Madonna: «Somos esclavos de nuestras adicciones, de la aprobación de la sociedad, de nuestros egos…»

Por | 13 Jun 19, 23:59

En la antesala de la antesala del lugar donde entrevistaremos a Madonna hay una sensación de excitación controlada. La prensa de Japón, Estados Unidos, Italia, Australia, Alemania u Holanda, entre otros lugares, es convocada por turnos y países en una especie de club social privado y céntrico de Londres. Entre el no parar de entrar y salir gente con cámaras, servicio de cátering, labor indeterminada, prima un silencio casi bibliotecario, que denota una agenda y organización medidas al milímetro. Mientras los tres periodistas españoles que compartiremos esta entrevista aguardamos, en el escaso tiempo que hemos de esperar a Madonna respecto a la hora programada -se me ocurre una larga lista de entrevistas que se han retrasado más que esta-, me intriga averiguar a quién veremos aparecer por la puerta. ¿Será la persona vulnerable que canta sobre sus temores e inseguridades más íntimos en ‘Joan of Arc’, o la reina del pop que tiene el récord de singles en el top 10 en Estados Unidos y más de 20 números 1 en España?

Madonna aparece con el parche de brillantes que está caracterizando visualmente la era ‘Madame X’, evidentemente todo el mundo se levanta con premura y nervios, al menos hasta que dedica unos segundos para darnos la mano uno a uno mientras repite nuestros nombres cuando nos presentan, tan educada como las maneras del país en el que nos hallamos. La mesa donde nos sentamos es lo suficientemente menuda para dejarnos apreciar que ambas Madonnas son compatibles. La artista hace contacto visual con todos nosotros, en contra de lo que se narraba en una entrevista reciente, si bien es cierto que en ocasiones se aprecia perfectamente su humanidad: prefiere mirar al suelo ante una pregunta para la que quiere encontrar las palabras adecuadas o incluso alguna vez parece estremecerse.

La mayoría de ocasiones, en cambio, es ella quien gana y noquea. Responde preguntas de manera ágil y ordenada, normalmente con frases cortas, lo cual es un alivio por el enorme número de cuestiones que se alzan, estúpidas, desde tu libreta y, al final, los tres nos llevamos nuestro simpático azote, en forma de «eso son 3 preguntas, empieza por la primera», «ya sabes la respuesta a esa pregunta» o «sí, eso es todo». Las risitas se van sucediendo: una entrevista de Madonna no sería igual sin su lado canalla: nothing like a good spanky.

«Toda canción (en ‘Madame X’) tiene un hilo que la conecta de algún modo con la siguiente»

Una semana antes del lanzamiento de ‘Madame X’, tengo la ocasión de escuchar el álbum en las oficinas de Universal en España. Ni todas las reseñas leídas en los mensuales británicos me privan de la sorpresa que supone escuchar por primera vez la amalgama de estilos, detalles y elementos que se avecina, como en ‘God Control’, en la que Madonna y Mirwais destruyen deliberadamente el “disco banger” que el mundo esperaba por su parte; o en ’Killers Who Are Partying’, un tema inspirado en el fado.
 Pero lo que más me sorprende es lo bien hilvanado que queda el conjunto, resultando naturales por razones intrigantes las transiciones entre el anti-disco de ‘God Control’ y el reggae de ‘Future’, el reggae de ‘Future’ y los ritmos caboverdianos de ‘Batuka’; o el paso de “Killers” al single ‘Crave’.

