Javier Gutiérrez, fortalecido por su papel totalmente delirante -y lo peor, tan creíble- visto en
la serie ‘Vergüenza’, es el entrenador profesional que ha de guiar al desastroso equipo de baloncesto tras haber sido pillado conduciendo borracho. Fesser despunta en cuanto a dirección de actores tras haber seleccionado a 9 personas que tenían una discapacidad intelectual real y a un 10º casi 100% invidente, y haber entrevistado a otros 600 de los que ha tomado frases, gestos, detalles y reacciones. Los ha enmarcado en una fotografía muy de dibujo animado, como se aprecia claramente en cartel y en la composición de los planos en la pista de juego, y ha conseguido el buscado equilibrio entre ternura y humor, por ejemplo a través de la primera aparición de Collantes o en los delirantes y penosos viajes en transporte público.
Por el contrario, la cinta no puede ser más predecible en su cura de humildad y lección de vida para el personaje de Javier Gutiérrez, que pronto tendrá que aprender que él es también un discapacitado aunque no se aprecie a simple vista. Siempre es de agradecer la visibilidad a una minoría como esta, como ya se hizo en ‘Yo, también’, pero no tanto que el set de rodaje prefiera viajar a Tenerife que a lo realmente atrevido o irreverente, pues en 2019 y con el tipo de humor que vemos cada día en prime-time, estamos preparados para mucho más. Asimismo, la relación entre el protagonista principal y su novia, lanzada a lo largo de la película casi a modo de teasers por alguna razón, es completamente inverosímil y absurda, haciendo definitivamente palidecer a ‘Campeones’ frente a otras ganadoras del Premio Feroz a la mejor comedia, como ‘3 bodas de más’, ‘Carmina y Amén’, ‘Kiki, el amor se hace’ o ‘La llamada’. Genial por el taquillazo: no es tan fácil como parece hacer una película entretenida y con mensaje que se pasa en un suspiro, ¿pero de verdad alguien creyó que tenía alguna posibilidad en los Oscars? 6.