Discos

Melanie Martinez / HADES

Cuenta Melanie Martinez que ‘HADES’ surge de un intento por escribir sobre temáticas utópicas y distópicas, pero que, cuando iba al estudio, las canciones distópicas le salían más fácilmente porque “solo tienes que mirar a tu alrededor”. La dramatización exagerada siempre le ha servido para analizar el mundo en sus canciones, pero en ‘HADES’ la falta de sutileza convierte sus letras en caricaturas, y las canciones tampoco lo compensan en lo melódico.

Hay que seguir reconociendo a Martinez su empeño por entregar auténticos álbumes conceptuales, no como los que dicen que hacen otros artistas, y ‘HADES’ es la primera parte de una serie inspirada en utopías y distopías, más cercana a este segundo grupo. Narra la historia de un personaje, Circle, que atraviesa un mundo prácticamente en llamas, marcado por la violencia, el racismo y el capitalismo salvaje.

‘HADES’ recorre temas poco habituales en el pop, como la “alianza performativa” en ‘White Boy with a Gun’, el anticapitalismo en ‘Monopoly Man’, la obsesión por la delgadez en ‘Weight Watchers’ o el sinhogarismo en ‘Gutters’. En ‘The Plague’, Martinez ofrece una interesante alegoría romántica comparando la peste negra con el COVID; ‘The Vatican’ critica la hipocresía de la Iglesia, y ‘Chatroom’ retrata el ciberbullying y a los incels obsesionados con analizar el físico de las mujeres.

Las intenciones de Martinez son nobles, pero la falta de sutileza en sus textos no logra transmitir la seriedad de los temas, sobre todo porque no recurre tanto al humor o a la ironía como a un tono sermoneante. Su estilo consiste precisamente en caricaturizar la realidad, pero lo hace desde una literalidad que, más que subversiva o provocadora -como en ese intento de Madonna que es ‘The Vatican’-, resulta superficial y banal. Basta con verla señalar el capitalismo salvaje en ‘Monopoly Man’, donde afirma que es una “vergüenza” que el capitalismo “nos haga comprar comida que podríamos cultivar nosotros mismos”, entre otras simplificaciones que parecen ir totalmente en serio.

A veces las hipérboles tienen cierta gracia, como cuando en ‘White Boy with a Gun’ compara veladamente a un chiquillo racista con el Ku Klux Klan, o cuando en ‘Monolith’ pide a Dios que le aplique la “eutanasia” porque no puede más con los haters. Ahí la exageración cumple su función. También es simpática la vengativa ‘Grudges’, con una Martinez dispuesta a matar mientras explora la rabia femenina, o el apocalipsis erótico de la final ‘Last Two People on Earth’, donde vive un “orgasmo catastrófico”.

Pero, en general, Martinez recurre a estereotipos algo holgazanes: canta sobre el patriarcado en ‘Possession’ a través de una relación abusiva, recurriendo al cliché del hombre maltratador y la mujer sumisa, o sobre las sectas en ‘Is This a Cult?’, una especie de «utopía» en este caso, donde las mujeres viven «con autonomía» liberadas de los hombres. «Nosotras nos follamos mejor que ellos, todas mis amigas se ponen la ropa que quieren, aquí no entran hombres porque nos quieren controlar», escribe Martinez, sonando más juvenil que desafiante.

Las canciones, trabajadas de nuevo con su frecuente colaborador CJ Baran, tampoco resultan especialmente logradas. ‘Possession’ y la circense ‘Weight Watchers’ presentan melodías algo memorables, y ‘Garbage’ destaca como la mejor canción del disco porque está claramente basada en ‘Army Dreamers‘ (1980) de Kate Bush, aunque incorporando sintes tenebrosos.

Pero, salvo algún detalle interesante de producción -como el efecto de caja registradora en ‘Monopoly Man’ o las texturas halloweenescas de ‘Grudges’, habituales en Martinez-, el estilo dark pop del álbum, sumado a sus vagos ecos de hip-hop, pop barroco, bedroom pop y una estética cercana a ‘Born to Die‘ (2012) de Lana Del Rey, no logra disimular lo insustanciales que le han quedado las canciones.

Resultan especialmente planas las melodías vocales, como las de ‘Is This a Cult?’ o ‘Grudges’; ‘Disney Princess’ no pasa de ser un alt-rock guitarrero masticado, y ni siquiera el intento de dinamizar el ritmo del álbum -con valses en ‘Weight Watchers’, atmósferas etéreas en ‘Avoidant’ o electrónica de esa ‘The Plague’ que recuerda a Billie Eilish cuando supuestamente Eilish la copiaba a ella- logra que las canciones suenen como algo más que versiones diluidas de su propio repertorio.

La inspiración de ‘Cry Baby‘ o incluso del reciente ‘Portals‘ no ha acompañado a Martinez esta vez. ‘HADES’ es un disco conceptual fallido: reviste de trascendencia canciones vacías, abarca demasiados temas como quien consume una noticia trágica tras otra a través de redes sociales, y termina sintiéndose como ese mismo purgatorio que, para Melanie Martinez, es el mundo. Si este es el libro, esperemos que la película que se avecina, titulada igual, sea mejor.

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Publicado por
Jordi Bardají