Los críticos, siempre absortos en la búsqueda de relevos para cualquier gloria que se precie, buscan en Garneau al sucesor de Wainwright... mientras se pierden su disco, claro.
El disco de una sueca con residencia en Nueva Orleans que da shows como mujer orquesta y abarca desde el pop al gospel, pasando por el soul y sonidos blues y folk de lo más tradicional.
A estas alturas de la vida, cuando lo que se dice que mola es el revival noventas, solo hay una cosa que justifique que un disco apeste a ochentas: un montón de buenísimas canciones que apesten a ochentas.