Música

Soleá Morente: «Es normal que estemos buscando a Dios hasta debajo de las piedras»

La locura en las salas es tal que no es hasta el 23 de abril que Soleá Morente podrá presentar su disco ‘Sirio B’ en la Sala But. En realidad, ella confiesa incluso con cierto pudor que ya está trabajando en otro álbum. Pero de momento toca hablar de este álbum que construyó junto a Guille Milkyway entre mil y un viajes a Barcelona en tren.

Precisamente Guille Milkyway será uno de los artistas que acompañará a Soleá en el concierto en Sala But, como parte de la programación de Ochoymedio, además de Rufus T Firefly y Estrella y Kiki Morente. Entradas, aquí.

Al principio, cuando sabíamos que estabas haciendo las canciones con Guille Milkyway, imaginábamos que ibas a tirar por la rumbita o ese sonido un poco más de él, con tu estilo… Al final es un viaje muy dispar. ¿Cómo has llegado a una cosa tan diversa?
El disco consiste en este intercambio musical que hemos hecho Guille y yo. Hemos escuchado muchísima música y acercarme a Guille ha sido una experiencia mágica y todo un lujo, porque yo era muy fan de La Casa Azul, de las canciones, de su sonido, pero no sabía cómo era Guille componiendo, escribiendo… Ha sido una aventura increíble. Es un tío que sabe infinidad. Es como un talento superdotado. Nunca pensamos en hacer un disco que suene a garage, o bedroom pop, o europop… Nada de esto, sino que íbamos escuchando música e intercambiábamos. Yo le ponía mucho flamenco, él me ponía música de todo tipo, desde clásica hasta las novedades más actuales. Íbamos eligiendo sonidos y, según el mensaje que queríamos lanzar en cada canción, que también surgía de manera muy intuitiva y nada premeditada, íbamos seleccionando la producción o el sonido. Por ejemplo, con ‘Soleá del mar’ teníamos muy claro que fuese un discurso, un alegato contra el lugar común.

¿Por qué te puso música clásica?
Escuchábamos a Bach, recuerdo, y creo que era que estábamos haciendo ‘Ensoñación Nº9’, que al mismo tiempo es un ejercicio de colombiana flamenca, inspirada en una colombiana de Juanito Valderrama, y la producción es muy de Esquivel!

¿Cómo ordenáis toda esta amalgama de sonidos distintos? Porque el disco tampoco es un viaje que vaya de menos a más, de las canciones más tranquilas a la traca final, sino que está todo mezclado a lo largo de la secuencia.
Sí, eso es algo que a mí me caracteriza a la hora de trabajar. Me gusta… No el desorden, pero sí que no me limite el hecho de que todo tenga que seguir un orden premeditado, sino trabajar mucho a favor de la intuición, de la improvisación, del impulso y dejar que el tiempo enigmáticamente vaya dejando como un cierto orden. Y Guille resulta que pensaba igual que yo. Entonces nos juntamos los dos, vamos trabajando y vamos haciendo canciones. Luego nos encontramos con este diálogo de géneros musicales, texturas, discursos, estados…

«Me gusta que no me limite que todo tenga que seguir un orden premeditado»

Yo sí que veo desorden, ¿eh? Para bien, en el buscar cosas contrapuestas. De repente vienen los ritmos más urbanos, se van, luego vuelven; la rumbita lo mismo, va y vuelve… ¿Cuál es la línea que separa el «vamos a tirar un orden cualquiera» y este que hay?
El orden en concreto ha sido una vez que teníamos ya todas las canciones. Decidimos comenzar en un estado de ensoñación, que es un estado que se repite a lo largo del disco, esas huidas o evasiones a lugares idílicos, momentos como muy de sueño… En medio hay dos interludios, que son ‘El lenguaje de las estrellas’ y ‘Mírame (tengo WOAAA)’, que incluso ese mismo tema es un ejercicio de reconvertir algo que no era nada. Yo estaba cantando, improvisando en el estudio, y me equivocaba y decía: «Ay, es que, Guille, me ha salido mal». Y él cogía eso y lo resignificaba en algo potente, en una canción. Entonces, era todo muy a favor de la intuición y lo que iba haciendo. Para nosotros, este orden es un viaje que comienza con un estado de ensoñación, pasa por muchos lugares y termina en ‘Amor mío’, que es un canto a lo que no pudo ser en el pasado, pero no quiere decir que porque no haya podido ser no pueda ser ahora. Y más con nuestro viaje a Sirat o Sirio B o no se sabe muy bien dónde hemos ido. Hemos ido a un lugar en busca de algo que aquí en La Tierra no encontraba.

