General

Escuchando el primer disco de… Taylor Swift

Antes de sumergirse en el electroclash de Peaches vía ‘I’m Too Sexy’ en ‘Look What You Made Me Do’, en el electropop ochentero de ‘Style’, en el pop sueco con querencias urban de ‘Blank Space’ o en el dubstep-hecho-radio-friendly de ‘I Knew You Were Trouble’, Taylor Swift era la mayor estrella country de Estados Unidos. Sus tres primeros discos, que en España naturalmente no nos suenan de nada o nos suenan más bien poco, vendieron varias decenas de millones de copias en el país entre 2006 y 2010 y uno de ellos, ‘Fearless’, el cuarto disco más vendido de 2009, contiene al menos dos singles que sí fueron éxitos internacionales, ‘Love Story’ y ‘You Belong with Me’. El gran punto de inflexión de la carrera de Swift sería ‘We Are Never Ever Getting Back Together’, que establecería un claro puente estilístico entre su pasado country y su futuro como la mayor estrella del pop del mundo.

Swift publicó su debut en 2006, cuando solo era una chiquilla de 16 años que apenas conocía a los hombres a los que tantas canciones dedicaría después ni mucho menos era consciente de lo famosa que se terminaría convirtiendo. Produjo ‘Taylor Swift’ Nathan Chapman -que ya se había encargado de su maqueta- y la crítica contemporánea concordaba en que era un disco maduro para la edad que tenía Swift en ese momento. El disco es una verdadera cursilada de principio a fin, sobre todo por las letras “sufro por tu amor” de canciones como ‘Teardrops on My Guitar’ o ‘Should’ve Said No’, pero hay que reconocer que las melodías son buenas o, como mínimo, perfectamente presentables, sobre todo la de los singles ‘Tim McGraw’ y la mencionada ‘Teardrops on My Guitar’, si bien mayormente formuladas en un country-pop de manual sin demasiada personalidad. Demuestran esto por ejemplo el insípido número semi-rockero con mandolina de ‘Picture to Burn’ o esa balada irlandesa titulada ‘Tied Together with a Smile’ que casi puede decirse se adelantó a la irrupción de su amigo del alma Ed Sheeran.

El mayor éxito de ‘Taylor Swift’ fue ‘Teardrops On My Guitar’, a pesar de su dramatismo adolescente -dirigido como es natural a este público, el que compraría los cinco millones de copias que vendió el disco- una canción de country-pop perfecta, de melodía reposada y contemplativa, a través de la cual Swift se serena a sí misma sobre un amor que le atormenta. “Él me dice que está enamorado, me pregunto si sabe que es él en quien pienso todo el rato, él es la razón de las lágrimas sobre mi guitarra, la única cosa que me hace pedirles deseos a una estrella”. ‘Tim McGraw’ es otra buena canción, dedicada al cantante del mismo nombre aunque no directamente (es el artista favorito de Swift y el chico al que ama) y a pesar de su manido mensaje “tú vales mucho” en tercera persona, ‘Stay Beautiful’ es una ternura, sobre todo cuando Swift canta “en una caja debajo de mi cama, guardo una carta que nunca leíste, de hace tres veranos, es difícil no ver que todo es un poco agridulce ahora”.

‘Taylor Swift’ no es el disco más recordado de Swift hoy en día y probablemente sea el peor valorado por muchas razones -particularmente sus concesiones rockerillas en temas como ‘I’m Only Me When I’m with You’, ‘Picture to Burn’ o ‘Should’ve Said No’ son de lo menos inspirado que ha publicado-. Y desde luego se queda muy lejos en calidad de los debuts de gente como Dixie Chicks o LeAnn Rimes. Pero ninguna de las mejores canciones country de Swift, como ‘All Too Well’, existirían hoy sin ellas. Porque Swift ha escrito canciones mucho más sofisticadas a lo largo de su carrera, pero como expresa el lema clave de ‘Taylor Swift’, presente en una frase de ‘A Place In this World’: “yo solo soy una chica intentando encontrar mi lugar en el mundo”. Vaya si lo ha encontrado.

Los comentarios de Disqus están cargando....
Share
Publicado por
Jordi Bardají
Tags: taylor swift