Las excursiones musicales de las superestrellas pueden salir muy bien, muy mal o regular. Flea, bajista de Red Hot Chili Peppers, puede decir que su disco jazz simboliza un retorno a sus orígenes más que una desviación, ya que la trompeta fue el primer instrumento que aprendió a tocar, antes que el bajo, y de pequeño estuvo obsesionado con el jazz tras descubrir ‘Cherokee‘ de Ray Noble mientras su padrastro la escuchaba. El elemento biográfico de ‘Honora’ llega incluso al punto de que el título del álbum proviene de su suegra, retratada en la imagen de joven, en los años 60.
La mujer de Flea, Melody Ehsani, es californiana de orígenes persas, por lo que es imposible no establecer una conexión -aunque no sea intencionada- entre el lanzamiento de ‘Honora’ y la situación política actual, sobre todo cuando el propio Flea sitúa el manifiesto político ‘A Plea’ al principio del disco, denunciando las “guerras civiles” y pidiendo paz. “Me dan igual tus opiniones políticas”, grita mientras el tejido de trompeta, bajo y flauta alto (tocada por el padre de Kamasi Washington) serpentea detrás suyo, transmitiendo una calma nerviosa.
Incluso cuando las baterías se intensifican en ‘A Plea’, la pieza nunca explota ni pierde los papeles. Es muy representativa de un disco que se acerca al jazz desde la humildad de quien se sabe aprendiz, pero que no renuncia a cierta ambición en la exquisitez de arreglos e interpretaciones, sin dejar de ser accesible. ‘Honora’ es un disco disfrutable por méritos propios, aunque la mitad de su repertorio sean versiones, conectado de nuevo con la tradición del jazz de adaptar estándares.
‘Honora’ es uno de esos discos donde el artista saca a relucir todo su conocimiento, siempre bien rodeado. Recorre el disco un activo sistema nervioso levemente bombeado con el punteo de bajo eléctrico de Flea, que no solo toca la trompeta en el disco, aunque este es el instrumento principal. El bajo funky de ‘Traffic Lights’ le recordó a Atoms for Peace -donde era integrante-, por lo que no dudó en llamar a Thom Yorke para que cantase su típica letra sospechosa de la modernidad, y los aires soul-funk-rock de ‘Free As I Want to Be’ subrayan esa sensibilidad rock solo sugerida a lo largo del disco, con gran protagonismo de una guitarra eléctrica de sabor blues y setentero.
La pieza central de Honora es ‘Frailed’. Es la más ambiciosa por su duración (10 minutos), pero sale airosa del reto. Es un bello tapiz de exquisito chill-jazz donde la trompeta de Flea converge con la flauta de Warren Ellis, la sutil percusión de Mauro Refosco, el piano de Josh Johnson -que produce todo el disco y ya había colaborado con Red Hot Chili Peppers– y una nube de teclado analógico -un Fender Rhodes, para ser exactos- tocada con suma delicadeza, resultando en una pieza que se desarrolla con paciencia y sabiduría.
‘Morning Cry’ es un correcto intento de bebop, aunque excesivamente calmo; no termina de brillar como experimento. Las versiones son donde el álbum deja resultados más irregulares. Hay que decir que es original la idea de traducir ‘Thinking Bout You’ de Frank Ocean al paisaje sonoro de este álbum, pero el resultado me recuerda demasiado a esas insufribles versiones de éxitos pop que suenan de fondo en las cafeterías modernas de las capitales urbanas. El arreglo orquestal es elegante, eso sí.
Nick Cave evita que la adaptación de ‘Wichita Lineman’ caiga en un destino similar, gracias a su grave y tremenda voz, aunque la deconstrucción de la canción original se acerca peligrosamente a ese punto por culpa de su enfoque relajado, casi neutro. Flea aprovecha esta sosegada versión del gran clásico de Glen Campbell para sacar otro de sus trucos mágicos, concretamente un flumpet, que es un instrumento de viento-metal híbrido entre una trompeta y un fliscorno.
Realmente, la versión más interesante del repertorio es la de ‘Willow Weep for Me’, un estándar popularizado entre otros por Billie Holiday en los años 40, a la que Flea da un giro completo adaptándola principalmente al sintetizador Moog, convirtiendo su plegaria romántica en una exploración sci-fi casi irreconocible. El Moog no lo toca él, sin embargo, sino Josh Johnson, mientras Flea acompaña con la trompeta, subiéndose a su hombro como el pajarito de la portada.