Música

El «concierto para señoras» de Fangoria y también su opuesto

Fangoria son una cosa muy diferente a lo que eran antes. Sus conciertos de los últimos años están salpicados de astracanada, revista y playback, para alegría y gozo de su nuevo público, conseguido en gran medida gracias al éxito de ‘Alaska y Mario’, y que les mantiene holgadamente entre los artistas más vendedores del país. Y sin embargo, a pesar de que el dúo ha rehuido siempre de la nostalgia, de vez en cuando se acuerda de sus viejos fans fatales con una serie de conciertos especiales como aquel fallido con orquesta que realizaron en 2007 en Macumba, el show de Joy Eslava con canciones que nunca tocan (2010) o la serie de conciertos «Pianissimo» que han estrenado esta semana en Madrid y que este fin de semana llega a Barcelona.

El pianista Martin Watkins, que ha colaborado con Marc Almond y ha trabajado en discos de Fangoria como ‘Absolutamente’, es el gran protagonista de la primera parte del show, donde se desnudan a lo mínimo nueve canciones del repertorio de Fangoria, viejo y no tan viejo. ‘La pequeña edad de hielo’ y ‘Miro la vida pasar’ son caballos ganadores en esta primera mitad, la primera con unas sutiles aportaciones en la percusión de Nacho Canut, pero la verdadera sorpresa es el inicio con ‘Cebras’ (pese a esa base electrónica que se coló unos segundos por algún lado sin querer) y, sobre todo, la recuperación de joyas perdidas como ‘Voy a perder el miedo’ (pelos de punta), ‘Sálvame’, la digna ‘Lo tuyo no es normal’ y la preciosa ‘Dios odia a los cobardes’.

Esa primera mitad fue una nueva ocasión de recordar lo bonitas que son algunas canciones de Fangoria, lo poco que necesitan la parafernalia de bailarines o cuánto sobra el exceso de voces pregrabadas que se les ha visto en ocasiones. El grupo puede tocarte la patata cuando se pone, en contraste radical con los singles más frívolos que han explotado últimamente. Pero también hay lugar para esto. Alaska había calificado con ironía este show especial como «un concierto para señoras» y, a los 45 minutos, el grupo cierra cortinas y vuelve al backstage para preparar una segunda mitad «normal» encabezada por ‘Dramas y comedias’. Se abre la fiesta, tras la reconciliación con el fan recalcitrante. ¿Y sabéis qué? El público prefiere muy claramente a los Fangoria verbeneros.

Si ya había sorprendido que en la primera parte ‘Disco Sally’ fuera una de las canciones más coreadas por el público, este lo goza de lo lindo en la segunda, con ‘Iluminados’, la escolar pero divertidísima coreografía con dos bailarines de ‘Geometría polisentimental’, ‘Desfachatez’ o ‘Fiesta en el infierno’. Incluso resiste la embestida que supone la interpretación de las 4 canciones nuevas que el grupo ha metido en la reedición de su último disco, que deja fuera del repertorio, no ya ‘Electricistas’ o ‘No sé qué me das’, que por supuesto, sino ‘Retorciendo palabras’, ‘Criticar por criticar’ o ‘El cementerio de mis sueños’.

Tiene mucho mérito que a su público le dé exactamente igual. No hay ningún otro artista de la generación de Fangoria, de ningún tipo de perfil, de Pet Shop Boys a Depeche Mode, de Madonna a Bruce Springsteen, de U2 a Metallica, de Saint Etienne a Los Planetas, que haya conseguido ni vaya a conseguir que sus canciones más coreadas en un concierto sean las de su último disco. Y por otro lado, hay guiño para los más exigentes: el show se abrió y se cerró con dos composiciones de Nacho Canut con Carlos Berlanga, las dos únicas que sonaron, pero vaya temazos. En el bis, después de ‘Absolutamente’ featuring la voz de Sara Montiel, volvió el formato piano para la interpretación de la nunca suficientemente reivindicada ‘Llegando hasta el final’, la canción de Pegamoides con la que abrieron su show en La Riviera (junto a ‘Cierra los ojos’) quince días después de que falleciera el artista hace 15 años. Todos contentos, algunos incluso emocionados. 7,5.

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Publicado por
Sebas E. Alonso