LEÏTI no es conocido por el gran público, pero quien sabe, sabe. Bien podría ser el A$AP Rocky español. A sus 27 años, el multifacético artista ha fundado su propio sello (Epiphany), acaba de fichar por Universal y es padre de tres hijos con la diseñadora, estilista y modelo Sita Abellán. Esto, mientras la influencia de su música impregna todos los derivados del hip hop español y ejerce como padrino de nuevos talentos con la Cutemobb, su colectivo particular.
Aunque sus inicios se sitúan en el mundo del baile, y haya tenido sus pinitos como actor en series como ‘Élite’ o ‘Benvinguts a la família’, LEÏTI vive por la música. Empezó importando el trap narcótico de artistas como Travis Scott, Young Thug o Playboi Carti a nuestro país para, poco a poco, ir desmarcándose con un estilo cada vez más único que bebe del afrobeat, el hip hop y el pop, y que suele acompañarse de los mejores beats de la escena gracias a figuras como iseekarlo o Bexnil. Él lo describe como «estilo mediterráneo».
Nos cuenta que el título de su cuarto disco, ‘SENE KOR SENE’, se puede traducir del wolof como «Oh, noble Sene»: «Mi tribu en Senegal son gente muy espiritual. Son los que hacen la brujería más limpia». Leïti describe su nuevo LP como un proyecto «denso» que incluye «mucho más mensaje político que nunca»: «Eso para la gente de hoy en día es un poco… La gente quiere escuchar Bb trickz». Es un disco más adulto, sí, que además llega en el mejor momento de su carrera.
Hablamos con LEÏTI sobre el papel olvidado del hip hop como defensor de las causas sociales, huir del sistema, Eckhart Tolle, el mundo espiritual y cómo despertar en un mundo dominado por TikTok.
Tienes 27 años, tres hijos, casa… Para la gente de nuestra generación es un poco loco.
Es fuerte que sea esto una locura, cuando para nuestros padres o abuelos era lo normal. Creo que ha sido lo normal durante toda la historia de la humanidad. Pienso que soy un afortunado, pero también he soñado y he trabajado fuerte por ello. Llevo años hablando de tener hijos.
Lo que manifestaste en ‘Bitcoin’.
Justo. Por cómo se está dando el propio estudio, y el sello, saco la música al ritmo que quiero. Por eso he tardado más en sacar un álbum, cogiendo más control de la vida y no tanto formando parte de olas, que a veces contaminan más que nada.
Me parece que tú siempre has estado en tu propia ola.
Sí, pero creo que cada vez estoy marcando una vía que puede ser predecesora, como se llame, de gente que esté en esta vibración. Creo que ya estoy hablando de cosas mayores. Siempre he estado hablando de Dios, la libertad… pero ahora estoy atacando también. La música de hoy en día necesita gente más comprometida con la causa social y yo estoy empezando a señalar cosas que la gente no se atreve por cómo es el mundo.
Tu verso en ‘Troya’, por ejemplo. Empiezas la canción hablando de «aviones por Gaza» y «niños muertos en el mar». ¿Quién rapea sobre eso?
Y el hip hop viene de eso. Sí es cierto que en un momento yo he hablado más de drogas, libertad, sexo y tal, pero siempre mencionaba a Dios y a esta verdad que creo que existe. Es fuerte que el hip hop ahora vaya más de lo que dice, por ejemplo, Bb trickz. El entretenimiento ha llegado a ese punto. Están blanqueando el hip hop. Antes todo esto se llamaba ‘black music’, después lo han empezado a llamar ‘urban music’… Ya no es música del sufrimiento. Es música de la ostentación. El hip hop tiene que volver ahí, o al menos los hijos del hip hop. En el momento que estamos históricamente, la gente que tiene acceso a información debería estar hablando de qué está pasando detrás de las cortinas y no tanto sobre qué están llevando de ropa, qué se van a comprar…
Es verdad que se ha desvirtuado. También es verdad que eso siempre le ha pasado a la música negra.
A la que el negro se ha hecho rico, siempre ha venido el blanco detrás. Sin criticar, porque todos somos víctimas y culpables. Incluido yo, pero a la que tomas conciencia de ello debes actuar porque empiezas a ser responsable. A mí me ha pasado con los hijos, porque al final no me veía hablando todavía de ir aquí, de tal… Para eso me pongo ya con las cabras.
