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Verde Prato / Kondaira eder hura

Lo mejor: 'Neskaren kanta', 'Lagunen kanta', 'Aitaren kanta'
Te gustará si te gustan: Maria Arnal i Marcel Bagés, löpez, Mursego
Escúchalo: Youtube

El debut de la joven Ana Arsuaga es de los que se molestan en contar una historia. En un momento en el que la música pop está mirando de manera inequívoca hacia la tradición, con proyectos como Maria Arnal i Marcel Bagés conquistando las listas y agotando localidades con antelación, Verde Prato presenta una pequeña colección de 7 composiciones mayoritariamente en euskera: todas excepto la última se nos presentan en dicho idioma.

La música es austera, grabada y producida en la compañía de Jon Aguirrezabalaga (We Are Standard), con momentos tan extremos como ‘Haurraren kanta’ -directamente a capella- o ‘Amaren kanta’, en la que en principio solamente acompaña una percusión seca, a la que se van sumando otros elementos: un segundo grupo de percusiones formado por las propias manos, quizá un bajo… Verde Prato busca transmitirnos los secretos de la canción popular que ha pasado de generación a generación y su bonita voz es un fabuloso vehículo para ello. Su coro en los últimos instantes de este mini álbum es especialmente hermoso.

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‘Kondaira eder hura’ (“Aquella bella historia”) narra la vida de un muchacho que abandona el campo para irse a la ciudad. Como ya habréis adivinado a estas alturas todos los vascoparlantes, cada pista nos ofrece la visión de un personaje, la de él mismo o la de quienes le rodean: de ahí que los títulos de todas las canciones terminen en «kanta», revelando la primera palabra quién nos está hablando.

‘Amaren kanta’ es la visión de la madre (“Adónde va mirando mi niño? ¿Qué lo dañará en ese lugar?). La aventurera ‘Mutilaren kanta’, locas virguerías vocales incluidas, es la propia visión del protagonista («¿En qué lugares anda aquella muchacha? (…) ¿La podré agarrar de la cintura? (…) ¿Me dolerá ese beso?»). ‘Aitaren kanta’ es el apoyo del padre, quien nos revela que también huyó en su día, sobre un piano un tanto trip hop (“te entiendo, hijo, yo también anduve así un día / tu madre se pregunta si el camino de los hombres es huir, no lo sé, pero di si te vas huyendo”).

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También hay tiempo para una marcha fúnebre de «los amigos», que en realidad está entonada por una amante despechada (“no diremos que éramos íntimos / despídete cuanto antes y márchate”, dice ‘Lagunen kanta’); mientras el relato de los hermanos está protagonizado por la violencia (‘Anaien kanta’), en concreto por una pelea en un bar aunque no lo parezca en su mitad silbada (sí en las estrofas).

Este viaje nos lleva a la canción del disco en castellano, ‘Neskaren kanta‘, que parece representar la llegada a la ciudad y a la sensualidad. Verde Prato representa entonces la voz de otra «muchacha», se incorpora un beat hasta reggaetón quizá como símbolo de su sino, y la letra apela con sutileza al sexo sin perder el tono poético que rezuma ‘Kondaira eder hura’.
«¡Qué hermoso era tu pecho,
una blanca luna!
No lo cubras, la camisa
solo lo importuna».

Con unas influencias que van desde Siouxsie a Mikel Laboa, pasando por cosas tan insospechadas como unos tangos rusos, el camino de Verde Prato parece menos incierto y más osado que el del protagonista de ‘Kondaira eder hura’.

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