Cine

‘Hamnet’: Jessie Buckley deslumbra en la tragedia de Chloé Zhao

Chloé Zhao es una cineasta tan personal como inquieta, siempre curiosa de adentrarse en terrenos desconocidos. Tras sus tres primeras películas, historias intimistas ambientadas en el Medio-Oeste americano (‘Songs My Brothers Taught Me’, ‘The Rider’ y ‘Nomadland’), probó la frustrante experiencia de dirigir un blockbuster de Marvel (‘Eternals’). Ahora, se atreve a traducir en imágenes ‘Hamnet’, el celebrado libro de la escritora británica Maggie O’Farrell -quien coescribe junto a ella el guion- que imagina la vida de la esposa de Shakespeare.

Agnes (que no Anne Hathaway, el verdadero nombre de la esposa del dramaturgo) y William se conocen en Stratford, y pese a la oposición en una primera instancia de los padres del segundo, se casan, ya que ella no tarde en quedarse embarazada. Viven un idílico y apasionado romance, sus tres hijos nacen sanos, y todo es felicidad pese a la dureza del entorno rural en el que viven. Hasta que la tragedia llega y cambia por completo sus vidas.

Pese a contar con un presupuesto mayor que en sus anteriores películas -excluyendo, por supuesto, su incursión en el universo Marvel-, el estilo de Zhao sigue siendo reconocible, sin haber perdido su gusto poético en la composición de los planos y en los pequeños detalles en los que se fija su cámara. Durante la primera hora, la más potente, la cineasta crea un sólido engranaje narrativo describiendo con sensibilidad la cotidianidad familiar. Su mirada está siempre en Agnes, interpretada por una monumental Jessie Buckley, quien carga a sus espaldas buena parte de la película y quien está ahí para prestarle un flotador en los momentos en los que parece ahogarse.

Porque ‘Hamnet’, aunque tiene segmentos poderosos, no es todo lo deslumbrante que podría haber sido. En su segunda mitad, empieza a mostrar algún signo de agotamiento. En ocasiones, Zhao fuerza en exceso el dramatismo con recursos demasiado invasivos (como el uso de la bonita música de Max Richter, que se convierte en un subrayador de emociones innecesario) que terminan jugando en contra del naturalismo buscado. Pero ahí está Buckley para subsanar estos defectos, pues su entrega y magnetismo en pantalla están al alcance de poquísimos intérpretes. La actriz logra personificar el duelo y transmitir el dolor inconcebible de la muerte y todo lo que ella arrastra consigo de una manera tan honesta que su mera presencia conmueve.

Y en ese acercamiento a la pérdida se encuentra también lo mejor del guion de Zhao y O’Farrell, quienes utilizan la historia semi-imaginada de Shakespeare para firmar un tratado solemne e importante sobre el poder del arte para sobrellevar hasta la más terrible de las tragedias. Su emocionante escena final resulta tan potente que incluso las tendencias melodramáticas menos sutiles que se emplean para provocar la lágrima en el espectador pasan a un segundo plano. Y ahí, de nuevo, hay que darle buena parte del mérito a los ojos de Jessie Buckley.

Ella es el centro de la película y, sin duda, lo más brillante, pero el resto del reparto, aunque más discreto, también hace un buen trabajo, desde Paul Mescal interpretando al genio británico, al pequeño Jacobi Jupe como hijo de la pareja o la veterana Emily Watson como madre de Shakespeare, una de esas actrices que siempre desprenden veracidad.

‘Hamnet’ se hace grande en su lúcida mirada, femenina e inquisitiva, al brutal desamparo que trae consigo la muerte, y se hace pequeña cuando Zhao deja de lado la sensibilidad de sus imágenes para suscitar sensaciones por otros medios más discutibles. Pero por encima de todo, su cinta posee algo realmente valioso: la inexplicable virtud de meterse dentro de la piel y dejar poso.

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Publicado por
Fernando García