Al sonar ‘Come Alive’ después de ‘Crazy’ sin que ambas tengan nada que ver, las vibraciones de estar ante algo parecido a ’Ray of Light’ emergen como una posibilidad en el horizonte. ‘Madame X’ parece la continuación de ‘American Life’, al ser otro álbum político y suponer el regreso a la co-producción de Mirwais, pero en realidad me resulta más parecido al disco que contenía material tan diverso como ‘Shanti/Ashganti’, ‘Sky Fits Heaven’, ‘Mer Girl’ y ‘Candy Perfume Girl’. Donde ‘Ray of Light’ mezclaba techno, trip-hop, trance, música india, ambiental y guitarras post-punk sin que a nadie le resultara estridente, este hace lo propio con estilos irreconciliables como el fado, el disco, la balada folky, la morna, el reggae, el reggaetón o el urban, además con cierta aproximación espiritual a lo ‘Frozen’. “Vine del medio oeste y luego fui al lejano este, intentando descubrir mi propia identidad», canta en uno de los temas.

La artista suspira aliviada -o hace «como si», provocando cierta complicidad- cuando le indico que el álbum suena cohesivo. ¿Ha sido gracias a la secuencia, al tipo de beats, instrumentos? «Son también los temas de las canciones. Intenté que hubiera una conexión en todo. Por eso tienes que ver la pieza que Nuno ha hecho y que muestra que cada canción está conectada con la siguiente de una manera o de otra. A veces es un instrumento, una letra, un beat, una historia, el idioma… pero toda canción tiene un hilo que la conecta de algún modo con la siguiente», indica al tiempo que me enseña a pronunciar apropiadamente la palabra «cohesive». Madame X is a teacher.

La estancia de Madonna en Lisboa y la capital lusa «como crisol de culturas, de Angola a España, de Brasil a Francia», se presenta oficialmente como el epicentro de un disco que ha tardado un año y medio en completar (lejos de aquel ‘Like a Prayer’ que fue escrito prácticamente a razón de una canción por día), y que ha cambiado el curso artístico de su carrera. Le sigue interesando colaborar con artistas americanos como Diplo, Swae Lee o Quavo, como antes Nicky Minaj o Justin Timberlake, pero ‘Madame X’ subraya ese interés por la música étnica que había aparecido durante toda su carrera en temas puntuales y sobre todo en algún número de sus giras. «He aprendido cuántos músicos brillantes y con talento hay en Portugal. He aprendido mucho sobre la historia de Portugal, sobre la historia de Europa, la colonización, África, la música de Cabo Verde, el fado, el significado del fado, la música de sitios como Angola o Guinea-Bisáu… He recibido muchas lecciones de historia mientras escribía este disco».

«Jamás olvidaré aquella noche con Miguel Bosé y el grupo flamenco. Fue una noche increíble, hermosa, mágica. Es lo mismo que Lisboa, una revolución constante de música, poesía, voces, instrumentos»

De hecho, compara ese espíritu de creatividad con aquella famosa noche en que, de visita a España, terminó disfrutando del flamenco en compañía de Miguel Bosé. Se le ilumina la cara por completo cuando una compañera se lo menciona: «¡Oh Dios mío! Fue una noche increíble, jamás olvidaré esa noche. Fue una noche increíble, hermosa, mágica. De hecho, lo que sentí esa noche con Miguel Bosé y el grupo de flamenco, con la gente apareciendo en la sala, la gente sentándose, y la música sonando y sonando de manera orgánica, es lo mismo que me ha pasado en Lisboa. La gente tenía una conversación, tocaba la guitarra, aparecían nuevos músicos, bebíamos vino. De repente alguien cantaba, había danza callejera, alguien más aparecía… y había mucha música. Era una revolución constante de música, poesía, voces, instrumentos… Ha sido muy parecido. Y Cuba también es así». Cuando le preguntan si sigue tocando la guitarra, responde que por supuesto y se dirige a su equipo: «Esto me recuerda… Recordadme que le pida a Sara la guitarra de 12 cuerdas que alquilé. La necesito».

