grammar, Ellie Goulding o, en términos eurovisivos, Alice Wonder. Quizá le perjudicó su competencia a continuación. Porque por alguna razón la organización había decidido juntar casi todas las propuestas electropop y traviesas en la primera semifinal, y casi todas las serias y tradicionales, en la segunda.
Roger Padrós hizo efectivamente la actuación más bonita de la noche, con permiso de la intensidad de Pelae, y hubiera conseguido la clasificación de no ser por el castigo del voto demoscópico, que no va a atender a razones en este momento de crispación, en cuanto al valor y necesidad de las lenguas co-oficiales de nuestro país. Pero su modesto set tuvo un cénit muy claro, ese en que Roger mira a cámara para decir en catalán -pero entendible por cualquiera- “aquí te espero”, asiente con la cabeza, señala al suelo… y después vuelve a su piano. En algún lugar de esto había una posible ganadora de Eurovisión. Quizá dentro de unos años.
Almácor demostró ser buena gente. Lo primero que hizo al verse clasificado fue levantarse, caminar 10 metros, tocar el hombro de Roger Padrós y darle un abrazo. Parece que alguien en la sala sí sabía sumar, y la 4ª plaza se estaba decidiendo entre los dos. Además, hizo la actuación más infravalorada de la noche. No estamos hablando tanto como deberíamos del potencial comercial de ‘Brillos platino’, de lo bien que funcionan los efectos visuales tipo filtro de Instagram: es la versión 2024 del ‘Heroes’ de Måns Zelmerlöw, que no olvidemos que dio la victoria a Suecia en 2015.
Almácor los usó para retratar su amor, para mostrar sus obsesiones, para seducir, para animarse a sí mismo, para emular que lloraba, para ponerse otra ropa, para mostrar la imagen de quien estaba en su mente. Sin efectos, cuando se subía a una plataforma, se sentaba, se comía la cámara o jaleaba al público, recordaba al descaro de gente tan querida por aquí como Pimp Flaco o el primer C Tangana. Ojito con la oportunidad que podemos estar perdiendo, tamaño ‘Lo malo’. Él fue muy justo de voz, casi una obligación en el género, pero quizá de alguna manera se pudiera camuflar (incluso más) en estos meses.