stivijoes aparece en la portada de su primer disco vestido de oficinista, como cuestionando si vivir de la música se ha transformado en otro triste oficio. Antes trabajaba en una fábrica de turrones. «Vengo de algo que no quiero hacer, a lo que siempre he querido, y lo vuelvo a sentir como un trabajo que no quiero hacer”, declaraba hace unas semanas a Nuebo. ‘El único ser sin talento’ es un álbum generoso en temas que hablan del síndrome del impostor, tratando también la velocidad a la que se mueve la industria, algo muy palpable en ‘Tiene que ser un hit’.
La ansiedad que se describe en estas letras no solo tiene que ver con las presiones por ser el número 1, esas son las menos interesantes. La mayoría tienen que ver con «las cosas del comer», que diría Yolanda Díaz. «No puedo pagar al arrendador» es una inquietud manifiesta en ‘Grand cru’, mientras a continuación ‘Burdeos’ habla sobre los lujos que se pueden incorporar a lo que era una vida austera.
El debut de stivijoes se crece y gana enteros cuando habla de lo personal. La muerte de un tío, a consecuencia de un cáncer, y de su madre, a causa de una depresión, llevan ‘No he nacido rico’ a otro nivel. A piano, confesional, emocionantísima, se acerca al tipo de baladas que hacen a veces los artistas de grime en Reino Unido, como Stormzy, Skepta o Dave. Cosas como ‘Black’.
Que es cuando stivijoes se desnuda cuando da lo mejor de sí mismo, lo escuchamos igualmente en la otra gran joya del álbum, ‘solo’. El tema comienza entre susurros repitiendo «no estoy bien, no estoy bien». stivijoes «no sabe lo que le pasa» salvo que lleva «toda la vida escondido detrás de una gorra» y que teme quedarse «solo». El autor del viral ‘Terapia’ reconoce aquí no haber ido a terapia («lo que escondo me da miedo») y el minimalismo de la producción, con algunos momentos que son puro silencio, acentúa esa sensación de soledad y desazón que impregna gran parte del álbum.
El proyecto de Raúl Rodríguez habla también de amor en composiciones como ‘Toda una vida’, a la que los productores Gèrard y Manu Blanco han dado cierto sabor al underground de los años 90, con unas guitarras que son un tanto indie-rock o post-grunge. Le encantan bandas como The XX y alt-J y se nota.
stivijoes está cómodo tanto en registros ligeramente más urbanos como ligeramente más rock porque, como Barry B, lo que importa es lo que nos cuenta y cómo nos lo cuenta, no tanto el fondo musical. La continuidad está muy conseguida además, canción tras canción, con varias pistas que parecen la misma (‘Grand cru’ y ‘Burdeos’ en la cara a; ‘Solo’ y ‘No te olvides de mí’ al final de la cara B); y los grandes conceptos del disco volviendo una y otra vez. Tanto la muerte de su madre como el miedo a no tener talento aparecen de manera repetida en las letras, dejando la sensación de que el artista nos está contando una historia de concepto bien cerrado. Dice en el encarte del vinilo «A lo mejor mi talento fue rodearme de gente que sí lo tenía», pero es evidente que hay algo más.
