Me voy a sentir una cronista guapa de fiestas por unos minutos con vuestra venia…
Crónica de anoche en la fiesta Chicle: luces, sombras y justicia para Miley
Ayer salí a la fiesta Chicle y necesito compartir esto por aquí, porque el público de la pista fue un auténtico misterio sociológico. Y porque salgo de uvas a peras.
En toda la noche sonaron dos temas de Miley. El primero fue Bass Persuades, que para la pista me parece una joya absoluta; tiene el estribillo con las luces y altavoces de la discoteca funciona genial . Sin embargo, casi nadie se prendió, la gente apenas se movió y me dio una rabia tremenda ver cómo se desperdiciaba semejante temazo que funciona para la pista pero no para mis auriculares.
La sorpresa vino justo después: arrancó The Best of Both Worlds y la sala entera se vino abajo. Todo el mundo dándolo absolutamente todo. A mí me encantó el momento, sobre todo porque mi historia con ella es un poco al revés que la del resto de los mortales: yo no crecí con Disney; me subí al barco cuando la vi colgada de la bola de demolición en Wrecking Ball, y fue a partir de ahí cuando me puse a bucear hacia atrás y terminé enganchado a las canciones de Hannah Montana.
Eso sí, el criterio del público de anoche no tenía pies ni cabeza: entraban en éxtasis total con Scream & Shout de Britney y The Black Eyed Peas, pero dejaban a Madonna helada en la pista con Danceteria.
Definitivamente creo que me equivoqué de fiesta.
Lo único que salvó la noche sin discusión: los gogós, que estaban guapísimos y la Samanta Balantains que estuvo divertidísima como siempre.