La mala hostia de los comentaristas de la web, desde siempre (bueno, miento, desde que JNSP se empezó a hacer un huequito en los medios musicales de este país), me ha parecido por un lado absolutamente increíble, y por otro totalmente vomitiva. Continuamente una inquina salvaje contra cada redactor, contra cada texto, contra cada artista reseñado. Una falta de respeto flagrante cada cuatro palabras escritas.
He hablado sobre esto muchas veces con amigos, y por desgracia la conclusión es que un porcentaje significativamente alto de los comentaristas eran tan destructivos, tan repugnantes y tan dañinos que se te quitaban realmente las ganas de entrar a leer nada.
A mí de verdad es que se me escapa ese modo de actuar. Intereconomía me produce sarpullido. No la puedo soportar. Y no por eso me meto TODOS LOS DÍAS a escribir improperios y comentarios que rozan la ilegalidad, si no se zambullen en ella directamente. Si me da asco una web, no la veo y así de paso no les doy una visita más, a ver si se hunden en el pozo del olvido. Pero, por alguna razón que desconozco, esto aquí no pasa.
En fin, me callo ya que me enciendo y me pongo a escupir bilis.