“Me duele la cabeza raro”. Eso fue lo que recuerda haber dicho la escritora Marta Jiménez Serrano una mañana de noviembre de 2020, justo antes de entrar al baño y caer desplomada al suelo. Lo que ocurrió después se lo han contado otros: su pareja, que la encontró inconsciente, y los sanitarios de emergencias, que detectaron en su sangre unos niveles de monóxido de carbono superiores al 46 por ciento. De haber inhalado un poco más, a partir del 50 por ciento, habría entrado en coma. Con concentraciones superiores al 60 por ciento, estaría muerta.
En ‘Oxígeno’ (Alfaguara), Jiménez Serrano, que por entonces aún no había publicado su primera novela, ‘Los nombres propios’ (2021), narra la historia de ese accidente que casi termina con su vida. Un accidente que no le dejó secuelas físicas pero si psicológicas y emocionales: miedo a dormir, desazón existencial y un odio profundo a su casera, una mujer que vivía en Los Ángeles y que “no quería tener que encargarse de nada”. Entre ese “nada” estaba la revisión de la caldera.
La autora relata su experiencia en forma de novela de no ficción
. ‘Oxígeno’ no es únicamente una crónica del accidente ni un ajuste de cuentas cargado de una rabia catártica y terapéutica, sino una exploración íntima y literaria de esa vivencia. Un libro muy rico, de naturaleza híbrida y estructura fragmentaria, pero en absoluto barroco, escrito con una prosa aparentemente sencilla, muy limpia y fluida.Mezcla temas tan diversos como la muerte, las relaciones de pareja, el problema de la vivienda, la literatura, los traumas, el individualismo o la infancia, narrados en primera persona y articulados mediante una amplia variedad de recursos narrativos: noticias de prensa, datos médicos, información legislativa, recuerdos, entrevistas, reflexiones…
Más allá del relato del accidente, ‘Oxígeno’ se convierte en una indagación sobre la vulnerabilidad contemporánea y la fragilidad de los vínculos que sostienen la vida cotidiana. Un libro que demuestra que se puede seguir haciendo literatura del yo sin caer en el yo, yo, yo autoindulgente y narcisista; que lo íntimo, cuando se expone con creatividad y honestidad, puede adquirir una resonancia y relevancia colectivas.