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St. Vincent / Daddy’s Home

Lo mejor: 'Pay Your Way in Pain', 'The Melting of the Sun', 'Down and Out', 'Daddy's Home', 'Down'
Te gustará si te gustan: Stevie Wonder, Sly & the Family Stone, Funkadelic, Michael Kiwanuka, Corinne Bailey Rae
Escúchalo: 'Down', en Youtube

Después de publicar uno de los discos clave del siglo XXI, ¿cuál era el siguiente paso para St. Vincent? Para empezar, dar la bienvenida a casa a su padre, que a finales de 2019 salió de prisión después de 10 años tras ser condenado por su participación en una trama de manipulación de acciones multimillonaria. Este asunto tan personal ha motivado a Annie Clark a reinventar su sonido y su estética una vez más para entregar el disco menos «St. Vincent» de su carrera.

Ha dicho Clark que «ha ido todo lo lejos que ha podido con la angulosidad» de discos como ‘Strange Mercy‘, ‘St. Vincent‘ o ‘MASSEDUCTION‘ (es decir, sus mejores trabajos) y que ahora lo que le apetecía era hacer un disco inspirado en la música con la que ha crecido, la de gente como Stevie Wonder, Steely Dan, Funkadelic o Sly & the Family Stone. Se nota que también estaba cansada de toda la mercadotecnia que se urdió alrededor de su anterior trabajo, porque ‘Daddy’s Home’ es un disco modesto en todos los sentidos: «este disco va de gente tocando música y ya está» ha sido una de las descripciones que ha dejado la artista en las entrevistas. Aunque miente, pues no va solo de eso, el largo tampoco es que se enmarque dentro de un gran concepto.

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‘Daddy’s Home’ efectivamente es un disco bien plantado en la música de los nada sobrios años 70 con influencias del R&B, el funk psicodélico, el soft-rock y el glam, asimiladas con todo el gusto que cabe esperar de una música tan profesional como Annie Clark. Es, en sus palabras, «un viaje en tonos sepia al centro de Nueva York entre los años 1971 y 1975». La salida de prisión de su padre ha inspirado un trabajo en realidad dedicado a esos personajes inadaptados que corren por las calles de Nueva York con una peluca en la cabeza y una botella de bourbon en la mano, incluida la propia St. Vincent. Las «heroínas de Cassavettes» son mencionadas en ‘The Laughing Man’ y la actriz transexual Candy Darling, quien apareciera célebremente en la portada de ‘I Am a Bird Now‘ de Antony & the Johnsons, en su lecho de muerte, titula uno de los cortes.

La propia Annie Clark es una «freak» que camina por Nueva York sin dinero ni comida que llevarse a la boca (y siendo despreciada por las madres «de bien») en el single principal, ‘Pay Your Way in Pain’, el más glam y Bowie de todos, también el más potente y eléctrico en un trabajo poblado de baladas y medios tiempos. ‘Melting of the Sun’ es una memorable calcomanía del Stevie Wonder más psicodélico pero incorpora referencias a «Santa Joni»; ‘Dark Side of the Moon’, a una Marilyn Monroe chutada de heroína o a Nina Simone; la dramática ‘Down and Out’ narra un largo viaje hacia Manhattan entre coros celestiales, cuerdas y la melodía de un sitar; y ‘Daddy’s Home’ captura la exuberancia de Sly & the Family Stone y Prince, con los chillidos de este y de James Brown, para describir aquellos momentos en que Clark «firmaba autógrafos en la sala de visitas» de la cárcel.

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La edificante ‘Live in the Dream’, también una balada, habla sobre una pobre joven que ha vivido en una «jaula», ignorada por la sociedad, y que ha acabado en brazos de Clark, quien se muestra encantada de cobijarla en su regazo; y la serena ‘The Laughing Man’ describe un escenario familiar grasiento con un sentimiento de «ideación suicida de Playstation» de por medio, para dejarnos la gran conclusión del álbum: «si la vida es una broma, me moriré riendo». Nos encontramos en el tramo medio de ‘Daddy’s Home’ y, si bien prevalece un espíritu de perversión a lo largo de estas canciones, ninguna sobresale de primeras. Aparte de la delicada ‘Somebody Like Me’, que es donde el disco consigue respirar de tanta improvisación musical, termina destacando la desafiante ‘Down’, la más parecida al primer single.

La adaptación de ‘Daddy’s Home’ del sonido de los 70 es atractiva y fidedigna desde el primer riff de guitarra hasta el último coro pasando por la sonoridad seca de las baterías, pero nunca especialmente original. Técnicamente sí es impecable y la riqueza instrumental es atractiva a lo largo del álbum, pero se echa en falta la chispa de los anteriores álbumes de St. Vincent. En ‘Daddy’s Home’, Clark se ha conformado con hacer un tributo a su década musical favorita sin más. Sigue siendo personal su elegante voz y su gusto por las historias sobre personajes decadentes, pero la sensación que deja ‘Daddy’s Home’ es la de un trabajo menor en su discografía.

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