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Dry Cleaning / New Long Leg

Lo mejor: ‘Scratchcard Lanyard’, ‘Unsmart Lady’, ‘Her Hippo’, ‘New Long Leg’
Te gustará si te gustan: Black Country, New Road, Squid, Protomartyr, Arab Strap
Escúchalo: Youtube

Dentro de la hornada de chicos listos británicos dedicados al post punk/post rock arty, Dry Cleaning se han abierto un hueco considerable, y eso que solo hace tres años que se formaron. También es cierto que ya tenían varios tiros pegados cuando Tom Dowse (guitarra), Lewis Maynard (bajo) y Nick Buxton (batería) pidieron a Florence Shaw (voz y letrista) que se incorporara a la banda. Les faltaba algo. Y ese algo Dowse, antiguo compañero de Florence en la escuela de arte, sabía que solo lo podía aportar ella. Tras dos EP’s en 2019, ‘Sweet Princess’ y ‘Boundary Road Snacks And Drinks’, los fichó el mítico sello 4AD para este primer LP. John Parish está al mando de la producción.

El universo sonoro de Dry Cleaning es fácil de resumir. Las canciones se construyen a través de jams sonoras repletas de riffs de guitarras, líneas de bajo y redobles de batería inscritos en la tradición post punk, la de Gang of Four, Wire o grupos actuales como Squid, aunque Dry Cleaning tienen una línea menos esquizo, más contenida y elegante que estos. Sobre esta base, Florence Walsh desparrama su spoken word.

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Es Walsh la que realmente diferencia a Dry Cleaning de todos los demás, de ese panorama de señores vociferantes que domina el subgénero. Su voz es ligeramente grave, rasposa, recuerda a la de Kim Gordon. Su recitado es sincopado y radiofónico, desapegado y desafiante, sosegado y amenazante, monocorde pero expresivo. Sus letras son crípticas y dejan bastante a la interpretación. Parten de fragmentos, muchas veces aparentemente inconexos, que Florence obtiene de imágenes, obras de arte, obsesiones, feminismo, desaires, proclamas… Su formación como ilustradora se abre paso en su imaginario lírico.

Así explicado, todo en Dry Cleaning es sugestivo, todo pinta bien. El problema es que es más excitante sobre el papel que en el disco. ‘New Long Leg’ es demasiado lineal; una retahíla de temas conformados por la misma estructura reiterativa de guitarras poderosas y bases rítmicas post punk con spoken word por encima.

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Hay bastante donde rascar, por eso. Cuando abre ‘Scratchcard Lanyard’ sientes un calorcito rico; unos riffs de guitarra y bajo turbulentos y pegadizos, el recitado de Shaw fluyendo, su voz jugando con las palabras, especialmente en los versos “Do everything and feel nothing / Wristband themepark” o dejando imágenes tan poderosas como «A woman in aviators firing a bazooka» (una mujer en cazadora disparando un bazuka). La fanfarria inicial de ‘Unsmart Lady’ recuerda a las de Black Country, New Road o Protomartyr. Aquí los remolinos guitarrísticos apoyan a Florence, que nos va amenazando sin apenas levantar la voz, lanzando eslóganes como “Fat, podgy, no makeup” (gorda, gordinflona, sin maquillar) y los retuerce hasta convertirlos en proclamas feministas, entre wah-wah psicodélicos y rocosos.

En ‘Her Hippo’ destacan los “oh-ah” que Walsh lanza, entre aburrida y sarcástica, en una canción en que canta al hastío de verse atrapada en una relación quemada, que ahoga. ‘New Long Leg’ muestra prácticamente la única vez que Walsh canturrea, esos «dodododo» a los que ella misma se contesta/corrige en una atmósfera que remite al subgénero gótico. En ‘More Big Birds’, el redoble de batería, las voces dobladas, el piano, los tururu que entona Walsh dan un aire extraño, pero fresco.

Pero hacia el final, la acumulación de riffs resultones con Shaw salmodiando hacen mella. La atención se diluye, asoma el aburrimiento. Planea la sensación de que a las canciones les falta algo… O más bien les sobre. Sus EP’s tenían un sonido más crudo, más nueva-olero, mucho más lo-fi y fresco; había algo intangible que dotaba a las canciones de una garra y un alma que aquí no se materializa del todo. Quizás es la producción de John Parish, que hace de esta sucesión de riffs, de líneas de bajo, de la voz de Walsh, algo demasiado impecable, pulco. Quizás sea porque apenas se varía la rutina sonora; esa que se mostraba tan poderosa en los EP’s, pero que, en la larga duración, se revela ardua de seguir.

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