Dolores O’Riordan: sensibilidad e inestabilidad al extremo

«Let it never be said that I’d be unstable». Esa era la significativa frase de ‘Just My Imagination’, a la postre una de las canciones más escuchadas de la carrera llena de hits de The Cranberries. Hits que más que asaltar las listas de singles lograban aupar las ventas de los álbumes del grupo a los 40 millones de copias, casi todos despachados durante los años 90.

A pesar de su fama, su líder, Dolores O’Riordan, nunca protagonizaba aquellas noticias de televisores volando desde las ventanas de los hoteles a lo hermanos Gallagher, ni era tan bruta rompiendo guitarras eléctricas a lo Courtney Love, pero los que la seguíamos desde adolescentes conocíamos sus excentricidades y fragilidad extremas. Una rueda de prensa en Fnac en torno al disco que contenía la mencionada canción, ‘Bury the Hatchet’ (1999), fue la primera a la que asistí cuando cursaba 1º de Periodismo, y Dolores, a pesar de estar viviendo sus días de gloria, se mostró enseguida agria y distante con la prensa, negando inexplicablemente evidencias como que en aquel álbum había varias canciones sobre el mundo infantil (acababa de ser madre y este hecho influía en las letras de ‘You & Me’, ‘Saving Grace’, ‘Fee Fi Fo’, ‘Sorry Son’ y el vídeo de ‘Animal Instinct’) o despreciando las preguntas de los periodistas que habían llegado unos minutos tarde.

Está documentado en una de las biografías «Colecciones del rock» de la época (todo grupo de éxito tenía la suya, unas mejores, otras peores, ¡qué tiempos!) que Dolores solía abandonar entrevistas con periodistas a la mitad cuando se sentía incómoda y estoy seguro de que en la que le realicé personalmente en 2007 cuando publicaba su primer disco en solitario, si no se largó, fue porque en aquella época estaba vendiendo su madurez. Sin duda, uno de los momentos más incómodos que recuerdo de mi carrera profesional. ¿El motivo? Ella apareció con ganas de agradar, aprendiéndose enseguida el nombre de cada periodista atendido, pero siempre ha ofrecido entrevistas formulaicas en las que extenderse hablando de su familia y el carpe diem. Tras haber leído sobre ello doscientas veces, preferí tratar otros temas más musicales, pero nunca le ha gustado discutir sus letras, ni ha tenido grandes intereses por otros artistas, ni sentido del humor para combatir las malas críticas o reírse de sí misma.

Y a veces con razón. La prensa británica había vapuleado a The Cranberries retratándoles como provincianos irlandeses desde el principio y Dolores se quejaba de que todas las fotos que les hacían eran bucólicas «evitando que entraran en plano las Harley Davidsons que había por todas partes». Fue América la que les salvó gracias al merecidísimo apoyo que las radios universitarias dieron a ‘Dreams’ y MTV Estados Unidos a ‘Linger’, todavía sus dos mejores canciones. Cuando con ellas se hicieron famosos al otro lado del charco, para el NME y su entorno (Elastica y bandas por el estilo que nunca triunfaron masivamente fuera de UK) fue un auténtico trauma. ¿Qué era ese sonido Rough Trade paulatinamente corrompido? «No valen ni para hacer ripios en anuncios», declaraba Justine Frischmann. Everett True también los detestaba.

Tras el pelotazo mundial de ‘Zombie’ y ‘Ode to my Family’ y su gran clásico ‘No Need to Argue’, lanzaron inmediatamente un tercer largo, ‘To The Faithful Departed’ (1996), con letras más oscuras sobre las drogas, el odio a la fama, el miedo a la muerte. Era probablemente el peor álbum de su carrera, pero allí se encontraba perdida una de las joyas más confesionales de O’Riordan, ‘I’m Still Remembering’, un tema que sólo fue single en Brasil y en nuestra Cadena 100 (!), en el que mostraba sin tapujos 1) su dependencia total de los demás 2) su preocupación por los «juegos mentales» («reverse psychology never tainted me») y 3) la imposibilidad de asumir la fama y el miedo a sus consecuencias (citas a las muertes violentas de Kurt Cobain y JFK). Fue una primicia mundial, un año antes de su edición, de un Básico 40 Principales, por cierto.

Esta letra era el reflejo de que conforme el grupo se iba haciendo más exitoso, aparte de afectar dramáticamente a su talento, el asunto se iba poniendo más feo, lo cual es lógico si recordamos que Dolores tenía 22 años cuando se convirtió en millonaria y parecía completamente desbordada por un lado por la adoración total del público, que la trataba como si fuera la nueva Bono (recuerdo oír en la radio que The Cranberries iban a desbancar a U2, desde 1994 a 1996, con U2 medio desaparecidos, fueron cada año la banda top para el sello de ambos, Island, Universal); y el repudio de la crítica especializada, que se dedicaba a reproducir sus peores letras en artículos humillantes. La mayor parte de la gira de 1996 no pudo realizarse porque Dolores se vio obligada a cancelarla entre rumores de anorexia nerviosa. Ella misma reconocía después que en aquella época sólo tomaba «café y cigarrillos» y su pérdida de peso fue alarmante, como se pudo ver en los MTV Video Music Awards del año, muy pocos días antes de esa cancelación mundial de decenas de fechas. Ni un primer plano: varios generales y varios de espaldas.