A la cantante le encanta hablar de España y se emociona especialmente cuando toca hablar de Rosalía, a la que incluía recientemente en una playlist con su música favorita de mujeres, y con quien comparte directora de un videoclip, Diana Kunst (de ‘De aquí no sales’ a ‘Medellín’). «Me encanta [Rosalía]. Es increíble. Porque es única. En primer lugar, es una cantante de flamenco fantástica. La descubrí hace más de un año, e intenté por todos mis medios que viniera a Marruecos por mi cumpleaños y actuara para mí. En ese momento, nadie sabía quién era [NdE: agosto de 2018, faltan unos meses para la edición de ‘El mal querer’]. Pensé: «he descubierto a alguien que nadie conoce, es una cantante de flamenco, es increíble, y actúa sola con un guitarrista. Empezamos a hablar ella y yo y entonces parecía una transacción fácil. Luego, la cosa se fue complicando. Cuando hablé con ella, necesitaba solo un guitarrista y palmeros que iban a compartir habitaciones, porque nos quedábamos en un hotel muy pequeño. Pero de repente entró en juego un mánager, y entró en juego un agente, 5 personas se involucraron, y pidieron una extraordinaria cantidad de dinero… Eran como 36 personas… Así que no pasó. Estuve un tiempo sin oír hablar de ella y de repente se convirtió en una estrella. Y yo pensé: «yo tenía razón». Es única y la admiro porque en un momento en el que las estrellas del pop suenan igual y parecen todas iguales, ella es única y fiel a sí misma. Me encanta. Es algo especial».

«Rosalía es única y la admiro porque en un momento en el que las estrellas del pop suenan igual y parecen todas iguales, es fiel a sí misma»

Sobre su primera conexión con el español, Madonna recuerda: «Cuando era pequeña, mi madre tenía estudiantes de intercambio en casa todo el tiempo, estudiantes que visitaban Michigan. Uno de los primeros era mexicano, hablaba español en casa y es la primera vez que lo escuché. Se quedó conmigo. Cuando mi madre murió [cuando Madonna tenía 5 años], muchas de las niñeras y mujeres que cuidaban de la casa o de nosotros eran hispanas y siempre me sentí cercana al idioma. Aunque nunca lo hablé con fluidez, por desgracia». Su gusto por lo latino es visible cuando su equipo nos adelanta que a Madonna le encanta tratar con la prensa latina, y tras cambiarse de vestido en un abrir y cerrar de ojos, accede a hacerse una foto, cuando no las teníamos precisamente nada con nosotros. A una compañera le pide que la abrace sin timidez, a mí me anima a acercarme cantando «sooner or later you gotta be mine». Desde luego sabe cómo desafiarte, y después cómo meterte en el bolsillo.

Al hilo de aquella vez en que aseguró en Los 40 que sentía haber tenido «una vida previa en España» en concreto durante la Santa Inquisición, porque soñaba que «salvaba la vida a los judíos», quiero preguntarle sobre religión. La artista que cantó ‘Like a Prayer’ y después hizo de «I’m not religious» uno de sus estribillos más hermosos en ‘Nothing Fails’, ahora vuelve a hablar con Dios en el nuevo tema ‘Looking for Mercy’, y al fin y al cabo, continúa sin ofrecer un solo concierto en jornada de viernes, pese a lo que pueda implicar a nivel económico y logístico, por razones espirituales.

Madonna acepta la conexión entre ‘American Life’ y ‘Madame X’ y responde: «No diría que sea tan religiosa como espiritual porque la religión para mí tiene una connotación de dogma, pertenecer a un grupo, a un líder y yo no suscribo eso. Tengo una profunda fe en Dios. Tengo mis propios rituales, pero se basan en la sabiduría, en la ciencia, en la historia. Estudio la cábala, que es la interpretación mística del Antiguo Testamento, pero no soy miembro de ninguna organización religiosa». ¿Entonces no actúa los viernes por motivos religiosos? «No, porque es Sabbat». ¿Y eso es todo? «Eso es».

