Esa clase de sutiles indirectas como poner a Patricia Arquette con el corte de pelo de su entonces mujer Mary Sweeney, rodar la película en su propia casa y hacer que Bill Pullman se la cargue.
Pero ya en serio, es el cuarto divorcio de él. No debe ser fácil tenerlo por marido. Por muy afable que parezca, debe ser un coñazo convivir con un tipo que se pasa el día abstraído pintando en su taller, meditando trascendentalmente o dando el parte del tiempo por internet a unos desconocidos.