Te iba a preguntar si tu visión había cambiado al tener hijos, pero siempre has apuntado maneras a un tipo de visión más espiritual.
Sí es cierto que durante un momento de mi vida, tanto por el éxito repentino como por ser joven, pues te ves de repente con mucho dinero y te nublas un poco. Eso lo acabas pagando tarde o temprano, de una manera u otra.
Hubo un titular en El País en el que decías algo tipo: «Todo el dinero que gané en Élite ya me lo he fumado».
Es una mierda porque yo me refería con esa expresión a que ya me lo había gastado, pero lo pusieron así y mi madre me dijo: «¿Dónde vas diciendo esto?». La gente se aprovecha cuando hablo así, pero sí, también quizás la mitad me lo fumé (risas).
«La música negra ya no es del sufrimiento. Es música de la ostentación»
En este disco tienes un interludio muy cinematográfico en el que hablas de que damos el poder al Estado con nuestra firma y nuestro DNI. Siempre te he visto como una especie de fugitivo del sistema, pero acabas de firmar con Universal. ¿Qué pensabas antes de las majors?
Lo que pasa es que lo que he firmado con Universal ya es con mi propio sello (Epiphany). Ellos ponen la pasta y yo juego con todo lo otro. Dentro de lo que es el formato no es como si me hubiera firmado, sino que tengo la mayoría de mis derechos, la mayoría de mis másteres, el control de mi obra, los recursos, el marketing… pero con su dinero. Tengo la libertad de hacer con ese dinero lo que quiera, ya sea sacar artistas nuevos o competir a nivel global, porque mi obra no es barata. Yo quizás tengo una apuesta en la que quiero bailarines y músicos en mis shows, videoclips currados, y todo eso forma parte de algo que es más caro. A nivel distribución lo podía hacer, pero como tampoco soy un artista masivo a nivel views no tengo esa capacidad de organización. Prefería trabajar de esta manera y al final pienso que es la forma de huir del sistema: creando el tuyo propio dentro de él. Creo en la comunidad, creo en la sociedad y en todo eso. No soy tan pirata en ese sentido. Lo he podido ser, lo he experimentado, pero te das cuenta de que no. Hay mucha gente por salvar. Yo me veo haciendo música durante seis años más, máximo, y después ayudando a los chavales desde mi sello.
Que ya lo has estado haciendo, tanto con las primeras tapes de la Cutemobb como con esta última, con artistas nuevos como O.S.O. o Dunia Mourad.
Total. Alu apareció por primera vez en ‘Cute Tapes’. Ahora Pablo Alborán está haciendo vídeos bailando su tema, ¿sabes? Por eso creo que estamos creando industria, por eso creo que siempre he tenido algo diferente. Hemos estado haciendo una buena apuesta, pero a fuego lento.
¿Tú te has sentido infravalorado?
No, bro, porque siempre lo he sabido: a buen entendedor, pocas palabras bastan. También hablo en un código que, para la gran mayoría de España, es un negro 2.0 que poca gente entiende. Sé que hay mucha gente que está aún por descubrirme y que me va a descubrir, porque sé que de donde vengo y con el discurso que he tenido hay una resistencia natural, porque es como si fuera una conciencia. No es hasta que viene un chico que se llama mvrk, más blanquito, utilizando más o menos el mismo sistema, que la gente no lo puede adaptar. Eso es un tema más cultural y no lo siento como una infravaloración. Al revés. Si tú ahora miras la industria, ¿cuánta gente me está copiando? Eso es lo que valoro. Si no me pasara eso, sí que me rayaría. Yo sé que cada obra que hago acaba impactando después en la industria. Entonces, de alguna manera, sigue bebiendo de mí. Sin tirarme el rollo, pero si hay pioneros y gente que acaba guiando, pues eso es lo que siempre me ha preocupado en el fondo como artista. Tocar esas finuras del arte que definen cómo será la sociedad en un futuro es lo que realmente me impacta. Teniendo en cuenta que yo también he bebido de otra gente, pienso que no hay artista ahora en España que tenga un discurso tan sólido y un sonido tan único como yo. Siendo honesto.
Tampoco reniegas de los artistas que te copian. Al revés, colaboras con ellos.
