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Christiane F: yo fui una estrella yonqui adolescente

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Christiane F: yo fui una estrella yonqui adolescente

yoChristiane V. Felscherinow esnifó por primera vez heroína después de un concierto que David Bowie (en esos tiempos adicto a la cocaína) dio en Berlín en 1975. Tenía trece años. Meses después se metió su primer pico en los baños de la estación berlinesa del Zoo. Con catorce años comenzó a ejercer la prostitución. Christiane podría haber sido una yonqui más de las muchas que a finales de los setenta se podían ver deambulando por los parques y estaciones de las principales ciudades europeas. Pero no. Christiane era demasiado joven y demasiado guapa, y su vida demasiado sórdida y escandalosa como para pasar desapercibida.

Durante un juicio por tráfico y consumo de drogas, Christiane conoció a dos periodistas de la revista Stern que se habían quedado con la boca abierta tras escuchar su declaración. Enseguida la entrevistaron y publicaron una serie de reportajes sobre su vida que provocaron un gran revuelo mediático. En 1978 editaron el libro ‘Los niños de la estación del Zoo’ (en España se puede encontrar también por el título de ‘Yo, Christiane F. Hijos de la droga’). Contra todo pronóstico, fue un enorme éxito de ventas. La pequeña yonqui se convirtió en la Harry Potter de la época, una máquina de vender libros entre los adolescentes. Una biografía que, gracias a su supuesto mensaje edificante, llegó hasta a las escuelas (fue lectura obligatoria en muchas de ellas).

‘Yo, Cristina F’, el nacimiento de un icono pop

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Si el libro convirtió a Christiane en una figura popular, la adaptación cinematográfica la transformó en estrella. La película, titulada en España ‘Yo, Cristina F’ (1981), fue un bombazo. Aún hoy es uno de los filmes alemanes más taquilleros de la historia. Su banda sonora, compuesta por canciones de Bowie (quien aparece en la película cantando ‘Station to Station’), fue también un gran éxito, contribuyendo a que una canción como ‘Heroes’, que suena varias veces en el filme, se convirtiera en un himno generacional.

Vista hoy, ‘Yo, Cristina F’ ha envejecido sorprendentemente bien. La película dirigida por el muy irregular Uli Edel (‘Última salida, Brooklyn’, ‘R.A.F. Facción del Ejército Rojo’ y, sí, ‘El cuerpo del delito’) mantiene vigente su fuerza visual y su capacidad de impacto; conserva intacto ese realismo sucio y truculento que alarmó tanto a los padres de la época y fascinó a sus hijos. La atractiva pareja protagonista, junto a las canciones de Bowie, creó más imitadores entre los adolescentes de los que ya había conseguido el libro.

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La película tiene defectos, es cierto. La secuencia del concierto de Bowie tiene más fallos de raccord que una película de Jesús Franco (la actuación no corresponde a las imágenes del concierto) y la interpretación de algunos actores deja bastante que desear. Pero escenas míticas como la vomitera en pleno “mono”, el pico en el cuello del yonqui de los lavabos o la carrera de todo el grupo por el centro comercial mientras suena ‘Heroes’ de fondo siguen funcionando como el primer día, como si nunca hubieran existido películas posteriores como ‘Trainspotting’ o ‘Requiem por un sueño’.

¿Qué fue de Christiane F?

En la autobiografía ‘Yo, Christiane F. Mi segunda vida’, recientemente editada por Alpha Decay, Christiane cuenta cómo transcurrió su vida después de convertirse en una celebridad toxicómana. La joven yonqui se codeó con el underground berlinés de los ochenta, pasó por la cárcel y vivió como una hippie en las islas griegas. Pero pasaron los años, y en la actualidad Christiane es una mujer solitaria, una madre desposeída de su hijo, enferma crónica y esclava de la metadona que aún vive gracias a los derechos de autor del libro que la hizo famosa.

Una de las partes más interesantes de esta autobiografía es aquella en la que narra su contacto con la agitada escena musical berlinesa, desde la efervescencia punk y metalera a la irrupción del techno. Christiane se hace amiga de Nina Hagen, se lía con el guitarrista de Einstürzende Neubauten, se mete cocaína con los Van Halen, frecuenta la mítica discoteca Dschungel e incluso prueba suerte como cantante grabando un disco con el sobrenombre de Christiana y formando el grupo Sentimentale Jugend. También conoce a su ídolo, por supuesto. Y se lleva un enorme chasco. De Bowie dice que “era más bajito que yo, más delgado y tenía un bigote como el de mi padre”. Y como músico, que era un “talento mediocre” y que su música se convirtió en “electrónica mainstream”.

Pero ‘Yo, Christiane F. Mi segunda vida’, cuya edición española incluye una jugosa galería fotográfica, es también la crónica de una gigantesca resaca, el día después de una mujer física y emocionalmente devastada que espera la muerte en soledad, con el hígado hecho papilla y entre programas de metadona, recaídas aireadas por la prensa y accesos de manía persecutoria. Como ella misma dice: “una vida de mierda”.

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