Minutos después un compañero cita la letra de ‘Killers Who Are Partying’ -que incluye referencias a Israel, al Islam, o a los gays-, en concreto la frase «I know what I am, and I know what I am not», y se explaya algo más: «Soy un ser humano buscando la verdad, buscando respuestas con curiosidad, buscando mi lugar en el mundo. Y lo que no soy es una persona que tenga todas las respuestas, una persona que sea perfecta, que tome todas las decisiones correctas, una persona que sepa todo. No soy eso». ¿Es Madonna optimista? «Por supuesto que soy optimista, estoy hablando contigo», responde con guasa.

«No diría que sea tan religiosa como espiritual. Tengo mis propios rituales, pero se basan en la sabiduría, en la ciencia, en la historia».

La misma que me encuentro cuando le pregunto si ‘Crazy’, una canción aparentemente más inofensiva pero que se me ha quedado grabada en el cerebro con tan solo una escucha, es la gran canción de amor de este álbum, embellecida por un acordeón. Le sugiero que es muy «mona». «Cute? Ugh! ¡No la denomines así!», ordena en lo que podríamos considerar el episodio final de la trilogía “odio las hortensias” y “Cherish era «corny»”. Indica sobre ‘Crazy’: «Es una canción sobre un amor que te está volviendo loca. Es como ‘Crave’, que va sobre añorar o anhelar algo que sabes que no es bueno para ti. En ‘Crazy’ digo, en el «middle break»: “te quiero pero no voy a dejar que me destruyas”. O «no voy a dejar que tu amor me destruya». Así que tampoco es exactamente una “canción de amor””.

Muchas de las canciones más bonitas (y desconocidas) de Madonna tampoco lo eran. Muchas encierran un mensaje de libertad que las hace sonar como «declaraciones» («statements» es una de las palabras más asociadas a la artista). Era el caso de ‘Rebel Heart’, como tengo ocasión de sugerirle, para mí su ‘Non, je ne regrette rien’. Presumía: «he dejado atrás mi pasado y he mudado mi piel / Lo dejaré ir y empezaré de nuevo / nunca miro atrás, es una pérdida de tiempo / Sí, esta sí soy yo, y estoy exactamente donde quiero estar”. Ahora que va a hacer una gira por pequeños teatros en lugar de arenas, ¿es una opción recuperar canciones como esta, más personales? «Definitivamente, por eso quiero hacer ese tipo de conciertos específicamente para este disco». Madonna acepta que ‘Rebel Heart’ era un disco personal, pero recalca que ‘Madame X’, pese a su inspiración política y social, «también lo es». Cuando le preguntan qué le diría a aquella Madonna de 19 años que era bautizada como «Madame X», responde tras pensar durante un largo rato: «Abróchate el cinturón, va a ser un camino lleno de baches».

Y los baches han sido una constante durante su carrera. Madonna lleva cuatro décadas resistiendo como uno de los mayores iconos culturales del último siglo, por supuesto, pero ha tenido momentos especialmente impopulares, como la edición del libro ‘Sex’, el político y crítico con la guerra de Irak ‘American Life’ o recientemente Eurovisión. Mi sensación es que, mientras gran parte de su público espera el nuevo ‘Hung Up’, a ella no parece preocuparle tanto lograrlo. No me cabe en la cabeza que alguien con aspiraciones comerciales en la era streaming haga un reggaetón de 5 minutos con Maluma en el que el gran gancho tarda 3 minutos en aparecer, el disco continúe con una pista experimental como ‘Dark Ballet’ y continúe con un tema de 6 minutos con tantos elementos poco radiables como ‘God Control’; y así se lo hago saber, si bien, por su cara, es claro que no comparte mi opinión y que sí le interesa el éxito.

