Cine

‘Cape Fear’ y la cuestión de los remakes “innecesarios”

Cada vez que se estrena un remake de un clásico de Hollywood aparece entre la crítica la palabra mágica: “innecesario”. En la actualidad, dada la tendencia a convertir películas icónicas en series o miniseries, los reproches sobre su “necesidad” se han multiplicado. De hecho, el temor al rechazo que suscita la etiqueta remake ha llevado a muchas productoras a justificar estos proyectos apelando a su origen literario: no es un remake, eh, sino una “nueva adaptación” de la obra original.

‘Cape Fear’ (Apple TV) comenzó a ser cuestionada desde el mismo momento de su anuncio. La gran paradoja es que muchos de los reproches que está recibiendo ahora la serie ya los sufrió en su día la película de Scorsese (solo hay que leer las criticas tras su presentación en el festival de Berlín). ‘El cabo del miedo’ (1991) era un remake de ‘El cabo del terror’ (1962) que a su vez adaptaba la novela ‘Los verdugos’ de John D. MacDonald (reeditada este año en Debolsillo con el título ‘El cabo del miedo’).

En un ecosistema audiovisual plagado de secuelas, precuelas, reboots, spin-offs, remakes y universos expandidos, ¿de verdad tiene sentido seguir planteando el debate en esos términos? La cuestión debería ser otra: ¿existe una razón artística para hacer una nueva versión? ¿Aporta algo que justifique regresar a un material conocido? Un remake puede ser (suele ser) un refrito redundante, oportunista y perezoso, pero también puede ofrecer una relectura interesante desde otro punto de vista, otro contexto histórico o un formato diferente.

En el caso de las series, hay muchos ejemplos de remakes que son todo menos “innecesarios”. Por citar algunos de los más recientes: ‘Mr. & Mrs. Smith’ supera ampliamente a la película de 2005, ‘Fargo’ no tiene nada que envidiar al filme de los hermanos Coen e ‘Inseparables’ ofrece una relectura enormemente sugestiva del clásico de Cronenberg. Por no hablar de una versión de ‘El cabo del miedo’ que muchos parecen olvidar: ‘Cape Feare’, el divertidísimo segundo episodio de la quinta temporada de ‘Los Simpson’, que parodia la película de Scorsese.

‘Cape Fear’ no entraría en esta lista. La versión de Nick Antosca (‘Channel Zero’, ‘Nuevo sabor a cereza’), producida por Spielberg y Scorsese, no iguala ni mejora su principal referente, ‘El cabo del miedo’, ni tampoco ofrece una relectura particularmente interesante. Le faltan suspense y coherencia dramática, y le sobran subtramas de culebrón y sobreexplicaciones para espectadores con problemas de atención.

Sin embargo, es una versión muy disfrutable. Por tres razones. La primera es el dúo protagonista. Javier Bardem borda el personaje de Max Cady, logrando una mezcla muy divertida, sobreactuada para bien, entre seductor carismático, manipulador maquiavélico y psicópata zumbado. Amy Adams, por su parte, interpreta a una abogada defensora (el cambio más significativo con respecto a la película) y consigue transmitir muy bien esa mezcla de culpabilidad, miedo y determinación (destacar también a la prometedora Lily Collias, a quien descubrimos en la estupenda ‘Buena chica’; más discreto está Joe Anders, hijo de Kate Winslet y Sam Mendes).

La segunda es la atmósfera. ‘Cape Fear’ está situada en Savannah (Georgia), en plena temporada de huracanes y bajo un calorazo húmedo y sofocante. Sus mansiones, su vegetación exuberante (con el famoso musgo español colgando de los árboles) y su belleza decadente (acordaos de ‘Medianoche en el jardín del bien y del mal’) proporcionan un escenario de gótico sureño perfecto para una historia en la que, tras una fachada de respetabilidad, empiezan a aflorar secretos, culpa y violencia.

Y, tercero, su tratamiento audiovisual. ‘Cape Fear’ evita por completo la estética televisiva al uso. Abraza el exceso, el artificio y la deformación expresionista del modelo de Scorsese mediante una iluminación deliberadamente saturada y una combinación de recursos formales como zooms, barridos rápidos, distorsiones, ángulos inclinados, blanco y negro y negativos de color. Todo ello acompañado de la icónica música de Bernard Herrmann, cuya capacidad para generar una sensación de amenaza (un buen ejemplo de esta combinación de recursos es el prólogo en la piscina del octavo episodio) sigue intacta más de sesenta años después.

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Publicado por
Joric
Tags: cape fear