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Axolotes Mexicanos / :3

Te gustará si te gusta: Los Punsetes, La Casa Azul, PUTOCHINOMARICÓN, Los Fresones Rebeldes
Lo mejor: 'Vergüenza', 'Cara de idiota', 'Te quiero (...), 'Oshare Kei'
Escúchalo: audio de 'Vergüenza'

La composición de Axolotes Mexicanos dice mucho de lo que están significando en el pop independiente español: lidera la banda la compositora e ilustradora Olaya Pedrayes; su hermano Juan toca la batería y es co-autor, a la par que miembro de Carolina Durante; también entre los autores de ‘Cayetano’ milita el guitarrista Mario del Valle, ahora también conocido por su temerario (sorry) proyecto «Temerario Mario»; el bajista es Stephen Please; y en los últimos tiempos también se ha hecho un nombre el guitarrista Lucas de la Iglesia, recientemente nominado al Premio Ruido a mejor disco del año, muy merecidamente, por su trabajo como Confeti de Odio. Podemos emperrarnos en verlos como un cruce entre Los Punsetes, Airbag y grupos de la hornada L Kan, pero aquí cada vez hay más tela que cortar, por si no había quedado claro en aquella portada en que escondían un puñal en la mano.

El sello Elefant, hogar de La Casa Azul, La Bien Querida y ahora Soleá Morente, presume sobre el lanzamiento de este disco: «no nos cansaremos de decirlo: Axolotes Mexicanos han sido y van a ser el germen de muchas cosas». ¿A qué pueden referirse? El grupo de los hermanos Pedrayes continúa utilizando el amor y el odio extremos casi sin medias tintas, siendo palpable el contraste nada más comenzar el disco con ‘Opening’, una canción sobre el «hate» más absoluto (“la chapa que me das no lo puedo soportar / me entran ganas de potar”)… tan solo para pasar a algo tan tierno y naíf como ‘Cara de idiota’. Es el mensaje desde la producción musical el que se va enrevesando.

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Una vez escuchado este nuevo álbum, es difícil no ver a Axolotes Mexicanos cada vez más lejos del punk pop a lo Fresones (a los que aún recuerdan alguna vez, como por ejemplo en un pasaje de ‘Verano en espiral’), para situarse más bien en la estela de jóvenes creadores como PUTOCHINOMARICÓN o, en el plano internacional, gente como Poppy. Una parte del disco debe sus mejores ideas a su pasión por el pop japonés, y ahí podemos citar ‘Oshare Kei’, el vídeo de ‘Que te pires’ o los arreglos de ‘Quiero que vengas’. Y otra incluso se acerca al metal como las locas guitarras de ‘Que te pires’, canción en la cual la batería se permite el lujo de recrear un beat tipo reggaetón.

Como en la generación Z, lo más importante que hay en este disco son sus pocas ganas de casarse con alguien y eso hasta llegar más lejos que La Casa Azul. Si el proyecto de Guille Milkyway es una referencia obvia, ‘Vergüenza’ se acerca a la PC Music como ya hicieron en ‘Salu2’ (y un poquito al rap) como este no ha querido, con lo que le pegaba; mientras ‘Opening’ arranca el disco con una fanfarria que ni el primer disco de Manel. Con una melodía de canción tradicional, una que podría haber cantado Paloma San Basilio, la mencionada ‘Vergüenza’ es una de las mejores composiciones de Axolotes Mexicanos, con una Olaya que sabe hacer de su interpretación entregada cuasi ahogada un gancho, un recurso que también le funciona muy bien en la excelente ‘Te quiero (…)’.

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Esa segunda mitad del disco en la que aparece este tema puede ser algo menos excitante que una primera en la que ‘Verano en espiral’ nos ha recordado lo mismo a Klaus&Kinski que a Triángulo de Amor Bizarro (Carlos Hernández ha mezclado y masterizado), y ‘Cuando_estoy_contigo.mp3’ a los primeros Planetas. ‘Gotelé’ como balada con cuerdas sintéticas es muy digna, pero rompe un poco el dinamismo de un álbum que parece estar terminando más o menos desde ‘No sé si llamarte’… pero no. Con todo, y dados los dos acercamientos y medios al género de la balada, es un acierto que el disco se cierre con la teatral ‘Ending’, entonada por Juan en este caso, con el encanto de la excepcionalidad que también tenía Santi Capote como vocalista muy ocasional de Ellos. Axolotes evolucionan y son cada vez más impredecibles: por favor, que lo haga el discurso de sus «haters».

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