Gracias a bandas como .bd., el rock español tiene un futuro asegurado. El sexteto madrileño lanzó el pasado septiembre su primer EP en plataformas, ‘Economato Textil’, bajo el sello Humo Internacional. Eso sí, de humo no tienen nada. El valor de su melódico art rock, que puede recordar al de artistas como Black Country, New Road o Geordie Greep, es evidente en temas como ‘Hemos Roto Los Espejos’ o ‘Cien y Cientos’.
Manu, Samu, Alex y Marta, cuatro de los miembros de .bd., son los últimos invitados de nuestra sección «Meister of the Week», comisariada por Jägermusic. La historia de la banda comenzó en la periferia, a base de infinitos trayectos de autobús, y eso es justamente de lo que han decidido hablar. Así, relacionan canciones y discos con la ciudad y el extrarradio, comparan el bus y el metro, y denuncian los problemas del transporte público en los pueblos: “Renfe a Navalcarnero ya”.
¿Por qué habéis querido hablar de trayectos de autobús y la periferia?
Manu: Los trayectos en bus son como un martillo pilón. Todos los días, una hora y media de ida, una hora y media de vuelta, todos los días. Te fuerzan a tener que entretenerte en una posición incómoda, a escuchar música con el traqueteo de las ventanas de fondo. De la misma manera que los trayectos en bus, vivir en la periferia creo que ha sido un factor determinante en el desarrollo de nuestras personalidades. Creo que es fácil entender lo raro que es escuchar Godspeed You! Black Emperor en un pueblo de 8.000 habitantes
Samu: Todo el mundo suele hablar de lo que vive o lo que quiere. Cuando vives en un pueblo o tu vida está determinada por el tránsito diario un bus a Madrid acaba por sentirse parte de tu identidad.
Alex: Al final, nos hemos visto obligados a construir nuestro ocio y, por tanto, nuestra personalidad, en esos ratos muertos diarios. Yo no hubiera escuchado tanta música como he escuchado, ni libros como he leído, si no me hubiera visto forzado a tener 4 horas muertas al día desde segundo de bachillerato. Un disco a la ida, un disco a la vuelta. Es curioso que luego en los momentos de mi vida en los que me he quedado sin esos ratos muertos los he acabado echando en falta.
¿Qué creéis que tiene de especial la periferia respecto a la ciudad? ¿Cuál ha inspirado más canciones?
Manu: La tranquilidad. La tranquilidad es lo que más se busca.
Samu: Los ritmos de vida, los saludos, el tipo de trabajos… También tiene sus contrapartidas. Se tiende a más homogeneidad de formas de vivir o normatividad, y para algunos puede ser más difícil.
Marta: Para mí, la periferia (el pueblo en el que he crecido) representa el hogar y la costumbre frente a la aspiración urbana. Nos hemos hecho adultos en un limbo en el que el «progreso», la educación académica, la escena artística… estaba fuera, en la ciudad. Eso te hace ser muy consciente de las diferencias, de las distancias, de los matices humanos entre tú y los que han vivido siempre en el meollo. Creo que, más que la ciudad o el pueblo, para mí lo más inspirador es ese «limbo» entre ellos, la tensión.
Alex: No creo que haya nada especial de la periferia ni creo que busquemos romantizarla ni nada así. Es otro contexto, otra manera de relacionarte con la gente y con los ámbitos. Al final, este entorno en que vivimos nos acaba formando de maneras de las que ni siquiera somos conscientes. En nuestro caso, es también nuestro punto de unión y de alguna manera siento que hemos sido capaces de entendernos desde el principio gracias a compartir esos condicionantes invisibles.
¿Qué canción/disco asociaríais a la periferia y cuál a la ciudad?
Manu: A la ciudad, ‘Untrue’ de Burial. A la periferia, ‘Spiderland’ de Slint.
Samu: A la periferia, ‘La primavera trompetera’ de Los Delinqüentes. A la ciudad, ‘Ruidos’ de Agorazein.
