Discos

The Twilight Sad / It’s the Long Goodbye

Han pasado ya 7 años desde ‘It Won’t Be Like This All the Time’. Puede parecer que se lo han tomado con calma The Twilight Sad, pero realmente no ha sido así. Su periplo vital ha sido arduo: fueron teloneros de The Cure mucho tiempo. Han pasado definitivamente a ser un dúo, solo integrado por James Graham y Andy MacFarlane. Y Graham en particular ha tenido que lidiar con muchas dificultades. Las principales, y temas centrales de este disco, fueron la enfermedad y la muerte. Su madre fue diagnosticada de demencia prefrontal en 2016. Su deterioro progresivo, hasta su fallecimiento en 2023, fue un proceso que sumió a Graham en la niebla. Acababa de ser padre, y no sabía cómo conjugar el feliz inicio de una vida con el triste final de otra tan amada. Eso, sumado a las exigencias de los conciertos, hizo que su cuerpo y su mente dijeran “basta”. El disco se venía gestando desde 2019, pero no se ha podido culminar hasta ahora.

The Twilight Sad han intentado expresar ese dolor con furia grandilocuente. Pero… ¿lo consiguen? ¿Transmiten esa devastación? Pues sí y no. El disco arranca potente sónicamente hablando, pero algo cojo de emoción. The Twilight Sad saben dar aldabonazos de épica emocore y post-rock, con bien de espíritu post-punk. Una mezcla muy efectiva, a lo que ayuda el timbre de voz de Graham, que a veces se acerca al Dave Gahan más suplicante.

Los riffs son pesados en su punto justo: contundentes, pero sin sepultar el resto. Los teclados son expresivos. Las letras ahondan en el sufrimiento de Graham: se revuelca en el fango, sin metáforas. Pero durante la primera mitad su dolor es quizás demasiado estético. Todo suena muy bien, pero todo suena igual. Mucha intensidad, una cuidada atmósfera, pero las canciones no acompañan. Tamaño despliegue de pena y ruido pide temas más memorables. La guitarra de Robert Smith, amigo e invitado de lujo en tres canciones, ni siquiera logra elevar ‘Waiting For The Phone Call’, el primer single, que salió en 2025.

Pero es cuando arranca la segunda parte que todo se alinea. En ‘Dead Flowers’ suenan a los primos escoceses y tremebundos de The National, a pesar de que las guitarras de Robert Smith no pueden ser más características. Y como en The Cure, destaca una apertura en la que Graham tarda dos minutos en empezar a cantar. La introducción de ‘Inhospitable/Hospital’. también recuerda a The Cure mezclados con My Bloody Valentine. A pesar de ese título, es la pieza más pop, más Depeche y de las más redondas. O cuando se acercan a terrenos de pop-rock gótico de los ochenta (Echo and The Bunnymen, The Sound) en ‘Chest Wound to the Chest’: la voz de Graham se desata, se hace más lírica, suena más emotiva y menos solemne. Y sí, otorga la emoción que se busca, mientras contrasta la luz de su yo infantil con la oscuridad que se cierne sobre él en la vida adulta.

La progresiva aceleración emocional culmina en la mejor canción, la apesadumbrada ‘Back to Fourteen’. Un himno oscuro, obsesivo, donde Graham se repite una y otra vez que ha vuelto a los catorce. Es un adolescente que pide permiso a su madre: “Madre, ¿puedo tumbarme y llorar? Madre, ¿puedo tumbarme y morir?”. Y cuando llega ‘TV People Still Throwing TVs At People’, en que sueltan todo el lastre emocional en forma de avalancha sónica, te quedas con ganas de más: ojalá todo el disco hubiera alcanzado ese nivel de catarsis desde el primer momento. Aunque nos dejara hechos unos zorros.

Los comentarios de Disqus están cargando....
Share
Publicado por
Mireia Pería