Fangoria / Cuatricromía

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Fangoria / Cuatricromía

A pesar de las decepciones de la última etapa, hay dos cosas que no se pueden echar en cara a Fangoria. La primera es el mimo absoluto en sus ediciones físicas, que -bienvenidos al mundo al revés- te dan ganas de comprarte aunque no te convenza del todo lo que hay dentro. La segunda es lo bien que han elegido siempre el primer single de sus discos. Igual que ‘Electricistas’, ‘En mi prisión’, ‘No sé qué me das’ o ‘Retorciendo palabras’ fueron selecciones excelentes, nunca -salvo en algún EP de la era ‘Vulcano’- habían arrancado un disco con su single principal. Así de claro parecían tener esta vez que ‘Dramas y comedias‘ era el tema capital, resultando el más cuidado en cuanto a producción y arreglos, por un lado devolviendo la ilusión a muchos de sus seguidores perdidos, no a lo grande pero casi, pero por otro haciéndonos creer que en el resto del álbum prefirieron irse de compras por Londres que seguir trabajando en dar un empaque similar a estas 16 canciones, porque total, el single ya lo tenían.

El factor kitsch y el detallismo de ‘Dramas y comedias’ se echan de menos en el resto del álbum, pero el EP cyan, el de La Casa Azul, es un notable acompañamiento para esta canción estrella. Como EP pop cumple totalmente su objetivo: enganchar. ‘Piensa en positivo’ es naíf de más pero casa con el primer single, con Milkyway y con los Dinarama de ‘Sólo creo lo que veo’, los más Motown, quizá los que más interesaban a su vez al propio Guille (no hay restos acid o siniestros en su discografía); ‘Para volver a empezar’, una especie de cruce entre ‘Amo el peligro’ y ‘El arte de decir que no’, tiene la producción de disco clásica que algunos pedían para ‘Dramas y comedias’; y ‘Desfachatez’ parece su próximo hit: de nuevo imitando el espíritu de ‘I Will Survive’, como en ‘A quién le importa’ o en ‘Entre mil dudas’, es una mezcla entre Raphael y Chueca años 90 con el carisma suficiente -esta vez sí- para decirle a sus pegas: «¡qué más da!». Y por fin hay un estribillo con un «¡qué horror!»… Sebas. 7,6.

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Pocos detractores de ‘Absolutamente‘ esperaban algo bueno del disco magenta, sabiendo que iba a ser producido por Sigue Sigue Sputnik, también encargados del LP anterior, y aparentemente responsables de esas guitarras que no suenan ni glam ni punk sino enlatadas, sin más. Pero que en el pasado tu trabajo como productor para determinado grupo haya sido prácticamente infumable salvo un par de honrosas excepciones, tampoco significa que no puedas dar a luz a algo medianamente decente ahora. No queda claro si es gracias a los ecos de Guille Milkyway (aparece acreditado por sorpresa como co-autor tanto en ‘Rendez-Vous Espacial’ como en ‘Viaje a ninguna parte’, aunque no las ha producido), pero tres de los cuatro temas de este EP conforman canciones -cuanto menos- notables.

El público agradecerá el punto cosmonauta de ‘Tormenta solar perfecta’, que a la postre tiene una de las mejores letras de todo el set, y quizá lo único que se pueda echar en cara a Alaska y Nacho sea precisamente ‘Caprichos de un corazón estrafalario’, más Nancys Rubias que Los Vegetales, especialmente por esos grititos del final, realmente exasperantes. Pero por lo demás, los ecos del vocoder en ‘Rendez-Vous Espacial’ la convierten en una canción muy pegadiza, al tiempo que ‘Viaje a ninguna parte’ tiene todas las papeletas para convertirse en ‘La pequeña edad de hielo’ o el ‘Ni contigo ni sin ti’ de este disco: un hit menor pero muy querido por sus seguidores que debería convertirse en single en algún momento. Lolo Rodríguez. 7,2.

