Discos de la década: Björk

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Discos de la década: Björk

vespertine

Hoy en día Björk parece haber perdido (al menos en parte) el crédito crítico que ella misma se ganó a pulso con tres obras capitales del pop electrónico editadas en la última década del pasado siglo. A veces da la sensación de que cuando un artista parece intocable e inalcanzable, el más leve flaqueo parece dar vía libre para que nos abalancemos sobre él como lobos furiosos. ‘Volta’, publicado en 2007, fue ese traspiés que, precedido por el valiente pero no totalmente acertado ‘Medúlla’, dio pie al ensañamiento con la figura de la artista islandesa, convertida incluso en objeto de mofa (a veces con mucha gracia, eso sí) por su histriónica personalidad y su estatus de semidiosa del pop. Y eso que esta década comenzó de forma excelente para la ex Sugarcube.

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Tras protagonizar en 2000 ‘Bailar en la oscuridad’ de Lars Von Trier (su primera y última -dice- película) por la que obtuvo la Palma de Oro a la mejor actriz en Cannes y una nominación al Oscar (aquella gala en la que hizo célebre aquel horrendo vestido-cisne) a la mejor canción por ‘I’ve Seen It All’, junto a Thom Yorke, incluida en la notable banda sonora de la película (su álbum titulado ‘Selmasongs’), Björk se embarcó en la grabación de su disco más intimista y delicado hasta la fecha. Huyendo del «big beat» que presidía sus primeros álbumes y de la heterodoxia de ‘Homogenic’, buscó un concepto sonoro más cohesionado que transmitiera las ideas de «hogar» e «invierno» (palabras sinónimas para un islandés, supongo), buscando reflejar su estado emocional de entonces, como un delicado ejercicio de introspección.

‘Vespertine’ logra con creces esa meta, merced a unas bases de electrónica tremendamente orgánicas (valga la paradoja), que tenían una referencia clarísima en la indietrónica de sus paisanos Múm. Sin prescindir de los habituales Mark Bell, Marius DeVries y Guy Sigsworth, el álbum cuenta con un buen montón (una marca de la casa) de excelsos colaboradores para las producciones y programaciones. Martin Gretschmann (Console, The Notwist), Thomas Knak, Matthew Herbert y Matmos fueron los más conocidos nombres del personal técnico a cargo de las producciones, programaciones, bases y mezclas. Dirigidos por la mano astuta de la islandesa, tejieron un bello y espeso manto de bases, clicks & cuts y microscópicos glitches entrelazados con exquisitas orquestaciones, gélidos coros de otro mundo e instrumentos de otro tiempo como el clavicordio, el arpa o las cajas de música.

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‘Hidden Place’ fue el primer single del álbum y tiene una cierta reminiscencia con ‘Human Behaviour’. Profundamente enamorada de Matthew Barney, Björk habla aquí de ese lugar oculto e invisible en el que se convierte una relación de amor entre dos personas, un inexpugnable refugio emocional. No es la única canción del álbum dedicada a su relación con el artista norteamericano. ‘Pagan Poetry’, el sublime segundo single del álbum, es una exaltación del deseo y la sexualidad, justo en ese momento de pasión iracunda a punto de estallar. Su polémico vídeo, censurado en la MTV americana, tiene de todo: una Björk yaciente mientras le hacen el sexo, un vestido de Alexander McQueen con los senos descubiertos, lleno de perlas cosidas a la piel de su cuerpo, una felación sugerida…

En ‘Pagan Poetry’ tiene un absoluto protagonismo el sonido de una caja de música. Un «instrumento» insólito para el que Björk escribió algunos arreglos que fueron trasladados a diversas caja de música fabricadas por un especialista para sonar en el álbum, fabricadas en plexiglas transparente, como si de un bloque de hielo se tratara, para poder ver su interior. Esas cajas son también el alma de la instrumental ‘Frosti’ y ‘Aurora’ (las tres suenan consecutivamente en el núcleo central del disco), y en ellas culmina esa buscada gelidez invernal, amplificada por los ritmos compuestos por Matmos a partir del sonido real de pisadas en la nieve y hielo resquebrajándose o agua deslizándose y goteando en ‘Cocoon’, ‘Undo’ o ‘An Echo, A Stain’. La comunión y perversión de la Naturaleza más agreste, una temática frecuente en las canciones de Björk, se ve así también reflejada en ‘Vespertine’. «Es como insectos saliendo entre las cenizas. Es un disco que suena a invierno. Si te despiertas en mitad de la noche y sales al jardín, todo estará sucediendo ahí fuera y nunca lo sabrás. Un búho de las nieves lo representa muy bien» dijo la propia cantante.

Otro elemento singular que contribuye a crear ese clima helado en el álbum es el arpa de la virtuosa Zeena Parkins, cuyo ancestral sonido aporta un bello y delicado matiz que contrasta con esa electrónica susurrada e íntima. En ese clima de cercanía, de cálido resguardo en la tormenta de hielo, Björk parece querer acunarnos y protegernos con su voz, en lo que es a buen seguro la interpretación vocal más medida y acertada de toda su carrera. Comedida como en ‘Heirloom’, un elogio a esas personas que no te fallan nunca, acariciando como en ‘Harm Of Will’ (se dice que su letra, escrita por el director Harmony Korine, habla sobre una supuesta relación esporádica entre Björk y Will Oldham) y abrumando cuando es necesario en la arrolladora épica final de ‘Unison’, que reúne a Herbert, Matmos, Parkins y esos coros casi sobrenaturales para volver a cantar sobre el amor y la entrega a otra persona como una razón de vida.

‘Cocoon’ fue editado como tercer single y tuvo un vídeo un poco disgusting a cargo de la japonesa Eiko Ishioka, en el que Björk jugueteaba con unos hilos rojos que salen de sus pezones (una vez más) desnudos, robándole ese honor a ‘It’s Not Up To You’, que pese a ser anunciado como cuarto single nunca vio la luz como tal. Una preciosa canción sobre el azar como tabla de salvación y fuente de esperanza en la que los arreglos corales de Vincent Mendoza brillan mágicamente.

Antes de que se sucediera una agotadora avalancha de ediciones de directos, rarezas, remixes, compilaciones y demás fetiches sacacuartos, ‘Vespertine’ fue la última joya que Björk nos regaló en la ya pasada década, una obra de una belleza rara, como las fantásticas ilustraciones que llenan el libreto del CD a cargo de los geniales M/M (Paris), como una reliquia extraterrestre conservada durante millones de años en un bloque de hielo que, repentinamente, se resquebraja ante nosotros.

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