Me he fijado en algo. En muchas canciones anteriores, Robyn expresaba con mucha claridad e intensidad sus problemas: "I'm dancing on my own", "it hurts with every heartbeat", "I need a time machine", "Don't fucking tell me what to do".
Dos de sus últimas canciones son, en cambio, indirectas.
El videoclip de "Talk to me" está lleno de insinuaciones sexuales. La coreografía simula sexo oral, sexo manual, enseña gestos obscenos, de sadomaso, le tiran del pelo a Robyn... pero la letra dice "Talk to me", let's work out a vibe. No dice "Fuck me", dice "Talk to me", aunque es obvio que están fucking, "I'm almost there". Se crea una distancia y un contraste interesante.
En "Dopamine" habla de algo que "Feels so good", "chemistry", "firing up inside of me"... pero el contraste es "I just need to know that I'm not alone". La Dopamine esconde algo que subyace, que vibra, que incomoda por debajo. La canción dice: "There's no limit, something is happening deep inside of me, I can finally reach it", en busca de esa Dopamine... pero esa búsqueda es en realidad una huida de la soledad.
No hay simple soledad, hay placer relacionado con la soledad. No hay sólo sexo, hay necesidad de comunicación mientras se folla.
Por eso, aunque las melodías o la producción pueden gustarte más o menos, aquí hay un juego de contrastes que, siendo menos explosivos y más discretos que en el homónimo o en el Body Talk, hablan de una sabiduría. Aquí Robyn ya no tiene 20 años, tiene 40. Ya no se pregunta "Who's that girl that you dream of", sino que te habla de la "madre soltera que ha pasado por pruebas, partos y soledad, que ha dado de mamar a su bebé".
El desarrollo de una vida creativa es lo más fascinante que hay.