El homenaje de Julieta Venegas a la música norteña y a su infancia en Tijuana no es tradicionalista, en el sentido de que Venegas no ha tratado de hacer un disco folclórico al uso, sino que ha captado un aire norteño, pero a su manera y desde su propia perspectiva biográfica. De hecho, el lanzamiento de ‘Norteña’ coincide con el de su libro de memorias, y Venegas cuenta que ‘Norteña’, el disco, no es más que una autobiografía musical.
Esta huida de la rigidez folclórica se ve compensada gracias al enfoque pop de Venegas y a su exquisito gusto como compositora. Las canciones de ‘Norteña’, con un enfoque muy narrativo en sus letras, cuentan historias de idas y venidas, de reencuentros y despedidas, y captan un aire colaborativo evidente en artistas invitados y en la expansiva instrumentación.
Una abundante variedad de cuerdas, metales, el icónico acordeón de Venegas y otra multitud de timbres pueblan el universo de ‘Norteña’, mientras las letras exponen emociones sinceras, pero siempre de forma adulta e inteligente. Venegas afirma que el retorno a las raíces es una “reacción al mundo tecnológico”, y su respuesta es ‘Tiempos dorados‘, un regional mexicano arropado de requinto y trompeta, que imagina una vida menos secuestrada por la inmediatez: “que vuelva el misterio y el aburrimiento, el no saber nada”, clama. La amistad es un tema recurrente: en ‘Tengo que contarte’ se describe el apoyo entre dos amigas, siempre desde una positividad en la que la tristeza nunca se nombra directamente, solo se habla de “algo parecido”, y la pista menor ‘Amigas’ cuenta una reunión entre dos amigas, con una querencia más orquestal.
El disco de Venegas llega en un tiempo extrañamente oportuno debido al drama de las deportaciones del ICE en Estados Unidos, pero ‘Norteña’ no responde directamente a esta situación ni la explota vendiendo drama barato; de hecho, la canción más explícitamente dedicada a las deportaciones de inmigrantes, ‘La Línea’ (la que separa las fronteras), se escribió hace dos años. Un dueto con Yahritza y Su Esencia, ‘La Línea’ transmite en realidad toda la esperanza posible, mientras el conjunto del estribillo vocal y la línea melódica del acordeón, cargada de melancolía, construye un nuevo clásico de Venegas que pocos han visto venir.
Venegas entrega dos cumbias como dos soles, ‘Leyendas de Tijuana’ y ‘Volver a ti’, que con ecos fronterizos, reiteran la temática de regreso al hogar o al encuentro de una persona amada. No todo el disco sigue su mismo nivel, ya que en la segunda mitad de ‘Norteña’ encontramos canciones sólidas, pero no igual de brillantes, como la exultante ‘Caprichos del azar’, emotiva en su retrato de un reencuentro; o ‘Esquina del mar’, que habla de mudarse a otro país en busca de nuevas oportunidades, manteniendo siempre el sabor optimista del disco. El verso “cruzamos la línea, fuimos a buscar a nuevas ciudades” conecta directamente con ‘La Línea’, fortaleciendo esa línea narrativa y conceptual del proyecto.
Ni la alegre ‘Terca’ ni la festiva ‘Te celebramos’ construyen los momentos más memorables del álbum, pero ‘Norteña’ es capaz de ganarte desde otros lados, no solo a través de la franqueza emocional de sus letras, sino también a través de su cuidada estructura narrativa, también reflejada en lo instrumental: no puede ser casualidad que el folk de cámara de ‘Callaron las canciones’ marque el ecuador del álbum, con su tono taciturno e incluso oscuro, y que de ahí pasemos a ‘Terca’ recordando la infancia, despejando ese misterio previo. ‘Norteña’ es viaje y retorno, a la vez.