Esta semana hemos visto a David Uclés bailar un vals y cantar un fado en el programa de Marc Giró. También ha hablado en ‘Cara al Show’ de su manía de dar 3 vueltas alrededor de las catedrales y alrededor igualmente de los hombres que le gustan. O de cómo se marea hasta el desmayo cuando alguien tararea una canción a destiempo. Escritor, personaje televisivo y friki de profesión, Uclés ha ido al programa sobre todo para advertir que se retira 2 años de la vida pública. Viajará, cantará en la calle donde no le conozcan, seguirá escribiendo.
No extraña: en las últimas dos temporadas ha vivido una sobreexposición brutal. La normal cuando pasas de vender algo parecido a cero a 300.000 ejemplares de una novela, y cuando tienes un discurso político tan concreto. Muy crítico con Ayuso (Isabel, ojo que viene Daniel), retado por Jiménez Losantos y conocido por un famoso desplante a Aznar y Arturo Pérez Reverte en una charla, David Uclés necesita un descanso que empleará en terminar, entre otras cosas, la segunda parte de su gran hit ‘La península de las casas vacías’. Contará la historia del franquismo, donde la primera contaba la de la Guerra Civil.
‘La península de las casas vacías’ no tiene una vocación didáctica al respecto, como recientemente la excelente obra de teatro de 4 horas ‘1936’. Lo que no significa que el autor no haya tenido un ansia documental muy profunda. David Uclés, que en principio estaba escribiendo una novela sobre el árbol genealógico de su familia, inspirado por las historias que le contaba su abuelo y otros vecinos de su pueblo en Jaén, aprovechó la beca Leonardo para visitar 75 ciudades del país y escuchar historias de todos los bandos, de cómo se fusiló a rojos y también se colgaba a curas. Se leyó ensayos sobre la guerra de izquierdas y de derechas, nacionales y sobre todo británicos, y ese nivel de detalle y cierta ansia de objetivar, se aprecian en el libro.
Pero su mayor aportación es la imaginación y la fantasía. Uclés se sirve de algunos hechos históricos desoladores, como La Desbandada, el horror de Guernica, la Batalla del Ebro, Paracuellos o la caída de Madrid, para contar la historia de una familia de Jándula, un pueblo imaginario jienense, desde el prisma del realismo mágico. Cuenta David que la vida le cambió cuando se leyó las primeras 20 páginas de ‘Cien años de soledad’ -aunque luego no se lo terminara-, porque se dio cuenta de que quería hacer algo similar. La superstición, la mitología, una naturaleza endiablada y hostil o a veces fraterna -la lluvia caliente que ducha- marcan la trama, contada a su vez por un narrador que se pasa de omnisciente. Te dice hasta la canción que tienes que escuchar mientras lees, interactúa con personajes tanto de a pie como con Franco y hasta hay ocasiones en que solo se le puede calificar como trol, incluso insoportable. Que haya gente a quien le caiga mal David Uclés forma parte del juego.
El prólogo atrapa, impresionante («he aquí pues la historia de la descomposición total de una familia, de la deshumanización de un pueblo, de la desintegración de un territorio»), tanto como la hábil selección de citas sobre Españita con que empieza el libro: «En España somos grandes cuando somos cien; más, nos entrematamos» (Max Aub) o «Nadie ha cuidado de enseñar a los pueblos que la muerte y la guerra son mucho más fáciles que la paz y la vida» (Clara Campoamor), entre otras por ejemplo de Unamuno, uno de los muchísimos cameos que forman parte de la trama.
Uclés honra a sus antepasados y los de todos retratando lo descarnado de una guerra, haciéndonos empatizar con los personajes desde el segundo uno, muchos de los cuales ni siquiera eran de ningún bando, sino que simplemente «pasaban por allí» como tantos españoles que murieron. El componente fantástico deja algunas imágenes tan visuales, impactantes y cinematográficas que te parece haberlas visto en gran pantalla (la «desaparición» de una de las hermanas prueba que él se considera «un escritor de imágenes»), al tiempo que despierta tu curiosidad por lo que pasó de verdad en España hace menos de 100 años.
Es un libro de llamada a despertar y a la acción, pero también profundamente arriesgado e imaginativo en estructura y propuesta formal. La ausencia del capítulo 96 por censura expresa de Franco, el modo en que se hilvanan unas historias y otras, o en que la familia se va desmembrando hasta llegar a enfrentar en bandos distintos a dos de los hermanos construyen un vuelapáginas -los capítulos son brevísimos- de lo más osado. Hoy solo puede ser entendido como un triunfo total, pero es todo tan increíble que tampoco sorprende que muchas editoriales como Planeta rechazasen publicarlo por la enorme ida de olla que supone. 10.
Decenas y decenas de personajes ilustres procedentes de diferentes épocas protagonizan la novela, situados en la Barcelona de, en principio, los años 40. Escritores como Carmen Laforet y Carlos Ruiz Zafón, pintores como Picasso o Dalí (porque Uclés también pinta), cantantes como Sílvia Pérez Cruz o Rosalía, deportistas como Fermín Cacho o Magic Johnson aparecen y desaparecen en torno a un apagón, desde antes de que España recientemente viviese uno (el libro fue escrito entre 2021 y 2024).
Esto sirve como excusa a David Uclés para de nuevo jugar con lo formal (hay unas páginas en negro sin texto), si bien esta vez coqueteando peligrosamente con el «name dropping» más superficial. A menos que conozcas muy bien las mentes de todos los artistas citados, es difícil comulgar con ellos de la forma en la que comulgaste con la familia de Odisto.
Aunque no lo sea porque ya estaba terminada hace rato, ‘La ciudad de las luces muertas’ parece una novela improvisada para aprovechar el boom de la anterior, resultando demasiado corta y muy apresurada, aunque es verdad que casi nunca pierde el foco. Más política y menos objetiva que la anterior, no deja de ser una metáfora sobre la lucha contra el fascismo, realizada desde una de las ciudades menos fascistas de España. 7.