Lo de la ensoñación tiene mucho que ver con la portada. ¿Es lo que buscabais?
Sí, este disco tiene algo muy de misterio. Yo diría que se escapa un poco al control. Por mucho que queramos controlarlo, como que siempre se nos ha escapado un poco y ha aparecido la vena del misterio, lo intangible, lo místico, porque cuando me llegó el vinilo y lo vi, dije: «Ostras, si es que es un aterrizaje, es un despertar de una ensoñación». Es la sensación que tengo.

¿A ti te gusta el control, tener las cosas controladas, o te gusta que haya un poco de descontrol en la vida?
Me gusta y necesito las dos cosas. Yo soy una persona muy dual y siempre me ha pasado. Pensaba que era algo de la juventud, de la adolescencia, pero no. Ya tengo una edad y voy viendo que es algo que forma parte de mi manera de ser. A la hora de escribir me pasa igual. Las canciones son medio poesía, medio tierra, ¿no? Estoy dividida entre lo divino y lo terrenal, el orden y el desorden, lo sagrado y lo profano…

«Me gusta el descontrol tanto como el control. Pensé que era algo de la juventud, pero no»

Nunca te conviertes en esa persona perfecta que tiene todo controlado emocionalmente…
Yo, por más que lo espero, nunca llega. Bueno, también es algo que nos mantiene vivos. Esa lucha interna te mantiene viva la llama de la curiosidad, de la investigación, la llama del deseo del viajante, del caminante, o del soñador. ‘Sirio B’ es totalmente un reflejo de esa personalidad. Siempre suelo hacer estas cosas de representar la dualidad interna en canciones y en ‘Sirio B’ esto se acrecenta, se acentúa, quizá por el estado de madurez en el que me encuentro.

Ese estado de madurez. ¿En qué lo reconoces?
He entrado en los 40. Y eso, parece que no, yo creía que era una tontería, pero sí que se nota para bien. Lo reconozco en la serenidad. Y en cómo me voy tomando las cosas. Las cosas que antes me importaban mucho, ahora me importan menos.

¿Por ejemplo? ¿Qué no te importa tanto ya?
Antes le daba más importancia a dónde me dirigía. Y quién me iba a escuchar, cuántas personas me iban a escuchar… Normal, eres joven y tienes unas ansias de éxito diferentes a las de ahora. Para mí, ahora el éxito está en poderme expresar con sinceridad y con valentía, y no tanto en el número de oyentes o el número de likes, que antes era algo que me podía preocupar.

«El éxito está en poderme expresar con sinceridad y con valentía, y no tanto en el número de oyentes o el número de likes, que antes era algo que me podía preocupar»

A lo que nos ha llevado esto de las estadísticas públicas, que está tan manipulado e influye tanto en la contratación, en tu salud mental, en tu carrera… ¿Tú eso lo has sufrido mucho?
Hombre, claro que lo habré sufrido y que me habrá, en algún momento, afectado. Pero bueno, he estado con Elefant Records, que es un sello independiente, y eso ya es una declaración de intenciones, absolutamente. Yo creo que a todos nos afecta, pero desde el comienzo ya tenía muy claro por dónde quería tirar, que es un poco la escuela de mi padre, a favor de otros valores y de otras necesidades. Con todo y con eso, hablando de la madurez, cuando eres jovencita lo ves de otra manera. Ahora me siento satisfecha, más tranquila y más en búsqueda de la esencia, que es lo que nos diferencia, más que de lo que nos hace ser iguales y pertenecer a un grupo.

Sale Madrid en el disco un par de veces. También en las letras hay una referencia a LA Almudena, hay alguna calle, algún bar… ¿Qué te parece cómo está Madrid ahora mismo?
Me parece que está preciosa. Yo soy madrileña y de la familia, con mi madre, soy la única. Todos son granadinos. Madrid me tira, la llevo en las venas. ¿Y cómo está ahora? No sé, llena de gente bonita, de gente diversa. Quería que en este disco quedase para siempre ya retratada esta etapa de mi vida, porque estoy de alquiler y no sé si me renovarán contrato o no.

Esa es la cosa, que esto se ha llenado de turistas…
Claro, no me extraña. A ver, esa es la pena, ¿no? Como siempre, los alquileres suben mogollón y es difícil resistir en el centro. Quería que en ‘Azalea’ quedasen retratados esos momentos donde tanto he conversado con el cielo de Madrid. Me han pasado muchas cosas. Me ha parecido siempre curioso esa parte de Madrid que está entre un puente suicida y dos catedrales. Entre la vida y la muerte, la fe, la desesperación. Todo este tiempo me ha hecho pensar mucho acerca de esta dualidad y eso está patente en ‘Sirio B’.