Sí, y creo que es lo que tiene que hacer la industria en general, que estamos aquí para crecer y no para tirarse el rollo. El arte va de copiar y darle tu forma. En cierta parte, sí tienes que coger cierta distancia. Lo que me obliga a hacer la gente que me ha copiado es a cambiar de estilo. Eso para mí es una bendición, porque verás que dentro de tres años la gente estará haciendo un sonido místico como el que estoy haciendo más ahora. Estoy seguro. Igual de seguro estaba cuando hacía ‘Mmm Tkm’ y sabía que ese era el futuro del underground en España. Yo tampoco he querido ser famoso del todo con eso, porque sabía que bebía mucho de Young Thug, de Playboi Carti, y todo eso en el fondo me acomplejaba porque sabía que había un pavo que estaba llevando lo que yo estaba haciendo al siguiente nivel. Creo que lo que tengo ahora no compite con nadie. Es autóctono, cuanta una verdad, no está influenciado por ideas masónicas y todo eso. A nivel de mensaje y sonido, estoy compitiendo a escala mundial, artísticamente hablando. Los números se pagan más con el tiempo.
«No hay artista en España que tenga un discurso tan sólido y un sonido tan único como yo»
No parece que te comas la cabeza con ello.
No, siempre he tenido lo que quería. A mí, uno, dos o tres millones de euros me hubieran hecho polvo. Soy una persona que necesita esa presión de tener que comerme la cabeza artísticamente. Si no, me hubiera convertido en un gustera. Hubiera invertido y hubiera dejado la música. Tengo la intuición de que la música es una época de mi vida en la que tengo que expresar lo que tengo en mí y después dejarlo. Llevo trabajando como artista solo desde 2019, y llevaré 6 o 7 años de carrera. Sé que cuando ronde los 10 años mi música podrá tener un impacto masivo. Estoy preparado para ello y no quiero formar parte de una wave, sino crear la mía. Y no digo que eso sea lo que tiene que hacer un artista. Creo que es mi papel, y resistir a la tentación de los números. Podría haberme puesto a hacer reguetón o colabos. Si contara todo lo que podría haber hecho y he negado…
Imagino que las majors ya te habrían hecho ofertas en el pasado.
Majors y artistas gigantes. Y he dicho que no porque es que no es mi misión. De verdad, tengo una cosa genuina con el arte. Un compromiso que va más allá de los números. Trueno es un tío que también está comprometido con eso. La Zowi, lo mismo. Es una tía que lo ha dado todo por ese concepto y esa vida que tiene. Nunca he escuchado a la gente que veo hinchada de números. Cruz Cafuné, cuando me pidió la colaboración, no sabía quién era. No es por ir de chulo, es que realmente si hubiera sido más comercial en ese sentido creo que no tendría la autenticidad que tengo, porque creo que viene de ciertas decisiones. Si cocinas rápido, las cosas se queman. No tengo prisa.
Esa autenticidad debe ser contagiosa. Me han contado que hiciste una reunión en Universal y que a alguien le llegó demasiado.
Sí, un poco así (risas). Pienso que los sellos tienen mucho trabajo que es panoja, más que nada, y al final ver a un tío comprometido con su discurso y su arte es refrescante. Sin decir mucho más, pero sí, me lo paso bien. Veo que lo que hago impacta a diferentes edades y, sobre todo, que es lo que necesita el mundo.
¿Siempre has tenido esta ambición? De hacer «lo que necesita el mundo».
Sí, desde que desperté siempre he sido muy sensible.
«Si tú ahora miras la industria, ¿cuánta gente me está copiando? Eso es lo que valoro»
¿Despertaste?
Sí, tuve mi momento. Yo repetí curso, soy diabético y estuve bastante mal en hospitales. Siempre he renegado de mi diabetes, siempre me la he cuidado muy poco y en un momento mi madre me regaló un libro. Se llama ‘Un nuevo mundo, ahora’, de Eckhart Tolle. Un libro de autoayuda de estos, que ya me leí tres o cuatro y son todos lo mismo, pero en ese momento me hizo un click y desde ahí empecé a bailar fuerte, a competir y a encontrar mucha sincronía con todo lo que sentía. Me empezó a despertar como algo artístico. Darme cuenta de que tenía sensibilidad para captar estas cosas, expresarlas, y mientras te descubres a ti mismo, vas descubriendo qué arte quieres hacer y creo que empieza a estar maduro ahora. Siempre he sabía como qué sentía el otro, qué decir para hacerle sentir bien. Ya empiezo a dominar todo eso.
