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‘Anonymous’, ser o no ser Shakespeare

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‘Anonymous’, ser o no ser Shakespeare

Los homenajes que no están a la altura del homenajeado son ya un lugar común dentro de la industria cultural. Aunque Roland Emmerich tire de boutade y diga que su película “es mejor que las adaptaciones shakespearianas de Orson Welles”, ‘Anonymous’ no es una excepción.

Emmerich se toma un respiro entre catástrofe y apocalipsis y nos ofrece algo así como un ‘Shakespeare in Love’ para amantes de la conspiranoia histórica, la relectura posmoderna (ese Shakespeare tirándose al público cual estrella de rock) y los efebos con rimmel y pelucón. Presentada la “función” por el shakespeariano sir Derek Jacobi, la película se hace eco de una de las más populares teorías sobre la identidad del “bardo de Avon”. Ni el filósofo Francis Bacon, ni el dramaturgo Christopher Marlowe (que aparece en la película). Emmerich se adhiere a la línea oxfordiana: Edward de Vere, decimoséptimo conde de Oxford, sería el supuesto “genio en la sombra”.

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Jugando con esta hipótesis (que tiene el mismo crédito que si yo digo que Shakespeare fue la reina Isabel), el director construye un apañado thriller histórico enfangado por un problemón de guión: mezclar el drama personal del conde de Oxford y la lucha de egos en el mundillo literato de la época, con una farragosa y cada vez más delirante trama de intrigas palaciegas a propósito de la sucesión al trono de la “reina virgen”. Un culebrón isabelino lleno de romances, adulterios, incestos y mucho bastardo que, cuanto más shakesperiano se pretende, más risa provoca. Si esto es mejor que ‘Campanadas a medianoche’ (1965)…

Los que mejor parecen haber entendido que “esto que estamos rodando no es muy serio” son tres de los actores. Rhys Ifans como Edward de Vere y Edward Hogg como Robert Cecil (todo un descubrimiento) se enzarzan en un fantástico duelo interpretativo haciendo cada uno fina caricatura de emblemáticos personajes shakespearianos: Hamlet, el primero, Ricardo III el segundo (duelo que, por cierto, no me quiero imaginar como debe haber quedado en el doblaje). Pero, sin duda, la que mejor se lo ha pasado es una maravillosa Vanessa Redgrave haciendo de senil reina Isabel. Todo un despliegue de pelucas, trajes, poses, muecas y demás divertidas extravagancias “propias de la edad” que hacen que ‘Anonymous’ no sea presa del chiste fácil: otra película “catastrófica” de Roland Emmerich. 5.

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