«No soy practicante de ninguna religión, pero sí creo en Dios y la simbología religiosa me interesa»

Ahora que hablas de iglesias, también está la canción de ‘Gitana María’ en el disco. Me pregunto cuán religiosa eres.
No soy practicante de ninguna religión, pero sí creo en Dios y la simbología religiosa me interesa. Creo que hay algo ahí potente que me hace conectar con la parte de las divinidades. Pasaba tiempo en la catedral de la Almudena. A veces me metía dentro, me sentaba e incluso hablaba con el Cristo que hay allí. Un día necesitaba fumar y hubo un momento que tuve una conexión con él: «¿Por qué no se puede fumar aquí?». Tuve una conversación con él que me decía: «Por mí, podrías hacer lo que te dé la gana, pero mira cómo estoy yo». He tenido conexiones con lo espiritual, con lo religioso, pero no pertenezco a una religión. Creo que con la edad me está pareciendo muy interesante acercarme a ello.

Te iba a preguntar si te venía de pequeña o de después, porque hay varios artistas que están empezando a hablar más de Dios en las canciones y tal. Y lo hablamos un día con Rigoberta Bandini cuando vino al podcast, lo de la moda de Dios. Yo ya daba la conversación sobre Dios por perdida, la verdad.
Eso da para una canción. Qué guay. Pues mira, no me viene de pequeña, de hecho, me está pasando ahora. No sé por qué será. Hay una sensación de preocupación, de culpabilidad, de estrés, de tensión, de agobio, muy generalizada.

«La paz se ha convertido en un lujo. Estar un rato tranquilo es como un lujo efímero, además»

Estamos obsesionados todos con las redes, en mayor o menor medida, y necesitamos algo, te voy a decir fantástico o abstracto. Como decía Unamuno, como que necesitamos que haya algo más.
Necesitamos luz y necesitamos, sobre todo, paz. La paz se ha convertido en un lujo. Estar un rato tranquilo es como un lujo efímero, además. Es normal que estemos buscando a Dios hasta debajo de las piedras.

Antes me has dicho que te han pasado muchas cosas en estos cuatro años. ¿Qué te ha pasado que se pueda contar?
En cuatro años pasan muchas cosas, pero saqué ‘Aurora y Enrique’, que ha sido una experiencia maravillosa. He estado girando dos años y medio con ese disco. En lo personal, me lo reservo para mí, pero he pasado por muchos estados que me han hecho escribir canciones, saqué ‘Mar en calma’, he hecho ‘Sirio B’ y ya he escrito otro disco.

¿Cómo va a ser ese disco?
Ostras, no lo sé todavía. No sé muy bien cómo explicarlo, pero creo que volveré un poco a ‘Aurora y Enrique’. Este no va a ser con Guille Milkyway.

¿Y eso?
Ya hemos currado en ‘Sirio B’ muchísimo y, bueno, a mí me encantaría seguir trabajando con Guille toda la vida, pero a lo largo de estos años, como te decía, he ido escribiendo, componiendo, mogollón.

¿Habéis hecho mucho a distancia, no?
No, todo era en el estudio de Sant Cugat. A lo largo de dos años y medio… Ya casi me consideraba del pueblo. Conocía al panadero, todos los restaurantes, me iba a la iglesia del monasterio… No sé si conoces Sant Cugat del Vallés. A distancia, lo que hacíamos era que nos mandábamos mogollón de audios con melodías, ideas de letras… Luego íbamos al estudio y decíamos: «¿Te acuerdas de la nota que te mandé de la canción, de la referencia de no sé qué?», pero todo ha sido en su estudio.

¿Nunca ha sido una opción hacer un disco sobre todo rumbero? Se os ve súper frescos en ese género.
Yo creía incluso que íbamos a tirar por ahí porque la rumba nos unió. Yo recuerdo perfectamente el día que escuché la canción de ‘Yo también’, de La Casa Azul. Iba en un viaje Granada-Madrid en el coche con mi padre y llevaba los cascos puestos. Y recuerdo que a mi padre no le gustaba nada que en el coche fuésemos aislados mis hermanos y yo con los cascos. Quería aprovechar ese momento para hablar y tal, pero a veces, a escondidas, nos poníamos los cascos. Cuando descubrí la canción, me los quité y dije: «Papá, mira esto, qué guay. Es como Los Amaya, pero futuristas». Y recuerdo que mi padre me dijo que le parecía muy bonita y que le encantaba. Le dije: «Papá, un día me gustaría sonar así, me gustaría ser una cantante como este cantante». Y ahí yo ni siquiera me había hecho ni lo de Los Evangelistas. Entonces, la rumba nos unió. Yo pensaba que íbamos a tirar por ahí, pero Guille me sorprendió muchísimo con los giros de volante que ha ido dando y ha sido como un descubrimiento continuo. No he parado de sorprenderme durante todo el proceso de creación.

