Maria Rodés ha publicado uno de esos discos que sirven para introducir al oyente, por primera vez, en el universo de un artista. ‘Lo que me pasa‘ es un álbum sobre el desamor, inspirado en el síndrome de la erotomanía, y también un trabajo musicalmente pop, diverso y ecléctico, que reúne distintos estilos -mediterráneos, latinos, de fusión- y colaboraciones de hasta nueve artistas -más de la mitad del disco-, con nombres tanto veteranos (La Bien Querida, Soleá Morente) como prácticamente recién llegados (Laaza, Paco Pecado), además de la participación de productores tan queridos en nuestro país como BRONQUIO, que ha firmado con Rodés el sencillo ‘Chico bueno‘.
En plena ola de contagios por la gripe, Maria Rodés y servidor habíamos pactado realizar esta entrevista en un hotel de Barcelona, pero el virus tiene otros planes. Finalmente, la charla se realiza a través de Zoom, y Rodés me cuenta la inspiración detrás de ‘Lo que me pasa’, su descubrimiento de la figura de Lídia de Cadaqués o su opinión del amor en tiempo de las apps. FECHAS: Rodés presentará ‘Lo que me pasa’ el 20 de febrero en la Sala Clamores de Madrid y el 25 de febrero en La 2 de Apolo, de Barcelona.
Has dicho que este disco es uno de los que más te ha costado gestionar, ¿por qué?
Es un disco que empecé hace tiempo, se ha extendido bastante y las colaboraciones hacen que se complique a nivel logístico. Además, lo empecé a grabar en un momento de bache personal y eso hizo que seguir creando no fuera fácil. Justamente por eso también tiene más mérito haberlo conseguido, porque es un disco que ha costado remar y estoy muy contenta con el resultado. Joel Condal, el productor, me ha ayudado mucho.
¿Las colaboraciones del disco te han ayudado, también?
El disco es autoficción, no narra mi vida. Es la primera vez que hago un disco no basado en mi experiencia personal. A pesar de ello, en mi vida pasó algo fuerte, y me gusta pensar que en esos momentos los amigos te sacan a flote. Rodearme de amigos y amigas -algunos más que otros- creo que me ha dado fuerza y, a nivel simbólico, para el disco me parece bonito.
Dices que es un disco de autoficción, ¿por qué recurres a esto ahora y de qué manera el amor obsesivo te ha inspirado a escribir canciones no biográficas?
Había escrito metafóricamente en otros discos, como ‘Lilith
¿En qué momento te encuentras con la figura de Lidia de Cadaqués?
En 2020 hice ‘Lilith’, y di con esta figura, que era la hija de la última bruja de Cadaqués. Es un mito del pueblo. La historia cuenta que era erotómana: se enamoró de un escritor más joven que ella y, en su cabeza, pensaba que él estaba enamorado de ella. Eugeni d’Ors, el escritor, escribía crónicas en el periódico, y ella creía que eran mensajes cifrados dirigidos a ella.
Esa historia me llevó a querer hacer un disco sobre este amor súper flipado que sucede todo en tu cabeza y que, en el fondo, no está tan lejos de lo que hacemos cuando nos enamoramos, porque muchas cosas nos las inventamos, son proyecciones. Quería hacer un espejo entre lo que es locura y lo que no.
El disco tiene un arco: cada canción narra una fase emocional. ¿Cómo has organizado las canciones?
Las he ordenado al final de todo, pero sí hay un hilo que las conecta. Este personaje vive un enamoramiento por primera vez, muy ilusionante, y luego una gran ruptura que desmonta esa ilusión. Entonces empieza un amor más obsesivo.
En la primera parte del disco están las canciones un poco más luminosas, donde hay obsesión o dependencia emocional dentro de lo que entendemos como “normal”. A partir de la segunda cara del disco se empiezan a ver lados más oscuros: la idealización, ver al amado como un dios, el ghosting, y cómo el límite entre lo cuerdo y lo pasado de vueltas se difumina.
En ‘Quiero controlar’ cantas eso de “yo solita me clavo el puñal”. ¿Cómo trabajas esta canción?
Esta canción la empecé con una amiga mía, Noelia Herrera, que tenía frases anotadas en un diario. Habla de cuando estás con alguien, te entra el miedo y quieres controlar esa parte celosa que sufre por si la dejan. Es un diálogo entre un personaje que intenta controlar esa parte y otro que, en el estribillo, dice que a lo mejor se lo está montando todo ella.
Todo el disco habla de la dependencia emocional, y cuando eres dependiente esas voces del miedo al abandono surgen.
«Se critica el apego tóxico, pero también hay demasiado culto a uno mismo»
Has dicho que no te gusta que se hable de dependencia tóxica, pero tampoco de un individualismo exagerado. ¿Las redes fomentan la insatisfacción crónica en los vínculos emocionales actuales?
Se critica el apego tóxico, pero también se va al otro extremo: tampoco es amor cuando hay tanto culto a uno mismo. El tema de las opciones en las apps es que, si estás tan centrado en ti, en lo que necesitas y en qué tipo de persona te viene bien, no terminas de ver a la otra persona. Lo miras todo en función de tus intereses y de forma muy práctica.
No veo posibilidad de amor en ese tipo de selección. El mundo actual fomenta el “elegir a la carta”. Entonces encuentras a alguien, proyectas un montón de cosas y al principio cuela porque no sabes quién es: te lo has inventado. Después descubres que quizá esa persona no es la que necesitabas. Por eso se habla de consumo rápido: pasas enseguida a otra cosa. Para mí, el amor es un ejercicio de ver al otro y dejar de mirarse a uno mismo. La exaltación narcisista que fomentan las redes sociales hoy en día no ayuda.
Para conocer a una persona se necesitan años.
Yo creo que el amor también tiene algo de accidental: de repente conectas con alguien y va más allá de que cumpla o no con tus expectativas. El amor no es tan mental. Cuando una amiga ha tenido una cita y hace un repaso racional de lo que le gusta y no, es que realmente no te gusta.
¿Crees que sabemos lo que es el amor o hemos olvidado que el amor viene después y no al principio?
Creo que es así. Se debe pasar la fase de idealización y, cuando vas conociendo a la persona y te enfrentas a la realidad, descubres que no es perfecta, porque nadie lo es. Si la quieres, te la quedas con todo; y si solo querías un rato de diversión, la dejarás ir.
En el disco abordas diversos estilos. ¿Alguno te ha gustado más trabajar?
El que más, la rumba. No es el estilo más novedoso y no lo había tocado tanto en mi carrera. Además, lo tenía un poco aborrecido porque es una música muy vinculada a las fiestas populares, pero cuando empecé a trabajarla me gustó.
Cuando hiciste ‘María canta copla‘ (2014), ¿tuviste la sensación de adelantarte a una tendencia?
Yo pensaba que estaba haciendo algo súper kamikaze, pensando: “una catalana haciendo copla, sin tener ni idea”. Hice el disco desde la intuición, no desde una certeza.
En ‘Malo’ hay una voz infantil. ¿Tiene un significado simbólico, teniendo en cuenta la portada?
El disco, a nivel de discurso, tiene muchas capas. En este caso, la voz infantil representa ese miedo al abandono que se gesta cuando somos niños: es una herida de infancia. Me gustaba que esa canción de reproche la cantara una niña.
Por otro lado, ‘Malo’ dice “vas de bueno pero eres malo”, que es una forma muy polarizada de hablar, casi infantil. El mensaje era más directo y crudo si lo cantaba una niña.