Todos estamos un poco adormecidos.
Y estamos entrando una distopía con la IA. La gente tiene que empezar a agarrarse de cosas más tradicionales, pero sin volver atrás. Yo tengo la suerte de que vengo de un padre senegalés y una madre catalana moderna, y creo que esa mezcla de una vida más ligada a la esencia y una vida más terrenal me hacen entender que hay un futuro que va ligado a lo que todos también vemos y necesitamos.
¿Tu lado espiritual siempre ha venido por tu padre?
Sobre todo, sí. Es el gran ayudante que tengo en este camino. Le encanta mi música y es un hombre que me ha ayudado mucho a entender. No hablo con mis amigos de mis problemas, pero con mi padre sí. Las personas que más te quieren son las que más te pueden ayudar a darte un consejo. Mi padre y yo tenemos una relación muy de iguales y me ha ayudado mucho en el proceso de hacerme un hombre. Mi madre me ayuda mucho más antes, cuando de pequeño mi padre pasaba de mí y para él que yo bailara era «hacer el pingüino», según sus palabras. Mi madre me ha dado el cariño que he necesitado para convertirme en un adulto, y luego ya he podido empezar a coger riesgos. Mi padre sabe bastante de eso, que viene de Senegal, y en el fondo mi vida está muy centrada en un riesgo constante. Sigo yendo al día a día. Genero, y eso me deja tranquilo, pero no tengo nada prometido. Con todo el tema del islam, mi padre creó una función importante, aunque es una cosa que descubro fuera de casa. Mi padre no me lo enseñó. Fueron mis colegas del barrio los que me enseñaron a rezar, pero al final mi padre y yo nos unimos mucho porque yo me estaba haciendo adulto y tenía todas estas cosas muy consolidadas.
La mayoría de vidas están ligadas por lo material, ¿no?
Depende. Aquí, en Occidente, sí. Te diría que en otras partes del mundo la gente sigue más conectada con lo que no se puede ver, con lo que se siente. Con el cariño. Aquí, cuanto más rica es una familia, menos se necesitan los unos a los otros. Y eso es lo que también acaba creando estas barreras invisibles, pero materiales. El dinero y la supervivencia material crea esa ilusión, porque es una ilusión pensar que todo esto es solo algo material. Tienes tus ángeles guardianes, tienes seres que van contigo y te acompañan. Eso me lo han explicado a mí en Senegal con brujería. Me han dicho: «Dentro de una semana conocerás a alguien». Pasa una semana, ocurre y te das cuenta de que todo eso existe. Solo que aquí lo usan las élites, los masones… Ellos sí que hacen brujería fuerte. La gente que mueve el mundo puede crear impactos en países solo con poner su dinero ahí. Criminales como Donald Trump, toda esa gente. Los criminales están arriba, no abajo.
«En Occidente, cuanto más rica es una familia, menos se necesitan los unos a los otros»
¿Cómo podemos despertar todos?
De eso se encargará Dios, como ya ha hecho en varios momentos de la historia. Eso lo va a hacer el sufrimiento. La crisis que viene va a despertar a la gente. Igual que hizo el COVID. Cuando sometes a la población a cosas que realmente son injustas, acaba petando, pero mientras no paran de darte fútbol, pan y circo. A la vez, con la tecnología cada vez te tienen más controlado y todo el tiempo que había antes para hablar con otros, quejarte, montar cosas… Ahora lo estás perdiendo en TikTok. El tiempo de la gente vale dinero.
¿Hablando de consumidores y creadores por igual?
Exacto. Lo que pasa es que los creadores al final son víctimas también para mí. Hay que seguir usando las redes porque son herramientas que, en el fondo, aunque las hayan creado para controlarnos, les va a salir rana. El internet era una herramienta militar que crearon y que el pueblo utilizó en un momento para informarse y creó mucha más conciencia de la que querían. Ahora han creado apps y cosas para direccionar más el algoritmo y que tú pases el tiempo viendo entretenimiento puro. Ahora el que entretiene es el propio content creator. Toda esta gente está en una vibra que a la que se empiece a torcer todo van a ser los primeros en decir: «Oye, esta tarde he quedado a las tres en la plaza para hacer tal». La revolución puede pasar así de rápido con la tecnología, entonces, ¿para qué lo usamos? ¿Lo estamos usando para distraernos o para unirnos y darnos fuerza?