Marta: A la periferia, ‘Noche infinita’ de Javier Bergia. A la ciudad, el primer disco de Mecano, que además tiene una canción que escuché mucho cuando estaba en la uni: ‘Quiero vivir en la ciudad’.
Alex: Yo siempre recordaré mis primeros trayectos a la uni en el 46 con la banda sonora del ‘Turn On The Bright Lights’, de Interpol. Para mi pueblo elegiría el disco de Serrat dedicado a Antonio Machado, que además le gusta mucho a mi padre.
La banda ha nacido en la periferia rural de Madrid. ¿Cómo os encontrasteis? ¿Conocéis más bandas que hayan nacido en la periferia?
Manu: He conocido más bandas que les ha ido bien de la periferia norte de Madrid, pero no conozco muchas de Madrid sur.
Marta: Manuel y yo nos conocimos patinando en el skatepark de Navalcarnero. Nos hicimos amigos haciendo lo que te permite crear amistades grandes: compartir música. Luego empezamos a tocar de manera informal y se fueron uniendo el resto. Primero Álex (teníamos una amiga en común), Diego (éramos amigos de patinar), Javi (lo mismo) y Samu (era amigo del instituto de Álex). Javi se ha ido a vivir a Francia y se ha unido Bruno, que es el último fichaje. Con .bd. nunca se sabe, estamos abiertos al cambio y la evolución.
Alex: Conozco muchos músicos (y muy buenos) de nuestros pueblos gracias a las escuelas de música municipales. Grupos no. Supongo que no hay tantos espacios o tejidos sociales que lo permitan como en Madrid. Nosotros, al final, empezamos tocando juntos en las salas de ensayo de Metrónomo, a 60 km de mi casa.
«Yo no hubiera escuchado tanta música como he escuchado, ni libros como he leído, si no me hubiera visto forzado a tener 4 horas muertas al día desde segundo de bachillerato (en el transporte público)»
En general, ¿preferís el metro o el bus? ¿Por qué?
Manu: Yo personalmente prefiero el bus, porque controlo mejor los tiempos y me parece más cómodo. Aunque sí que es verdad que el metro, para lo que es dentro de la ciudad, me gusta más. En general, los trenes tienen la gran ventaja de no sufrir atascos. En la A5 se hacen unas caravanas por la mañana que son intransitables. Renfe a Navalcarnero ya.
Samu: El bus creo que es más romantizable, pero en términos de eficiencia prefiero un metro. Recuerdo que cuando iba a estudiar a otro pueblo, el bus siempre era una máquina a punto de romperse – si en verano te ponías atrás, cerca del motor era una experiencia tipo sauna vibrante-, y amplificaba siempre las temperaturas extremas exteriores. Pero ahora cuando estoy en la ciudad y no voy con prisas, prefiero coger un bus y poder mirar por la ventana.
Marta: ¡Yo el bus o la bici! Me gusta ver el mundo.
Alex: Mi línea de bus verde me da una paz tremenda. Por lo demás, soy un prisas así que metro.
Se os describe en la página de Humo Internacional como un sexteto “curtido en horas de transporte público”. ¿Cuál es la mejor y la peor versión del transporte público?
Manu: La mejor versión del transporte público es la que está bien cuidada y planificada. En general, el transporte público como servicio es la hostia en sí mismo. Ahora bien, no es normal que no haya una línea de Renfe para la zona suroeste de la Comunidad de Madrid y solo haya una autopista para todos los pueblos de la zona. En la A5 se concentran todas las mañanas los coches de las personas de toda la zona suroeste, desde El Álamo hasta Aldea del Fresno.
Samu: El transporte público es una decisión política. La peor versión es la dejación de zonas a sabiendas, o no reestructurar servicios pensando en los que todos los días van a trabajar o a estudiar cuando se empiezan obras. Por ejemplo lo de la A5, con decenas de personas esperando con la calor a buses en Cuatro Vientos, o el lío de la línea 6 con las obras, que el servicio de sustitución no cubría para nada las necesidades.
