Pocas reediciones pueden despertar tanto entusiasmo como la de las «Ashram Tapes» de Alice Coltrane, no solo porque estas cuatro cintas llevaban décadas descatalogadas, sino porque durante todo ese tiempo han permanecido envueltas en un aura casi mítica. Grabadas entre los años 80 y 90, cuando la compositora se apartó de la industria musical para fundar una comunidad espiritual en California, reunían canciones devocionales en las que el jazz espiritual, los cantos hindúes, el góspel, los órganos y unos sintetizadores sorprendentemente cósmicos convivían en un sonido que, escuchado hoy, parece adelantado a buena parte del ambient contemporáneo.
Hasta ahora solo había sido posible acceder a una parte de este material. La recopilación ‘The Ecstatic Music of Alice Coltrane Turiyasangitananda’ -en cuya portada aparece una pequeña Doja Cat vestida de rosa- recuperó varias canciones en 2017, mientras que ‘Kirtan: Turiya Sings’ (2021) rescató la primera de las cintas, aunque en una mezcla temprana distinta de la original. Matador Records publicará ahora por primera vez las cuatro «Ashram Tapes» completas, respetando las mezclas, el orden de las canciones y las portadas con las que fueron concebidas. Dejarán de ser cintas remotas, casi inencontrables, para volver a circular.
A diferencia de piezas ya clásicas de su discografía como ‘Huntington Ashram Monastery’, publicada por Impulse! en 1969, estas cintas nunca fueron producidas para formar parte del mercado musical. Alice Coltrane las grabó, editó y distribuyó exclusivamente entre los miembros de su comunidad espiritual, al margen de cualquier sello y sin intención de comercializarlas. Eran, en esencia, lanzamientos DIY, concebidos para acompañar una práctica religiosa y artística, no para venderse en tiendas ni mucho menos para sonar modernos o para poblar listas de lo mejor del año.
Quizá por eso resulta tan sugerente que, décadas después, esas mismas cintas se hayan convertido en objetos de culto perseguidos por coleccionistas -un usuario comenta en el Instagram de Pitchfork que había llegado a encontrar una copia en Discogs con unos gastos de envío de 600 euros- y acaben siendo recuperadas por uno de los sellos independientes más influyentes del mundo. Hay algo irónico, y también bonito, en que una música creada deliberadamente al margen de la industria termine convertida en uno de los acontecimientos discográficos del año.
Existe la tentación de reivindicar las Ashram Tapes como discos «adelantados a su tiempo», una especie de proto-ambient o de electrónica espiritual antes de que existieran esas etiquetas. Pero esa lectura dice probablemente más de nosotros que de Alice Coltrane. Ella no parecía interesada en sonar moderna, ni experimental, ni mucho menos cool. Había abandonado la industria musical y utilizaba sintetizadores, órganos y coros porque eran las herramientas con las que podía dar forma a una experiencia religiosa y artística. La modernidad de estas cintas es, en cierto modo, un accidente.
Lo curioso es que temas como ‘Atma Rama’, con sus sintetizadores ascendentes y una atmósfera casi extraterrestre, u ‘Om Shanti’ consiguen provocar una sensación cercana a lo trascendental incluso en oyentes completamente ajenos a la práctica religiosa para la que fueron concebidos. Como ocurre con Fairuz, el qawwali de Nusrat Fateh Ali Khan o artistas contemporáneas como Arooj Aftab, la fe puede ser el origen de la música, pero no limita su capacidad para emocionar.