@milodicox, intento continuar tu historia:
En plena crisis no le quedó otra: se olvidó de su carrera de interpretación para ser chica Avon vendiendo cremas porque todo el mundo le decía "¡qué buena cara tienes para las rayas que te metes!". Lo que ella no decía es que tenía buena genética y las cremas no hacían nada, pero claro, de algo tenía que comer.
Cuando empezó a remontar un poco la crisis probó suerte en varias tiendas en las que gustaba "su rollito", como Dolores Promesas, Kling, Maje... Pero no acababa de encajar del todo y estaba frustrada; No sabía en qué momento había perdido las riendas de su vida.
Después de un día horrible en el trabajo (motivado en gran parte por haberse bebido 8 vodkas redbull el día anterior) decidió romper con todo, y los 2500 euros que había conseguido ahorrar en 10 años se los gastó en un billete a Indonesia para estar de mochilera tanto tiempo como su escaso dinero le permitiese.
El dinero le duró 4 meses, en los que estuvo aprendiendo de la cultura asiática, haciéndose fotos con niños descalzos y durmiendo en casas de autóctonos que te preparaban comidas deliciosas. Y un día, mientras dudaba sobre si el filtro Amaro o el Valencia eran adecuados para su foto del arrozal, encontró de golpe el problema de su vida: no había recibido el amor suficiente en Madrid.
No la malinterpretéis, nunca le había faltado de nada; ni planes, ni ocio ni calor familiar en Carrión de los Condes, pueblo de Palencia al que regresaba de vez en cuando para cuidar su cuerpo cuando se pasaba con los excesos.
Pero sentía que su vida había girado siempre alrededor de un agujero negro. Un agujero negro que la llevaría a un vacío y a una tristeza inimaginables de las que no podría escapar una vez cayese. Y allí estaba ella, una y otra vez, tanteando sus límites y bordes de puntillas como un funambulista en la cuerda, en el circo de la vida.
Darse cuenta de esto rodeada de gente que con mucho menos sabía disfrutar de la vida y ayudar a los demás le hizo replantearse toda su esencia vital. " Somos lo somos, no lo que tenemos" repetía su mente una y otra vez, y en su pecho notaba un sentimiento de culpa y deuda que sabía que tenía que saldar si quería avanzar como persona.
Sentía esa deuda con aquellos niños pobres que sonreían a su Iphone y le daban abrazos para rozarse con sus tetas, con aquella mujer sin dientes y de 80 años que le llevó la mochila durante la ruta de 6 kilómetros porque tenía lumbalgia y con aquella niña ciega que puso su manita sobre su cara y le dijo que era bella. Y creedla, esa losa pesaba, y mucho. Tenía que devolver parte de ese amor.
Volvió a España, hizo un curso de nutrición y se abrió un canal de Youtube con un único pensamiento rondando su cabeza: trasladar toda esa pasión y serenidad que consiguió de mochilera a todas las personas que estuvieran en la misma situación que ella antes de encontrar su sino.
Todo esto lo compaginó con otro trabajo en Kiehls, promoviendo un futuro sostenible para pieles envejecidas por la mala vida, como la suya. Cremas libres de alcohol, parabenos y siliconas. Cremas hechas con amor.
Ya lleva 3 años en Madrid sin cambiar de trabajos. Y desde entonces, no ha dejado de sonreírle a la vida.