Pues yo he caído rendido ante 'I Could Get Used To This'. Y lo digo siendo plenamente consciente de la conversación actual sobre la industria: esa obsesión constante por la reinvención y la crítica habitual hacia los artistas que parecen transitar una y otra vez sus propios caminos. Pero, en este caso, esa familiaridad no es un defecto, sino su mayor virtud.
Esta canción funciona no porque rompa moldes, sino porque se establece como un refugio sonoro. En un panorama musical a veces saturado de experimentación forzada, encontrar una pieza que se siente como un 'lugar seguro' es un valor en sí mismo. Tengo mis reservas y distancias con la figura pública detrás del micrófono, pero es imposible no separar a la persona de la inmensa intérprete que es Jessie. Hay una honestidad visceral en su timbre que desarma cualquier prejuicio.
Sin embargo, hay una nota amarga que no proviene de la canción, sino del contexto. Escuchando este tema, la conclusión es lapidaria: si Jess tuviera veinte años menos, estaría ahora mismo dinamitando el panorama pop mundial. Si esta misma producción y esta misma voz vinieran empaquetadas en una artista de la Generación Z, estaríamos hablando del fenómeno del año.
Es una prueba más, y quizás una de las más flagrantes, de la discriminación que sufren las mujeres en esta industria al cruzar cierto umbral de edad. Tenemos una joya pop perfecta frente a nosotros, pero la maquinaria parece reservada para la 'novedad', ignorando que la madurez interpretativa de Jessie es, precisamente, lo que hace que esto brille. Estoy rendido a sus cuerdas vocales, sí, pero también indignado porque el talento de este calibre no debería tener fecha de caducidad.