Ya sea por agotamiento, por cambio de prioridades o simplemente porque se han quedado sin cosas nuevas que decir, los artistas sufren crisis creativas que pueden durar semanas, meses o, en el peor de los casos, años, y de las que no siempre salen renovados. Que se lo digan a U2. Apparat sufrió un writer’s block tan intenso que no solo se vio “incapaz de escribir”, sino que llegó a “repudiar el estudio”. Por suerte, puede decir que ese bloqueo le ha servido para dar forma a un disco que tiene algo interesante que contar, seis años después del anterior.
Por el camino hemos escuchado varias bandas sonoras y, por supuesto, asistido al enorme éxito de Moderat, especialmente en festivales. Pero ya apetecía volver a escuchar una obra en solitario de Sascha Ring. Su trabajo siempre ha tendido a ser más abstracto que el de otros productores de tecno afines, más centrado en el diseño sonoro que en el ritmo. Lo mejor que puede decirse de ‘A Hum of Maybe’ es que encuentra un equilibrio notable entre esa faceta abstracta y una noción de canción emotiva y accesible.
Ring afrontó su crisis creativa escribiendo una canción al día, y ‘A Hum of Maybe’ suena precisamente a eso: a un flujo intenso de ideas, algunas más convincentes que otras. Sorprenden, por ejemplo, la irrupción de rayos láser de ‘A Slow Collision’ cuando la pieza parecía construirse como un paisaje emotivo de texturas puntillistas. También sorprende cómo el preciosismo electrónico de la pista titular acaba materializándose en un crescendo mucho más tangible, con baterías casi math-rock. Las texturas instrumentales se diversifican constantemente: aparecen arpas, guitarras eléctricas y acústicas, cajas de música o capas sintéticas que oscilan entre lo reconfortante y el ruido.
Apparat trabaja con una paleta sonora amplia que abarca electrónica abstracta, tecno, rock y neoclásica (sobre todo piano y cuerdas). Las canciones de ‘A Hum of Maybe’ utilizan estos códigos para construir crescendos como el de ‘Glimmerine’, que casi podría pasar por una canción de Radiohead; melodías preciosas como la de ‘An Echo Skips a Name’, de aires EDM; o piezas preciosas como ‘Williamsburg’ que combinan electrónica glitch con un trato del piano delicadísimo.
El paisaje sonoro tampoco recurre al cliché cuando apunta a la explosión emocional y, con la ayuda de su colaborador, el también alemán Philipp Johann Thimm, Ring rompe ritmos y estructuras al igual que expectativas. Se echa en falta, eso sí, a ratos un punto de vista más particular que lo aleje de la sombra de otros artistas: el enfoque abstracto es personal, pero ese puntillismo recuerda a Koreless, hay ecos de Atoms for Peace y de Thom Yorke en solitario en melodías y baterías, y algunas ambientaciones neoclásicas remiten a una banda sonora algo más genérica.
Eso sí, Apparat sigue siendo un vocalista estupendo, capaz de transmitir la melancolía de las letras con una emoción muy palpable, ya hable de recuerdos, del pasado o de paisajes vistos a través de una ventana. Esta es electrónica emocional, pero también una que se fragmenta como un recuerdo que no acabas de atrapar: ‘Lunes’, por ejemplo, empieza con un falsete a lo Bon Iver y termina con breaks de batería similares a los que ya aparecían en la inicial ‘Glimmerine’.
Las canciones respiran y se dan espacio para explorarse a sí mismas. A veces, sin embargo, esa abstracción no se traduce en composiciones especialmente memorables, como ocurre con ‘Tilth’, pese a la colaboración de la armenia-americana Karyyn. Pero ‘A Hum of Maybe’ sí denota inspiración. Si Apparat no sabía adónde ir, ha tirado por todos lados y le ha salido bien. El álbum funciona bien como una especie de banda sonora para la imaginación. Incluso composiciones menores como ‘Enough for Me’ resultan fundamentales para la cohesión del disco: situada entre dos piezas intensas, aporta un respiro necesario, pero también texturas diferentes, abriendo un pequeño mundo musical propio para quien esté dispuesto a escuchar con la mente abierta.