Primero me interrumpe para preguntar qué quiero decir con «experimental». Cuando respondo que «ausencia de estribillos obvios o uso de diferentes ritmos dentro de un mismo tema», contesta: «No. Sí que me preocupa el éxito, me gustaría que mi disco llegara a mucha gente. Sin embargo, sí es cierto que no quería hacer un disco de canciones de pop formulaicas, no me interesa. El mundo ya tiene bastante de eso. Solo quería hacer música que me inspirara». En la misma línea se expresaba en la presentación oficial del disco: «Cuando empecé mi carrera como artista era naïve. Y lo bueno de ser naïve es que no piensas en ser juzgado o en lo que la gente va a decir sobre lo que estás haciendo. Eres libre y puro en tu expresión. Quería volver a ese momento de mi vida en el que la música me salía sin escuchar el ruido de las recomendaciones o las sugerencias de otros. Ahí es cuando me dieron el nombre de Madame X».

Al mencionar los extraños elementos ajenos al reggaetón de ‘Medellín’, responde sonriente: «son los elementos añadidos por Madame X y Mirwais». En la nota de prensa ya indicaba que habían trabajado así. Ella le mandaba algo de música y le decía: «sé que esto suena un poco loco, pero dime si te inspira algo. Cortemos en pedacitos los sonidos de guitarra y sincronicémoslos con sonidos de batería más modernos», que es lo que han hecho en temas como ‘Batuka’ o ‘Come Alive’, que no renuncian a una producción más electrónica.

«Antes había más voces de mujeres apoyando a otras mujeres para hablar más alto. No hay suficiente feminismo»

Cuando Madonna se muestra más entusiasta en esta tanda de entrevistas es cuando salen a colación palabras como «libertad», «rebelión» o «feminismo». Cuando se muestra más emocionada y diría que también esperanzada, cerrando los ojos como rezando por un futuro mejor, es cuando es preguntada sobre la evolución del feminismo en los últimos años. No es, en cambio, optimista. «El feminismo no es lo suficientemente fuerte. Antes era algo más grande. Antes había más voces de mujeres apoyando a otras mujeres para hablar más alto, para ser más políticas, para pasar más a la acción. Hay que apoyar a otras mujeres. No hay suficiente feminismo».

En la misma línea, según su visión, hay mucho que mejorar en cuanto a libertades. «Está la libertad personal y la colectiva, y las dos están en peligro. Como comunidad, como grupo, como gente, como sociedad, nuestras libertades están en peligro en todos los sentidos. No debemos dar nada por sentado por lo que hemos conseguido y las libertades que tenemos. El hecho de poder expresarme sin preocuparme de que los secuaces de un dictador me lleven a la cárcel por hablar contra un gobierno o decir algo contra una iglesia… Nunca puedo dar por garantizada esa libertad porque hay gente que no la tiene».

«Está la libertad personal y la colectiva, y las dos están en peligro. Pienso, en un sentido personal, que como seres humanos, somos esclavos de muchas cosas»

Prosigue: «Pero por otro lado, también creo que estas libertades nos están siendo arrebatadas de manera más sutil, poco a poco y delante de nuestras narices. Da mucho miedo. Y pienso, en un sentido personal, que como seres humanos, somos esclavos de muchas cosas. Somos esclavos de nuestros deseos, de nuestras adicciones, de la aprobación de la sociedad, del tabaco, del alcohol, del trabajo, de hacer ejercicio… También somos esclavos de nuestros egos. En ese sentido, nuestra libertad está siendo amenazada y por eso tenemos que mantenernos despiertos, para no convertirnos en esclavos. ¿Te está paseando el perro a ti o lo estás paseando tú?».

Quizá por eso muchos de los ritmos del álbum han estado vinculados de una manera o de otra con las demandas sociales, como la música disco a finales de los 70 y el racismo del «disco sucks», el reggae en Jamaica o el ritmo africano de la propia ‘Batuka’. «La batuka era considerada un acto de rebeldía por los portugueses, por la iglesia, les quitaban los instrumentos de percusión a las mujeres porque consideraban que lo que hacían era un acto de rebeldía», recuerda.

‘Madame X’ se edita este viernes 14 de junio. La gira de presentación comienza en septiembre en Nueva York, sin fecha de parada en España.

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