Mis queridísimas ¿puedo decirlo? amigas:
¡Ay, cuál es mi ansia por que un vizconde de prietos muslos y abundante bolsa decida desposarme y retirarme del mundanal ruido para dedicarme al solaz, al sosiego, la lectura y el bordado! Mientras tanto, habreme de conformar y seguir con mis jornadas de labor como aya si quiero tener dineros cada mes para pagarme siquiera los polvos de arroz con los que iluminar mi pálido rostro cada mañana. Bueno, pagarme eso, y algún que otro bocado que echarme a mis sonrosados labios, claro está, que aunque mi figura es estilizada y soy liviana como una sirena en el océano, reconozco que no me alimento únicamente del aire.
En fin, que tiendo a dispersarme. Céntrome: Os escribo estas letras para animaros a quienes queráis a que narréis vuestro devenir diario, alguno de entre aquellos mil y uno acontecimientos que de seguro os acontecen, en este lenguaje cuidado y lleno de metáforas, florituras, juego y travesura. Por supuesto podéis incluso usar vuestra imaginación y salpicar aquí, allá y acullá vuestro relato con detalles más rocambolescos e incluso inventados. Os animo.
Por ir abriendo boca -metafóricamente hablando, que una dama de mi condición, aunque de origen humilde, está bien educada y sabe mantener sus labios, todos, sellados- puedo pasar a narraros cualquier acontecimiento que gustéis. Simplemente dad pie y ejercitaré rauda mi pluma para divertimento de todas nosotras, a quienes os puedo llamar, en un alarde de atrevimiento probablemente impropio, mis amigas.
Atentamente:
Mlle. Corneille.