Ir a la escuela de cine no siempre resulta en una profesión tras las cámaras, pero estar rodeado de gente con inquietudes artísticas propicia la creación, incluso si esta no está particularmente relacionada con la disciplina que estás aprendiendo. En ese contexto surge paco te quiero, cuando cinco amigos estudiantes de cine en Barcelona deciden probar a hacer un grupo de música. Algo más tarde, se incorporaría un sexto miembro. Lo que empezaba como un mero divertimento sin mayores pretensiones, se ha acabado convirtiendo en un proyecto con una identidad propia, que tras varios EPs, ha desembocado en un álbum debut titulado ‘hay un pez naranja en el suelo del metro’, que ilusiona, y mucho, tanto por lo que ofrece, como por el enorme potencial que se vislumbra.
El primer disco de la banda barcelonesa presenta un sonido tan sólido que pareciera que llevaran muchos más años tocando juntos. Manejan unas referencias muy claras: el indie-rock de los 90 (viene a la mente Teenage Fanclub, por ejemplo) y el power pop de finales de los 2000 y principios de los 2010s como The Pains of Being Pure at Heart o Alvvays, con quienes comparten especialmente su gusto por las melodías dulces acompañadas de distorsiones instrumentales.
Pero lo que realmente resulta refrescante en el proyecto es que han sabido adaptar estas influencias a su propia realidad. Nunca parece que lleven un disfraz ni que se estén esforzando por imitar a ningún grupo en particular. Si paco te quiero suenan así, es porque ahora mismo no podrían sonar de otra manera.
Buena parte del mérito lo tienen unas letras que saben dar con la tecla perfecta para ser emocionales y profundas cuando tienen que serlo, pero también para ser divertidas cuando conviene. A veces todo dentro de una misma canción. Es particularmente brillante el contraste entre la preocupación real de la narradora ante el círculo en el que se mueve una de sus amigas y la sátira que se hace a cierto tipo de individuos cuarentones depredadores de chicas veinteañeras en ‘tus amigos’. “Tus amigos van de aliados, pero después de un gintonic se han olvidado” es una de las grandes frases que cantan Gloria y Lucía, con un tono entre lo socarrón y lo dramático que le sienta de maravilla a la ya de por sí excelente composición, cargada de capas y capas de sonido distorsionado. “Creo que te equivocas cuando dices que los tienes calados”, culminan, dejando a la producción en punto tenso.
Muchas de las canciones reflejan las experiencias propias de tener veintitantos en una gran ciudad y en un mundo que cambia muy deprisa. Las relaciones frustradas y complejas se reflejan en canciones como ‘600,000’, donde se narra la imposibilidad de olvidar a alguien. El tema nos traslada mediante un insistente teclado y un eufórico estribillo rockero, a un entorno muy concreto de gente con tote bags que bebe vino comentando la última película que han visto en la filmoteca. En ‘te quiero, te quiero’ se exploran los celos sobre un atmosférico manto de instrumentos enmarañados. Mientras que la batería de ‘qué más da’ impulsa unos versos que retratan el hastío existencial provocado por una relación fallida, hasta explotar en un estribillo cargado de sentimiento.
El cansancio vital ante las imposiciones de la vida moderna está reflejado en ‘cansada’, una canción dividida en dos, con una primera parte guiada por una sugerente línea de guitarra y una segunda en la que acaba por entregar otro efectivo número de power pop. La crítica a la gentrificación aparece en ‘cuando despierto’, en una ciudad donde desde la ventana ya no se ve el parque en el que la protagonista jugaba de pequeña, ahora solo se ven enormes bloques de hormigón. Esta melancolía, que tiene un espacio importante en el disco, a veces también se presenta con mucho sentido del humor, como en la estupenda ‘lo olvidarás’: “Me cogías la mano y me la apretabas en un pogo del Chavalada, al salir del Helio fumábamos mil cigarros, nos pedían fuego los indie-guarros”.
Dos de los mejores momentos aparecen juntos en la mitad de la secuencia. Por un lado, la oscura ‘iPhone’, una canción sobre el vacío que pueden provocar los líos de una noche, engalanada en una instrumentación densa e inquietante; y por otro, la majestuosidad shoegaze de ‘sólo contigo’, el corazón del álbum. Una canción que transporta a otra época, como si alguien la hubiera guardado en un cajón en los años 90 y no se hubiera descubierto hasta ahora. Muy en la línea de Slowdive, Drop Nineteens y otras bandas de dream pop de la época, que enfocaban el género hacia lugares más melódicos que, por ejemplo, My Bloody Valentine.
En ‘hay un pez naranja en el suelo del metro’, paco te quiero logran una labor muy complicada. Su música es abiertamente referencial, pero su personalidad sobresale en cada una de las canciones que lo conforman. Los temas que se tratan y su manera de acercarse a ellos logran capturar de manera brillante las preocupaciones de la gente joven de hoy en día, sin olvidarse nunca de ser divertidos. Como resultado, les ha quedado un primer disco precioso.