Música

El ‘Autopoiética Tour’ de Mon Laferte: sado, cumbia, humor y trip hop

Uno de los mejores discos de 2023 fue ‘Autopoiética‘, quizás el mejor hasta el momento de Mon Laferte. La chilenomexicana está ahora inmersa en la parte europea de su gira de presentación, que deja varias fechas por España, y este fin de semana pudimos asistir a su concierto en Fuengirola. El Castillo Sohail ha sido escenario este año, dentro del ciclo Marenostrum, para artistas tan dispares como Queens Of The Stone Age, Maná, Macklemore, Eladio Carrión o El Columpio Asesino, y fue también el enclave donde vimos a Mon Laferte presentar su último disco.

En una entrevista de próxima publicación, Mon nos contaba: “para la gira europea armé un escenario mucho más teatral, más pequeño, pero a la vez me ha permitido algo distinto. Porque el show ya tenía toda esta estética un poco religiosa, un poco queer, pero ahora hay unos tintes mucho más carabaretescos por decirlo así, más burlesque, más sexual, algo de bondage también. Estoy muy emocionada, porque siento que Europa es más abierta de mente, así que veamos cómo nos va con esta versión autopoiética más adulta”. Y no decepcionó.

Ya comenzó a lo grande con ‘Tenochtitlán’, el lead single de ‘Autopoiética’, y cuando parecía que iba a seguir el orden del disco (justo después cantó ‘Te juro que volveré’), saltó a su último single, el envolvente ‘Obra de Dios’, pasó a ‘No+Sad’, y puso en espera su último trabajo (al que luego volvería con momentazos como el de ‘Metamorfosis’) para dar un paseo por el resto de su discografía.

Así, repasó temas de los estupendos ‘Seis‘ y ‘Norma‘ (‘El Mambo’ o ‘Funeral’), pero incluso de ‘La Trenza’ o de ‘Mon Laferte Vol.1’. Eso sí, ‘1940 Carmen‘, quedó fuera, pese a tener cortes de tanta belleza como ‘Algo es mejor’ o ‘Zombie’ (belleza en la luz y en la oscuridad, como canta en ‘Obra de Dios’).

En los dúos no hacía falta el pregrabado del artista en cuestión; ni siquiera echamos de menos a Gloria Trevi o Juanes, porque Laferte se bastaba sola para defender dos temazos como ‘La Mujer’ y ‘Amárrame’. Y es que uno de los puntos clave en el show es la actitud de la cantante: Mon puede tener un escenario pequeño, puede no hacer ningún cambio de vestuario, y puede no tener coreografías imposibles… que, aun así, consigue que no apartes la mirada. Por su voz, por supuesto, pero sobre todo por su interpretación y sus miradas.

La sensualidad y la sexualidad fueron, como anunció, parte importante del bolo, y Mon -que sabe que una mirada o un cambio en el tono puede significar más que mil movimientos espasmódicos- la hacía valer acompañándola de humor, como cuando, en mitad de una sesión de bondage con su bailarín mientras versionaba ‘La Vie En Rose’ (sí, habéis leído bien), le decía “ay, echa el culo al lado un poco, para poner bien mi zapato ahí”. Lo mismo decía esto, que terminaba luego de atarlo y lo paseaba con correa, llegando a acabar la canción sentada encima de él. Y lo mismo hacía esto, que luego se convertía en una bola de ternura agradeciendo a un fan que le llevó un regalo. Que no perdonaba los sorbos a su copa de vino entre canción y canción. Que se volvía tremenda diva (para bien) diciendo “¿por qué está mi copa vacía?”. Que bromeaba sobre traer “un personaje nuevo, mamá borracha”. En definitiva, como se pudo comprobar, la versatilidad de Mon no es solo musical.

Pero sí, en lo musical está claro que se vio. Su pasión por arriesgarse y llevarse a sí misma a territorios por los que aún no ha transitado (como dijimos tanto en la reseña de ‘Autopoiética’ como en la entrevista, conviven ahí cumbia, trip-hop, reggaeton, techno, bolero, power ballad y hasta ópera) es notoria, pero también su pasión por su arte en sí. Porque, incluso para quien venga más atraído por sus últimos sonidos, y sus temas más clásicos se le hagan más bola, o no esté acostumbrado al folclore latino, da igual: la artista se entrega y disfruta tanto con lo que hace, que es inevitable que el público lo haga también. Para cuando el concierto terminó con la excelente reinterpretación de ‘Casta Diva’ (donde mete a la pieza de ópera un toque de reggaeton oscurito a lo Safety Trance), veías embelesados no solo a sus fans, sino incluso al público más pequeño que había ido a ver a Alba Reche (fue su telonera).

De hecho, a la salida escuchabas a alguno de ellos decir que se habían quedado al siguiente concierto pensando en “tragárselo” ya que estaban, pero que a priori sin más… y que ahora mismo estaban siguiéndola en Instagram para no perderse nada. Supongo que podría decir eso de “Mon Laferte no paró de servir durante dos horas”, pero no sé si «servir» es la palabra adecuada para hablar de alguien que parecía estar pasándoselo pipa. Evidentemente, eso es contagioso en el público.


Marenostrum Fuengirola

Los comentarios de Disqus están cargando....
Share
Publicado por
Pablo Tocino
Tags: mon laferte