Tu padre sale en la parte más loca de este disco, yo creo. ¿Cómo ha sido rescatar esas grabaciones?
Ha sido una de las cosas más bonitas que me ha pasado en la vida. Es algo por lo que le estaré agradecida eternamente a Guille. Tengo muchas cosas que agradecerle porque creo que soy una artista diferente a la que entró en ese estudio de Sant Cugat. Ha sido como una especie de viaje al futuro o algo así. Esta sorpresa de ‘Mercurio y seda’ ha sido una cosa increíble, que además hace todavía más realidad esta idea de lo místico del disco, del estado de la ensoñación, del que lo imposible sea posible. Guille ha hecho posible que pueda cantar con mi padre en un disco tan importante para mí como este y sonando a máxima actualidad.

¿Se barajaron varias grabaciones de él o esta era la que teníais en mente para hacer lo que queríais hacer en la canción?
Guille lo tenía muy claro. Fue más bien una sorpresa, porque yo le he puesto mucho a mi padre a Guille. Le ponía mucha música de mi padre. ‘Mercurio y seda’ es un homenaje a ‘Omega’, que es una obra que todos conocemos y que ha sido un punto de inflexión en la música. De alguna manera tenía que estar, pero ni siquiera eso ha sido premeditado. Yo recuerdo que ese día que estábamos trabajando en la canción, yo estaba cantando la seguiriya de ‘Mírame a los ojos’, que pertenece al disco de ‘Despegando’, y lo mezclaba con lo de ‘Omega’, lo de «Tú vienes vendiendo flores». Y él me dejó, puso el micro y me dejó cantando. Me decía: «Sigue improvisando en este tono». Y él se quedó currando toda la noche y cuando llegué al día siguiente es como si hubiesen venido los mejores Reyes Magos de mi vida. Me emociona contarlo porque me dijo: «Siéntate, que te voy a poner una cosa». Había traído a mi padre a la tierra de nuevo. Flipé.

La verdad es que incluso esa parte del disco deja un poco incluso ganas de más, de un disco entero mezclando la voz de tu padre con la tuya. Es muy loco.
Tiene algo ahí que impresiona, que engancha. Y esto que tiene Guille… Es un puto genio.

Luego está la parte del drill, del trap, no sé cómo llamarlo. Antes hablabas de ‘Soleá del mar’. Hay un par de frases medio de rap, ¿no?
Sí. Este fue otro reto increíble y queríamos un poco ir por ahí en el discurso. Guille me puso a Bb trickz. En concreto, la canción ‘VIVA ESPAÑA’, y flipé. Me dijo: «Mira esto, qué guay». Yo le dije que no sabía hacer eso. Me dijo: «Aquí nos estamos atreviendo con muchas cosas que creías que no podías hacer y que juntos y de la mano verás como puedes». Cuando me di cuenta ya estaba diciendo el texto a tope.

Hay un par de frases que me han llamado la atención en esta canción, la de que te fuiste de Granada con una mano delante y otra detrás y la de «Mi vida se paró hace tiempo». Explícame estas dos frases.
Es que has ido al punto… A ver, lo de una mano delante y una detrás en Granada… Bueno, un poco eso, la lectura más metafórica que tiene es que te tienes que ir de tu ciudad, de Granada a Madrid, para poder avanzar y seguir construyéndote y estar un poco en el epicentro donde hierve todo. Es una crítica a que el mundo no debería funcionar como funciona. Este sistema de la opresión, del poder… No sé, lo que hablábamos, que nos tienen ahí asfixiados. A mí lo que me gustaría sería vivir en Granada, viendo la Alhambra, poder estar escribiendo y componiendo. Y no, vas ahogado, no hay mucho tiempo para las cosas realmente importantes en la vida y es una pena que vivamos así. Y la otra frase, la de «mi vida se paró ya hace tiempo»… Todos tenemos un momento en la vida que no olvidas jamás y que te cambia… Voy a pensar cómo te puedo contestar a esto (…) Por supuesto, podría referirse a la muerte de mi padre. Son estos golpes duros de la vida que te hacen crecer, te hacen más fuerte.

¿El disco es triste? ¿Las letras tú crees que son tristes?
Bueno, es un canto a la melancolía desde la luz, desde la esperanza, desde una visión de futuro luminosa. Esto lo hace muy bien Guille y me fascina. Cómo le canta a la melancolía, pero te hace bailar y que la adrenalina suba por las nubes. No lo ocultamos ni lo escondemos. Es algo que nos motiva, que nos inspira y es una parte de la vida y del ser humano que está ahí y que es guay compartirlo.

Luego la música saca mucho color y ganas de baile, cachondeo… Pero de repente esta frase es como aferrarte a algo que no está en este mundo. Es muy desgarrador.
Sí, esta canción es especial y hay alusiones a momentos difíciles. Al mismo tiempo, es una crítica general a lo puteados que estamos.

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Publicado por
Sebas E. Alonso