‘Laurence Anyways’: La piel que habito

Por | 20 Jun 13, 22:23

Laurence_AnywaysHace dos años ya avisamos sobre la repercusión que estaba teniendo el cine de un jovencísimo director canadiense llamado Xavier Dolan. Sus dos primeras películas, ‘J’ai tue ma mere’ (2009) y ‘Les amours imaginaires’ (2010), causaron asombro en Cannes. ¿De dónde había salido este adolescente arrogante que escribe, dirige, protagoniza, produce, edita y diseña sus películas con el dominio técnico, la intensidad dramática y el poderío visual de un Almodóvar o un Wong Kar-wai?

Inédito hasta ahora en España, el cine de Xavier Dolan ya está aquí. Filmin estrena, con el título traducido, ‘Yo maté a mi madre’ y ‘Los amores imaginarios’, y este fin de semana llega a los cines ‘Laurence Anyways’, su penúltimo trabajo (ya tiene listo el último, la lynchiana ‘Tom a la ferme’).

Es una buena noticia, sin duda, a pesar de que ‘Laurence Anyways’ sea la película más irregular de Dolan. Si sus filmes son siempre excesivos (barrocos, manieristas, grandilocuentes), éste lo es aún más. Por una razón: su excesivo metraje. ¿De verdad hacían falta casi tres horas para contar esta historia de amor y (auto)afirmación transexual?

La película tiene unos primeros noventa minutos extraordinarios. Por medio de un largo flashback, asistimos a la salida del armario de un profesor de literatura transexual y al conflicto que esta decisión provocará en la relación con su novia. ¿Cómo seguir amando y deseando al hombre del que estás enamorada después de que éste se transforme físicamente en mujer? Esta decisión “revolucionaria” (impresionante la secuencia de su “primer día” en el aula), no solo tendrá implicaciones afectivas y emocionales, sino también sociales y laborales. En ese sentido, ‘Laurence Anyways’ es también un alegato contra la intolerancia, contra la transfobia.

La estética y la música de los “nuevos románticos”, con el ‘Fade to Grey’ de Visage como himno y fuente de inspiración, marcan el trayecto visual y vital de los protagonistas. Un camino construido por intensos combates dialécticos y por estilizadas secuencias videocliperas tan memorables como el citado momento Visage o el encuentro entre la madre y el hijo bajo la nieve.

Pero llega 1995. A partir de ese momento, el ritmo de la película se ralentiza, la narración se dilata y el interés decae. Lo que queda es un continuo tira y afloja sentimental que termina por resultar repetitivo y cargante. Se supone que ‘Laurence Anyways’ es la película más madura de Xolan. Pero si esto es la madurez, es preferible la frescura adolescente y el irresistible encanto pop y melodramático de ‘Yo maté a mi madre‘ y ‘Los amores imaginarios‘. 6,9.

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