Marta: La mejor versión del transporte público es la que me permite ir leyendo: odio los transbordos y los trayectos tan cortos que son solo útiles, no disfrutables. ¿Me explico? La peor versión del transporte público se materializa en Cuatro Vientos, están soterrando la A5 y para ir al pueblo tenemos que esperar en una acera desolada y apartada del mundo, por la que pasa una carretera nacional.
Alex: La mejor versión del transporte público es la que funciona bien. Como dicen Manu y Samu, lo que han hecho con nuestros buses con las obras de la A5 ha sido casi un ataque directo. Yo mismo me he comido horas de esperar en verano a las tres de la tarde sin sombra a los buses en Cuatro Vientos, o quedarme sin poder subir en Navalcarnero porque estaba lleno de domingueros que van a bañarse al Alberche… Al final me he tenido que mudar a Madrid porque era imposible sostener el aumento en distancias y horas de viaje. Por lo demás, disfruto mucho en mis viajes de bus verde escuchando musiquita, viendo los paisajes preciosos por la ventana, dibujando… ¡¡verdaderamente me inspiran!! Esa es la cara buena.
«¡Renfe a Navalcarnero ya¡»
Vuestra ruta en bus más frecuentada es la que va del intercambiador de Príncipe Pío a Navalcarnero. ¿Qué es lo más raro que os habéis encontrado?
Manu: Yo realmente la que he hecho más es la que va a mi pueblo que pasa antes por Navalcarnero, pero vamos, en ese bus siempre estábamos los mismos y no recuerdo nada relevante.
Samu: Sí, aunque ahora con las obras en la A5 llegamos hasta Plaza Elíptica. En el día a día habitual no se suele encontrar casi nada raro. Los momentos más graciosos en un autobús es cuando volvías de fiesta al amanecer de un pueblo a otro, con la mitad del bus cantando y aporreando las ventanas, y la otra mitad cogiéndolo para ir a trabajar. A veces terminaba por venir la Guardia Civil.
Alex: Samu y yo somos vecinos de pueblo, así que cogemos la misma línea y tenemos las mismas experiencias más allá de Navalcarnero. En general no ocurre nada, pero de vez en cuando se sube algún personaje, o se vuelve loco el conductor, o se rompe el bus… Hablando de personajes, no voy a decir su nombre por si lee esto (no creo) pero me alucina un señor de mi pueblo que lo coge para ir de una parada a otra del mismo pueblo y saluda a todo el mundo como si lo conociera de toda la vida. Cuando no hay bus, hasta hace autostop. Da buena conversación, por lo menos.
Marta: Siempre ocurren cosas relevantes cuando se sube al bus la loca del pueblo, que es una pobre mujer que las lía pardas. Una vez insultó a unos chavales y llegaron a las manos. La Guardia Civil se la llevó y la gente del bus se quedó comentando que si era prima de esta o aquella, que si la semana pasada hizo esto o lo otro.
¿Qué es el Economatón, que tanto os fascina y se puede ver desde el bus? ¿Por qué os flipa tanto?
Manu: Es una valla publicitaria que está saliendo de Navalcarnero hacia la A5, fue la portada de nuestro primer EP (‘sala/pasos/perdidos’) y un poco la inspiración de la portada de este segundo EP (‘Economato Textil’). Hace años hubo un temporal de lluvia y viento, y con lo blando que estaba el suelo, el cartel hizo de vela y tiró solo una de las patas. Desde la perspectiva del bus quedaba como una espiral perfecta.
Se llamó «economatón» porque ya desde que fundamos el grupo veíamos llegando a la sala de ensayo un negocio que se llama Economato Textil. Fue Alex quien dijo ese nombre como broma y así se quedó.
