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Kacey Musgraves / Middle of Nowhere

Desde ‘Golden Hour’, su aclamadísimo tercer álbum, la vida de Kacey Musgraves ha sido toda una montaña rusa de emociones. Poco después del lanzamiento de este trabajo, dedicado a su entonces marido Ruston Kelly, se divorció, y así, en ‘star-crossed’ se alejaba del country para abrazar el pop reflexionando sobre esa dolorosa ruptura.

Para cuando lanzó el folky ‘Deeper Well’ cuatro años más tarde, ya había experimentado de nuevo con otra pareja la euforia del amor y las devastadoras consecuencias de cuando se termina. Ahora llega a ‘Middle of Nowhere’ con muchas lecciones aprendidas, y sobre todo, con la tranquilidad de sentirse a gusto con este preciso momento, sin necesidad de estar constantemente buscando la felicidad en otro sitio o en alguien que no sea ella misma.

Musgraves vuelve a las raíces country de sus dos primeros y excelentes álbumes ‘Same Trailer Different Park’ y ‘Pageant Material’, y explora con especial atención el diálogo musical fronterizo, aportando ciertos toques de música tejana y norteña. También, como ya encontrábamos en ‘Deeper Well’, la influencia del soft rock de los 70 continúa presente. Aunque a diferencia de la irregularidad de sus dos últimos trabajos, ‘Middle of Nowhere’ se beneficia de tener una secuencia más robusta y consistente. Sin alcanzar los altos vuelos de aquellos tres primeros elepés, ofrece una muy buena versión de la cantautora.

En la pieza clave del álbum, ‘Loneliest Girl’, Musgraves insiste en que nadie debe preocuparse por lo que se puede estar perdiendo. Está feliz siendo solitaria, sin tener que fingir que le caen bien los amigos o la madre de nadie. La voz dulce de la cantante guía a una producción melancólica, con preciosos arreglos de cuerdas. En la misma línea, destaca ‘Back On the Wagon’, una tradicional balada country-pop, que es tan agradable como pegadiza.

Por supuesto, no sería un álbum de Kacey Musgraves sin sus grandes dosis de humor irónico, y aquí encuentra la inspiración para entregar algunas de sus más divertidas ocurrencias. ‘Dry Spell’ es algo que solo podría firmar ella, una gran canción sobre llevar 335 días sin sexo y estar cachonda perdida (o mejor dicho, “Lonely with a capital H”). En ‘Horses and Divorces’, hace las paces con Miranda Lambert (parece que también es “confusing to be a cowgirl”), con quien siempre había tenido cierta tensión, en una suerte de ranchera a dúo donde, borrachas, exponen sus puntos en común: caballos, divorcios, su gusto por beber y por Willie Nelson. Precisamente, la leyenda nonagenaria de la música country también aparece como invitado en la estupenda ‘Uncertain, TX

’, muy arraigada a la tradición tejana.

Las otras dos colaboraciones del disco dejan igualmente buenos momentos. Gregory Alan Isakov participa en la lánguida ‘Coyote’, en la que los punteos de guitarra acústica evocan el recuerdo de un antiguo amor; y en ‘Everybody Wants to be a Cowboy’, Billy Strings se une a Musgraves, creando bonitas armonías vocales.

El tramo final se compone por una triada de sentidas composiciones. ‘Rhinestone’ recupera el country pop azucarado de ‘Golden Hour’; ‘Mexico Honey’ se construye sobre una melodía sensual, donde la voz de Kacey suena preciosa sobre una manta de cuerdas; y, finalmente, ‘Hell On Me’, es una balada sencilla, que si bien se podría prescindir de ella y nadie la echaría de menos, es lo suficientemente agradable para que su presencia no reste.

En este momento vital algo incierto para ella, volver a sus raíces, a esos sonidos más tradicionales, le ha sentado bien a la cantante texana. ‘Middle of Nowhere’ muestra a una artista en paz consigo misma, aceptando que no solo no pasa nada por sentirse en mitad de ningún sitio emocionalmente, sino que se puede incluso disfrutar de ello.

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Publicado por
Fernando García