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Viendo cómo sonaba por su cuenta la mitad de Los Planetas o estos mismos en canciones recientes como ‘La veleta’ o ‘Los poetas’, las sorpresas no pueden ser muchas en el EP amarillo. Ése es el principal problema de ‘Errores garrafales’, que apuesta por una elegante electrónica de feria que, al menos en esencia, sigue la estela de la larga lista de temas acusativos que pueblan la discografía de Fangoria. Un corte en el que se repiten los “No” y los adjetivos de despecho que bien podría haber sido la nueva ‘Hombres’ pero se quedó en continuación de ‘Perdiendo los papeles otra vez’. Desde luego, el nexo con las producciones del EP magenta de los Sigue Sigue Sputnik que la preceden está conseguida. ‘Peligros’ rompe la monotonía y se presenta como lo mejor del cuadrante amarillo con una propuesta que podría definirse como la hermana fina de aquel ‘Estés donde estés’ que casi cerraba ‘El extraño viaje’. Un grower que reivindicaremos –al tiempo– que además incluye homenaje a sus productores en versos que aseguran que “Los planetas brillan como el sol con su luz”. Brillante también en su forma, pero algo oxidada en su fondo, es la siguiente canción, ‘Un robot no cree en Dios’. Su letra enrevesada, caótica y repleta de referentes tipo Ramones o el dadaísmo juega mucho a su favor. También el vocoder que dice “robot” en lugar de “movida”. Pero aunque se postule a posible himno de masas, el resultado se queda en himno de las primeras filas. Para cerrar el círculo han elegido ‘Rompe la cadena’, ideal como banda sonora de una pasarela independientemente de lo que diga la letra. Un tema largo y machacón que pierde fuelle cuando Alaska se calla para dejar que Los Pilotos se explayen para decir adiós al que escucha.

Este EP amarillo en cierta medida parece condenado al ostracismo. Cosas que pasan cuando te dejan el penúltimo. Sin embargo, hay que olvidarse de esto para entender que la aportación de Los Pilotos Florent y Banin al universo de Fangoria, aunque no haya sido el paso adelante esperado, tampoco ha sido un retroceso. Y eso, en los tiempos que corren, ya es digno de aplauso. Claudio. 6.

Supongo que a Alaska y Nacho, como mitómanos que son, les habrá hecho ilusión trabajar con alguien del entorno de Siouxsie And The Banshees, buscando en este caso ese supuesto sonido gótico que buscaban para el disco negro. Sin embargo, parece que su concepto de «gótico» no está tan próximo a ‘Juju’ o ‘Nocturne’ como podría pensarse. La producción de Jon Klein, guitarrista en los Banshees en los últimos 80 (era ‘Peepshow’ y ‘The Rapture’), está basada en bases de house punchero y guitarras pseudometaleras dignas de cualquier álbum de Marilyn Manson, otro ídolo del dúo, resultando de lo más anacrónica y más vista que el canalillo (de Alaska).

Ese envoltorio de plástico imitando cuero no hace demasiado bien a estas cuatro canciones que, sin embargo, contienen algunos buenos momentos, compositivamente hablando. ‘Ecos de ayer’ y ‘Lo tuyo no es normal’ son muy acertados ejemplos de esa recuperación vodevilesca de los últimos tiempos, en ambos casos con una interesante inspiración melódica a lo ‘El violinista sobre el tejado’ y aires Raphaelitas y, en el segundo caso, con una fantástica letra de Ajo en la que recurre a la personificación de animales de una manera hilarante. Fantaseando, creo que ambas podrían haber sido espectaculares con unos buenos arreglos orquestales. ‘El mundo conspira contra ti’ también tiene una letra bastante graciosa sobre la paranoia de creerse que uno es el centro del universo pero, además de ser melódicamente anodina (un remedo de ‘El cementerio de los sueños’ y ‘Miro la vida pasar’), es un desastre en cuanto a sonido, empezando por esos teclados de baratillo que suenan en su inicio, que no le permiten llegar ni a petardada. Finalmente, la melodramática ‘Cuatro colores’ podría ser un buen filler de no ser porque hemos escuchado tantas veces esos recursos sonoros que pierde interés rapidamente. Raúl Guillén. 5,5.

Calificación: 6,6/10
Lo mejor: ‘Dramas y comedias’, ‘Desfachatez’, ‘Rendez-vous espacial’, ‘Viaje a ninguna parte’
Te gustará si te gusta: ‘El extraño viaje’, La Casa Azul + ‘Absolutamente 2’
Escúchalo: Deezer

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