Alex: Podría tirarme el pisto y ponerme intenso. Decir que el Economatón, además de una escultura curiosa, representa la belleza en lo accidental. Es un percance detenido en el tiempo, precioso para aquellos que se detengan un minuto a verlo o que, como nosotros, pase por delante todos los días. Como no es creación de nadie, alrededor de él nos podemos montar la historia que queramos: sobre la decadencia, sobre la pertenencia, sobre nuestros hogares, sobre lo que somos… Hay muchas cosas por las que te puede fascinar esta estructura accidental, supongo, y mucha gente de por aquí se ha acabado quedando con él por eso. Creo que para nosotros tiene sentido como imagen de grupo en parte porque habla de nosotros y nuestra casa. A lo largo de los años nos hemos ido quedando cada uno con nuestros símbolos, imágenes, paisajes, costumbres… y eso es quizá lo que tenemos en común como grupo por cercanía geográfica, no la estructura en sí. El Economatón no es más que otro de estos iconos que nos definen. Desde que hicimos las fotografías ahí, hará unos tres o cuatro años, se ha ido cayendo más y más, progresivamente. Ahora está mucho peor, pero creo que tiene sentido que acabe desapareciendo. Al final, la decadencia y lo accidental es lo que hacen que sea lo que es. Podría decir eso, o simplemente decir que es una una valla publicitaria abandonada y tirada por el viento que nos parece chula y bonita. Las dos cosas son verdad.
Marta: Siempre me ha gustado la forma del Economatón, muchísimo. Empecé a observarlo con detenimiento cuando estaba en segundo de bachillerato y estudiaba Historia del Arte. Veía esta figura todos los días al ir y volver del colegio, me resultaba poética, como una metáfora de la publicidad vencida por la naturaleza y el tiempo, de lo orgánico de la belleza que se puede encontrar en unos hierros, la perspectiva que crea con su forma… Me gusta esa figura que no es más que una valla publicitaria vencida y postrada en medio de un campo de trigo. Está encorvada y es finita, es la imagen de la modernidad postrada.
«Si tienes una red de amigos o familia, la periferia es un lugar que permite centrarse más en lo importante y cuidarnos más»
La vida en la periferia y en la ciudad son totalmente diferentes. ¿Dónde os gustaría vivir en el futuro y por qué?
Manu: Siempre periférico. No me veo viviendo en una gran ciudad. Para mí es raro salir a la calle y que haya gente. No poder ir al campo si quiero. Creo que las llanuras manchegas tienen un magnetismo extraño.
Samu: A largo plazo en la periferia. Yo soy de Cadalso de los Vidrios y, aunque no sea el ejemplo ideal de servicios o conexión – está bastante lejano y se han ido perdiendo cosas-, creo que es un buen lugar para criarte y vivir. Aquí siempre hemos tenido Unión Musical, escuela de música, deportes… Creo que si tienes una red de amigos o familia, la periferia es un lugar que permite centrarse más en lo importante y cuidarnos más.
Alex: Soy y seré siempre de mi pueblo (Villa del Prado). Ahí está mi casa, ahí he crecido y, sobre todo, ahí he sido muy feliz. Aun así, necesitamos formarnos y trabajar en Madrid, porque en nuestro pueblo es imposible. El trayecto diario, compaginando trabajo y estudios, es muy complicado. Por muy contento que esté ahí, que puedo coger la bici y salir al campo cuando esté agobiado, ir al bar y tomarme unas cañas con mi padre y sus colegotas, vivir tranquilo y sin prisa… La realidad es que, quiera o no quiera, necesito vivir en Madrid. No sé si a corto o largo plazo. Mi pueblo, aun así, siempre va a estar ahí esperándome. Acabar viviendo allí es mi objetivo.
Marta: Yo nunca sé qué responder a esto. Tengo un poco de aquí y de allá. Nací en Madrid y mis padres decidieron vivir la aventura rural mudándose a Navalcarnero. Me gusta la dicotomía entre estos dos lugares, todavía no sé en cuál podría ser más feliz. Creo que tengo alma de periferia, pero puedo ser una rata de ciudad como cualquier otra.