Música

Roy Borland / La Chica del Norte

Las tiernas melodías, sofisticados arreglos y enamoradizas letras que Roy Borland inmortaliza en ‘La Chica del Norte’ no habían ocupado un lugar tan privilegiado en el pop español desde clásicos como ‘Un Soplo en el Corazón‘. Al igual que la esencial obra de Family en su momento, ‘La Chica del Norte’ ya suena como un clásico de culto. Eso sí, Borland pide al oyente un mínimo de atención y reposo. «¿Acaso no es un milagro?».

A Roy le gusta ponerse el traje de trovador atemporal incomprendido en su obra en solitario, pero su buen hacer recorre de arriba a abajo discos tan cercanos al mainstream como ‘El Dilema del Rapero Blanco’, ‘Tristán, Ahora Con Reloj’, ‘Demian’ o el ‘VERANO SAUDADE’ de Judeline. En todos estos, con su hip hop, pop hipnagógico, folk y fusión urbana, Borland actúa sobre todo de compositor, productor e ingeniero de grabación, si no presta sus voces como coro.

El artista madrileño está bien familiarizado con el mundo del pop, pero, a la vez que se ocupa de tocar prácticamente todos los instrumentos de su disco, elige alejarse completamente de todo lo que suene remotamente parecido. Al menos, a lo que suena el pop actual. Su proyecto previo, el gran ‘Considérame’, compartía esta filosofía y plasmaba la angustia existencial resultante en ‘Soldados Subacuáticos’: «El que vive de la música, ya no tiene alma de músico», cantaba. En ‘La Chica del Norte’, Roy está de mejor humor.

El álbum se define a sí mismo en la bucólica ‘Intro’: es lo que sucede «cuando las muchachas y los muchachos se enamoran». Con una constante de riquísimos arreglos situados en los dominios del folk rock, el soul, el doo wop y el jazz, Borland regala una colección de canciones de corazón clásico, pudiendo recordar tanto a Serrat como a The Beatles, y ejecución atemporal. El tono veraniego y relajado de ‘Ruth’ y ‘La Chica del Norte’, ambas siendo lo más parecido a un hit en todo el tracklist, sienta las bases de todo el LP.

Si estas se rinden a la inocencia del feel good soul de los 70, ‘Conocerte Me Cambió La Vida’ comienza recordando al neoclasicismo de ‘Pet Sounds’ y acaba siendo un gran recorrido por los estilos predominantes de los años 60, sin escatimar en instrumentos. Aunque ‘Ayer Soñé Contigo’ sí puede ser más obvia en sus referencias, la faceta jazz de la pegadiza ‘Cada Cual Con Su Amor’ y la grandeza R&B de ‘Aquel Bello Desliz’ justifican que el LP sea un ejercicio de nostalgia, pero también de recuperación y actualización del pop clásico.

Roy Borland canta sobre la chispa inicial («Todo me recuerda a Ruth»), las desavenidas («En la tarde de ayer empecé a comprender que el amor es complejo y fugaz / Y siendo como soy yo estoy viendo que no soy capaz») la pasión («Aquel día fuimos uno / Una y otra vez») y el fin de una relación con una sensibilidad apabullante. Este último tema lo trata en la bella y dolorosa ‘Altamar’, la mejor pieza acústica del disco: «Y del jardín entra olor a petricor / Y tras meses de calor / Abroché mi chubasquero».

Pese a la gran variedad de instrumentos y detalles, ‘La Chica del Norte’ roza el minimalismo. Borland acompaña sus barrocas composiciones con una voz medio susurrada, como si hubiese sido grabada en la esquina de una enorme habitación vacía con un ligero miedo a ser descubierta. Esto, unido a los numerosísimos cambios de acordes, hace que la escucha no sea demasiado inmediata y que crezca considerablemente con cada reproducción, cada una mejor que la anterior. Es un disco que hay que masticar, pero el sabor merece totalmente la pena. ¿Acaso no es un milagro sentirse desafiado?

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Publicado por
Gabriel Carey
Tags: roy borland