‘Amor y letras’: vírgenes y culturetas

Por | 14 Mar 13, 16:56

La segunda película como director de Josh Radnor supone la confirmación de dos presagios: 1) que el protagonista de ‘Cómo conocí a vuestra madre’ sigue empeñado en convertirse en algo así como un Woody Allen indie (aunque cada vez se parezca más a un nuevo Edward Burns), y 2) que el magnetismo que desprendía Elizabeth Olsen en ‘Martha Marcy May Marlene’ no fue producto de la casualidad (ni del evocador trabajo fotográfico de Jody Lee Lipes).

A diferencia de ‘Happythankyoumoreplease’ (2011), mucho más coral, ‘Amor y letras’ se centra en el personaje interpretado por Radnor, un treintañero neoyorquino que, en plena crisis existencial, vuelve a la universidad donde estudió para asistir a la jubilación de un amigo profesor. Esta vuelta al pasado, al lugar donde todos los sueños y anhelos profesionales parecían posibles, le sirve al director para reflexionar sobre tres aspectos: la literatura (y su relación con la vida), el amor intergeneracional y el difícil paso a la madurez.

El comienzo de la película es prometedor. El proceso de enamoramiento a través de una relación epistolar y musical está narrado con mucho encanto y sensibilidad, y las tensiones derivadas del choque generacional están bien utilizadas desde un punto de vista humorístico.

Pero lo que parecía que iba a ser una agradable comedia romántica de espíritu indie, una afortunada mezcla de risas y romanticismo, acaba resultando un blandito y arrítmico drama con moraleja edificante. Los defectos que se intuyen en la primera parte salen ahora a la luz cual espinillas de estudiante: personajes secundarios que aportan muy poco y acaban estorbando (el profesor, el amigo jipi), recursos de guión que resultan torpes y poco sutiles (las miradas de la bibliotecaria, el número de teléfono que le da al alumno depresivo), y la progresiva aparición de un molesto rebozado ideológico que termina cubriendo la película de grumos culturetas y moralizantes. 5,5.

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