Las dependientas de El Corte Inglés tiene su trasunto. Digo dependientas, en femenino, porque de los departamentos que piso, sólo hay hombres en informática y libros. Videojuegos y discos, mujeres hasta ahora.
A ver, que no me burlo de que no sepan quién son Los Planetas, que escriban mal Radiohead o que no tengan ni idea de dónde son Los Planetas. Lo absurdo, y molesto, de todo es su comportamiento.
Se te acercan a preguntarte si te pueden ayudar. Y podrían hacerlo si se acercaran al ordenador. Allí, si no saben escribir el nombre, pedírtelo en un papelito, y teclearlo para verificar si tienen algún ejemplar del disco que les estás pidiendo. No es 100% efectivo porque la base de datos que tienen no está permanentemente actualizada. Pero mejor eso que tenerte rebuscando en una estantería que para más inri quizá sea la equivocada. Podrían ofrecerse a encargar un ejemplar, si es que no lo tienen y aún está en catálogo. Podrían tener una política de precios menos sangrante (aunque eso ya no es competencia de las dependientas).
Pero uno como cliente sabe que todo eso no va a ocurrir. Sabe que no van a ayudarte e absoluto. Y les contestas que no, que muy amable, pero no quieres su ayuda. Da igual, les digas lo que les digas, ya no se te despegan, imagino que porque van a comisión. Y las tienes ahí, mirándote pasar cedés con los dedos, a ver si te decides, para arráncartelos de las manos cuando te acercas a pagar alguno.
A mí eso me parece un comportamiento cutre, y lo siento.