Las cancelaciones terminaron siendo habituales en su carrera: el grupo suspendió una gira por Europa con el disco siguiente (que pasaba por Gijón) porque Dolores se quedaba embarazada de su segundo hijo, y recientemente pospuso otras tantas decenas de fechas (Madrid y Barcelona, entre muchas otras) porque su padre, que había estado enfermo de cáncer desde hacía años, fallecía finalmente. Entre medias, recibía una denuncia por parte de una niñera que les acusaba tanto a ella como a su marido de retenerla y aislarla contra su voluntad y de beber hasta lo imprudente (la niñera perdió el caso); y una amenaza de denuncia de Dolores O’Riordan a su fan número 1, que había mantenido durante años una web sobresaliente -de las mejores que yo he visto dedicadas a un grupo-, si no le devolvía el dominio doloresoriordan.com (el fan, americano, renunció, cerró la web, se hizo fan de Sufjan Stevens y se mudó a Hong Kong). Y finalmente, tras la última exitosa gira de reunión con The Cranberries y el lanzamiento de ‘Roses‘, se ha conocido una misteriosa denuncia de Dolores hacia el guitarrista y único co-autor del grupo Noel Hogan, de la que no se sabe nada, pero que no puede resultar más marciana: siempre se ha diferenciado estilísticamente qué canciones hacía Dolores sola (rockeras macarreras tipo ‘Zombie’, intimistas tipo ‘Empty’) y cuáles hacían entre los dos (las de punteos más Smiths o The Cure, tipo ‘Dreams’, ‘Animal Instinct’).

Estas cosas, llevadas con la mar de discreción pero sabidas por sus fans, impidieron que la noticia de la detención de Dolores O’Riordan tras atacar a una azafata de vuelo este lunes nos pillara del todo desprevenidos. La cantante había sido «coach» de La Voz Irlanda con bastante éxito, pero su actitud últimamente era errante, dejando ver por primera vez mensajes en Facebook medio ilegibles y fotografiándose en Nueva York con todo pichichi para las redes sociales cuando ella siempre ha odiado internet, los ordenadores y la tecnología en general.

Ante todo, sorprendía que su marido y mánager, el gigantesco Don Burton, ex tour manager de Duran Duran, no comunicara absolutamente nada sobre la detención al aterrizar en Dublín, y finalmente se ha averiguado el porqué. A lo irlandés, ha sido la madre de Dolores (una señora de 70 años) quien ha hecho las veces de portavoz, concediendo una entrevista a la prensa local para explicar lo sucedido, relatando que Dolores O’Riordan se ha divorciado (sus hijos permanecen en América con su padre), que el análisis de sangre realizado a la cantante no revela uso de drogas ni alcohol y que su comportamiento se debe al acoso de unos pasajeros borrachos que querían fotos y autógrafos… y también a la crisis nerviosa, el insomnio severo y la depresión que sufre. De hecho, indica que no le sorprende lo que ha pasado porque no reconoció a Dolores por teléfono cuando habló con ella hace unos días desde Nueva York, percibiendo que llevaba varios días sin dormir. Y la situación parece delicada, por el modo en que se la encontró en comisaría: «Dolores estaba en una habitación, tirada en el suelo, acurrucada. Se cubría la cabeza y la cara, intentando protegerse. Ni se dio cuenta de que estaba, no sabía siquiera quién era yo».

Dolores, que recientemente reconocía haber sufrido abusos sexuales de pequeña, pasa uno de los momentos más delicados de su vida, justo cuando se disponía a terminar su tercer disco sola (esta vez, aparentemente, sin Youth). De nuevo, por enésima vez, un bache emocional ha sido capaz de llevarse por delante y a lo grande a la artista. De esta forma, es imposible no sobrecogerse al volver a recordar la vulnerabilidad contenida en ‘No Need to Argue’ o el debut de su banda ‘Everybody Else Is Doing It, So Why Can’t We?’, un álbum adolescente pero atemporal y emocionante como se hacen pocos, que encierra gracias a la magistral producción de Stephen Street todo el temor ante los varapalos de la vida. Un disco que nunca fue lo suficientemente famoso en España (vendía 5 millones de los 7 totales dentro de EE UU) y que sólo se podía escribir desde la mayor de las sensibilidades. La pasión, por encima de la cabeza…

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Publicado por
Sebas E. Alonso